Antonio Sánchez García
Viernes, 6 de enero de 2012
¿Somos culpables los venezolanos del teniente coronel que nos
desgobierna, humilla y encarnece ante la faz del planeta?¿Nos merecemos
tener un presidente que es el hazmerreir de los medios y un pueblo de
indigentes mentales que constituye la vergüenza de las naciones
responsables? Provoca pedir perdón
Provoca pedir perdón. La única máquina diabólica fue aquella que nos
inoculó el golpismo y nos llevó a caer en la trampa de nuestra propia
regresión. Es el cáncer de la estulticia que llevamos en nuestros
corazones. Provoca pedir perdón. Venezuela se lo merece.
"Chávez se está dando más importancia de la que le concede Estados
Unidos. "El País, de España
Uno de los editorialistas de El País, de España,
posiblemente el periódico más influyente en lengua castellana, ha debido
desviar su atención de los graves problemas que acosan a la humanidad –
el hambre, la devastación ambiental, la primavera árabe, la crisis
económica global, los desastres telúricos, entre tantas y tantas
calamidades – para hacer un breve comentario acerca de una de entre las
miles de boutades paridas por la calenturienta mente de nuestro teniente
coronel. Venezuela, en efecto, colma los titulares de los principales
periódicos del planeta por otra ocurrencia más – esas aerofagias
intelectuales – de Hugo Rafael: el cáncer que afecta a cinco presidentes
y/o ex presidentes de nuestra caprichosa región podría haber sido
inducido por el imperialismo yanqui.
No es como para sentirnos orgullosos. Si es cierto que los
pueblos tienen los gobiernos que se merecen, entonces los venezolanos
nos merecemos ser gobernados por un teniente coronel chiflado, que no
desperdicia ocasión para soltar unos de esos flatos mentales que
provocan la hilaridad de gente seria y responsable que gobierna otras
naciones, pero que nos mete en el corral de gentes desaprensivas,
ignorantes, bárbaras y canibalescas, a las que les parece lo más normal
del mundo entregarse en cuerpo y alma a un charlatán de feria que se
exhibe montado sobre una tanqueta de fabricación rusa acusando a los
norteamericanos de inocular el cáncer. ¿Nos merecemos los venezolanos
ser catalogados de chimpancés a un paso de la regresión a los orígenes?
Dolorosa y muy cuestionable popularidad aquella de la que
disfruta el causante de nuestras peores desgracias. Viene a ocupar el
espacio vacío dejado por Jean Bédel Bokassa, Idí Amín Dadá, Gadaffi y
otros siniestros espantajos que han ensangrentado de crímenes,
baboserías, estupideces y otras muy censurables excrecencias el
escenario del ridículo político universal. Dictadorzuelos, sátrapas,
ladrones magisteriales, asesinos, entreguistas y lameculos monárquicos
que avergüenzan la historia humana.
Venezuela ha ingresado al muy dudoso y reprobable catálogo
de naciones payasescas, del que creíamos habernos escapado
definitivamente un glorioso 23 de enero de 1958. La gobierna un tropero
prepotente, venal, inescrupuloso y fanático que no tiene freno para
soltar los peores y más insólitos exabruptos sin que se le arrugue el
semblante. Perdonado y consentido por los países de su región, con el
concurso de otras abyectas naciones del planeta, porque chapotea sobre
un pantano de petróleo, con el que ha terminado aceitando a millones y
millones de sus conciudadanos, tan bárbaros, tan ignorantes, tan
analfabetas y desarrapados como él mismo.
¿Somos culpables los venezolanos del teniente coronel que
nos desgobierna, humilla y encarnece ante la faz del planeta? ¿Y de esa
masa amorfa e irresponsable que lo secunda y legitima? ¿Nos merecemos
tener un presidente que es el hazmerreir de los medios y un pueblo de
indigentes mentales que constituye la vergüenza de las naciones
responsables? ¿Debemos callar este oprobio que nos aflige a la
desesperada búsqueda de votos que nos permitan terminar desplazar a
quienes nos desgobiernan?
Provoca pedir perdón. La única máquina diabólica fue
aquella que nos inoculó el golpismo y nos llevó a caer en la trampa de
nuestra propia regresión. Es el cáncer de la estulticia que llevamos en
nuestros corazones. Provoca pedir perdón. Venezuela se lo merece.
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