Tuesday, November 15, 2011

Mientras otros despegan

Mientras otros despegan
Gustavo Roosen
Martes, 15 de noviembre de 2011

Los países que despegan han entendido el peso de la tecnología en la
productividad y en la competividad

Vemos cómo en Venezuela se acentúa la condición de dependencia del
petróleo, casi único producto de exportación, otros países escalan
posiciones en el Atlas de la Complejidad Económica, modelo creado por
economistas del Centro de Desarrollo Internacional de la Universidad de
Harvard y del Instituto Tecnológico de Massachusetts para predecir el
crecimiento de una nación y que mide los conocimientos y capacidades
productivas acumuladas en un país que le permitirán producir bienes con
un alto grado de sofisticación.

S i algo caracteriza el estado general de la economía venezolana en los
actuales momentos es una cierta condición de empantanamiento. No
construye el Gobierno, ocupado como está más en entorpecer la acción del
sector privado que en propiciar la generación de riqueza; tampoco el
sector privado en la medida en que quisiera y se espera de él, ocupado,
a su vez, en superar los obstáculos que el sector oficial levanta.

El clima de acusaciones y recriminaciones, reclamos y explicaciones es
apenas la manifestación verbal de un estado de cosas caracterizado por
la arbitrariedad cuando no la ilegalidad, la desconfianza, el incremento
asfixiante de los controles, las trabas para el ejercicio de la libertad
económica, la adopción de medidas dirigidas a perjudicar la empresa
privada y favorecer la estatal, la pérdida de dinamismo económico, la
escasa productividad o el fracaso de las empresas asumidas por el
Estado. Golpeadas la confianza y la seguridad jurídica, la economía no
puede sino resentirse y flaquear. A los bajos resultados del sector
público se une un buscado debilitamiento de la empresa privada y de las
instituciones llamadas a estimular la economía.

Sucede en prácticamente todos los sectores. Si es el agroindustrial, por
ejemplo, a la falta de condiciones base para la productividad (seguridad
física y jurídica, acceso a semillas, fertilizantes y agroquímicos a
precios razonables, vías de penetración, sistema de drenajes, etc.) se
añade el atropello, la ocupación, el ahogamiento de las iniciativas de
industrialización y comercialización. Para el Gobierno el control de
precios "forma parte de las políticas de intervención del Estado en la
economía para la transición hacia el socialismo", como gusta decir el
presidente Chávez.

Para el industrial, simplemente, impide que la agroindustria cuente con
una rentabilidad justa y compromete seriamente la viabilidad del sector.
Para el país, pérdida de confianza y de productividad, desestímulo de la
inversión, destrucción de oportunidades y puestos de trabajo,
desabastecimiento.

Mientras esto sucede entre nosotros, otros países de nuestra propia
región expanden sus mercados, firman tratados de libre comercio, revisan
su esquema productivo para atender mejor a su propia población e
insertarse como ganadores en el comercio mundial. Se unen en torno a
retos como el propuesto por el presidente Santos, en Colombia, que
convoca al país a transformar su oferta exportadora basada en costos
bajos por otra, con más futuro, construida sobre el conocimiento y la
innovación. Son países que han entendido la orientación y la dimensión
del cambio impulsado por las nuevas tecnologías y han hecho de la
economía basada en conocimiento una estrategia clave para su desarrollo
económico. Lejos de repetir el paradigma de una oferta exportadora sin
valor agregado, han optado por inversiones en educación, investigación,
desarrollo tecnológico e innovación.

Mientras, vemos cómo en Venezuela se acentúa la condición de dependencia
del petróleo, casi único producto de exportación, otros países escalan
posiciones en el Atlas de la Complejidad Económica, modelo creado por
economistas del Centro de Desarrollo Internacional de la Universidad de
Harvard y del Instituto Tecnológico de Massachusetts para predecir el
crecimiento de una nación y que mide los conocimientos y capacidades
productivas acumuladas en un país que le permitirán producir bienes con
un alto grado de sofisticación. Después de casi cinco años de
investigación el equipo de economistas coordinado por Ricardo Hausmann y
César Hidalgo concluye básicamente que un país es o será más rico cuanto
más conocimiento colectivo acumule en la producción de bienes. Venezuela
no figura en primera línea.

Los países que despegan han entendido el peso de la tecnología en la
productividad y en la competividad y han aceptado el reto de generar una
oferta exportadora basada en conocimientos. Al tiempo que construyen su
presente, planifican y se preparan con ilusión para el futuro. Muy lejos
de nuestro empantanamiento.

http://www.analitica.com/va/economia/opinion/2479784.asp

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