Monday, November 14, 2011

Los campesinos y el esbirro

Los campesinos y el esbirro
Milagros Socorro
Lunes, 14 de noviembre de 2011

Los militares estaban allí para impedir que los 400 caficultores
entraran a la capital. Y, como algunos rompieron el cerco y emprendieron
la marcha a pie, los volvieron a reprimir en las cercanías de
Miraflores. Venían a reclamar el ajuste de precio de su producto, que el
ministro de Agricultura y Tierras, Juan Carlos Loyo, les había prometido
para octubre. Y tampoco cumplió

El martes los campesinos que venían de lo más profundo del territorio en
dirección a Caracas con la ilusión de ser escuchados por el jefe de la
revolución fueron recibidos en la autopista Valle-Coche por agentes de
la Guardia Nacional, fuerza condenada a hacer el trabajo sucio de la
autocracia, que desplegó contra ellos un festín de peinillas, bombas
lacrimógenas y detonaciones de perdigones.

Los militares estaban allí para impedir que los 400 caficultores
entraran a la capital. Y, como algunos rompieron el cerco y emprendieron
la marcha a pie, los volvieron a reprimir en las cercanías de
Miraflores. Venían a reclamar el ajuste de precio de su producto, que el
ministro de Agricultura y Tierras, Juan Carlos Loyo, les había prometido
para octubre. Y tampoco cumplió.

Loyo es el antiguo militante de Acción Democrática y luego partidario de
la precandidatura de Miguelito Rodríguez, que, al convertirse en
ejecutor de los mandados de Elías Jaua, engañó a Franklin Brito y más
tarde se presentó en el Sur del Lago de Maracaibo, con una .45 al cinto
y vestido con una franela que tenía pintada la cara de Ernesto Guevara,
a arengar a los militares para que les arrebataran las tierras a los
productores venezolanos y dárselas a los rusos. No es más que el
funcionario que mandan a mentir, amenazar y humillar.

Al día siguiente, el Gobierno aprobó un alza de 60,6% en el precio del
café. Las reuniones y asambleas con Loyo no habían servido para nada.
Aún disuelta por los militares, la movilización de los campesinos forzó
al convaleciente a ocuparse de los caficultores y aumentar los precios
del grano en todas sus presentaciones (un incremento, por cierto, que
todavía es insuficiente).

El conflicto persistirá, sin duda, porque hay un serio problema de
fondo. Hasta hace diez años, Venezuela producía 1,8 millones de
quintales de café (un quintal tiene 46 kilogramos); como el consumo
interno era de alrededor de 1,4 millones de quintales, se exportaba la
diferencia. El consumo en Venezuela era de unos 3 kilogramos de café por
habitante al año, pero ha disminuido a 2,5 kilos por habitante/año,
porque las nuevas generaciones no son tan aficionadas al café.

El punto es que éramos un país más que autosuficiente, exportador de
café y el actual régimen lo ha reducido a la categoría de importador.

¿Cómo lo lograron? Con la revolución: invasiones de tierras, arrebatones
de unidades de producción, confiscación de Agroisleña, congelación de
precios y el aumento de las importaciones.

Arruinaron la producción de café, como también la de papa, leche y carne.

La cosecha de café empieza todos los años el 1º de octubre y se extiende
por 11 meses. En noviembre del año pasado, el Gobierno fijó en 747
bolívares el precio del quintal de café lavado fino para los
productores. Esos precios no solo no son rentables con el aumento de los
costos de producción, sino que los productores trabajan a pérdida.

Mientras, el régimen ha preferido traer café de Brasil y Nicaragua,
donde se paga más de 1.500 bolívares el quintal: sí, los cafetaleros de
otros países obtienen el doble que los venezolanos.

En Venezuela no hay grandes productores de café, sino 50.000 familias
campesinas que labran entre 1 y 5 hectáreas ubicadas en Portuguesa,
Táchira, Mérida, Lara y la Sierra de Perijá, Zulia.

Hasta el día en que los cafetaleros se hartaron de las trapacerías de
Loyo y se vinieron a Caracas a buscar a su jefe, el café expendido en
abastos estaba regulado en 23,88 bolívares el kilogramo. Y,
naturalmente, no se conseguía...excepto con los buhoneros, a 60 bolívares.

A los torrefactores les costaba 27.60 bolívares el kilo de café ya
empacado y la revolución los obligaba a venderlo en 22 bolívares.
Perdían, pues, un fuerte por cada kilo. Mientras esto ocurría en
Venezuela, en Colombia el quintal cuesta más de 1.600 bolívares. Desde
luego, el café venezolano se fue por los caminos verdes para ser vendido
en Colombia a precios internacionales.

Por eso no hay café en los tiempos de Chávez. Porque la revolución
perpetró la merma de la producción.

No hay café en volumen suficiente para abastecer el mercado interno,
cuya demanda en la actualidad es de 1,6 millones de quintales y apenas
producimos 700.000 quintales.

http://www.analitica.com/va/politica/opinion/6793141.asp

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