Juan Antonio Muller
Jueves, 17 de noviembre de 2011
El gobierno revolucionario ha adelantado una campaña política en contra
del pasado cuyo lema "no volverán" representa su aborrecimiento y odio
hacia todo lo que discrepe de la buscada sumisión
El pasado sin embargo nos brinda una riqueza de discusiones, debates y
consensos, a partir de la muerte de Gómez dignos de ser recordados.
La Ley del Trabajo de 1936, fue el resultado de la labor de expertos en
legislación laboral apoyados por asesores de la OIT que abrió el camino
al reconocimiento de justas reivindicaciones de los trabajadores
venezolanos.
La Ley de Hidrocarburos de 1943 fue sometida al escrutinio de críticos y
defensores en medios radiales y escritos, terminando de ser aprobada por
el Congreso Nacional después de prolongados debates. Su impacto en el
desarrollo y auge de la industria petrolera se extendió por cerca de 30
años.
La Ley de Reversión de la Industria Petrolera y su posterior
Nacionalización en 1975 fueron discutidas con amplitud en el seno de
universidades y academias, de gremios profesionales, empresariales y
sindicales, de instituciones como la Iglesia y las FFAA que aportaron
valiosas ideas para su enriquecimiento y posterior aprobación por las
Cámaras Legislativas.
El socialismo autoritario pretende ignorar la historia. Hace unos días
el presidente anunció en medio de una asamblea de trabajadores
oficialistas la aprobación de una nueva Ley Orgánica del Trabajo. Tanto
el evento divisionista de la clase trabajadora como el anuncio de
carácter populista despedían un fuerte olor a sectarismo. Es típico de
las revoluciones no consultar ni discutir sino imponer.
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