Fausto Masó
Domingo, 13 de noviembre de 2011
Anuncia que presentará una nueva Ley del Trabajo dentro de ¡seis meses!,
pide realizar un debate sobre los préstamos chinos a Venezuela, en el
peor momento, cuando Brasil, Argentina, Chile, evitaron reproducir la
relación de una metrópoli con una colonia en su intercambio con China,
según el cual la primera le vende a sus súbditos productos terminados y
le compra materias primas..
Con la enfermedad y las primarias, Chávez ya no impone los temas del
debate político.
Anuncia que presentará una nueva Ley del Trabajo dentro de ¡seis meses!,
pide realizar un debate sobre los préstamos chinos a Venezuela, en el
peor momento, cuando Brasil, Argentina, Chile, evitaron reproducir la
relación de una metrópoli con una colonia en su intercambio con China,
según el cual la primera le vende a sus súbditos productos terminados y
le compra materias primas. En Venezuela cierran las empresas, hay un
proceso de desindustrialización, encabezado por el desastre de la CVG.
Venezuela candorosamente imaginó en China un aliado contra Estados
Unidos, pero los chinos no ven el mundo con anteojos ideológicos, no
quieren propagar ningún modelo, sino aprovechar las ventajas comerciales
de la credulidad venezolana.
En abril Dilma Rousseff, en su visita oficial a China, dijo que Brasil
rechaza cualquier relación colonial y logró venderle a China 35 aviones
comerciales Embraer y firmar el compromiso de establecer "una fábrica de
trenes, de manera que, además de la exportación, China transfiera
tecnología y facilite la generación de empleo local". Venezuela firma
acuerdos semejantes, pero produce sólo petróleo; la producción de Sidor
cayó a la mitad de lo que era en tiempos de Techint; lo mismo ocurre en
las cementeras y plantas de aluminio. Lula y Dilma Rousseff utilizan un
poderoso sector privado como palanca del desarrollo, Brasil cuenta con
verdaderas multinacionales, Venezuela con discursos; el empleo lo
proporciona la empresa privada, sindicatos independientes defienden los
intereses de los trabajadores, mientras el Estado se dedica a planes
sociales, similares a algunos venezolanos, pero consistentes y asociados
a una mejora de la educación Chávez, al colocar contra la pared a la
Polar u otras empresas, no defiende al pueblo, lo deja sin empleo. En
Brasil tienen decenas de empresas como la Polar, y los más débiles, los
trabajadores, tienen sus sindicatos. Chávez llama a la oposición
escoria, preside una revolución charlatana que persigue los sindicatos.
La mala suerte también acompaña a Chávez, el secuestro de Wilson Ramos y
los anuncios de la ministra Iris Varela demuestran lo demencial de una
política en la cual la ideología se impone al sentido común: los presos
se apoderan de las cárceles, imponen que los liberen; la policía
abandona sus funciones; en la calle no hay razones para no matar,
secuestrar o robar. En Brasil persiguen a las mafias de las favelas por
el mundo entero, recuperan partes de las ciudades que habían estado en
manos del hampa. En Venezuela oímos discursos y más discursos.
Esta charlatanería y la retahíla de leyes acabarán con las viviendas en
alquiler, aumentarán el desempleo. ¿Está en condiciones de gobernar el
Presidente? Esta pregunta es un tema político legítimo. Hasta ahora
logró con llamadas telefónicas a programas del canal 8 y presentaciones
controladas en vivo y en directo fingir que gobernaba a tiempo completo,
pero como está perdiendo el control de la agenda pública, nos amenaza
con una posible ley de trabajo que se promulgará en seis meses.
Patadas de ahogado. Las encuestas que se hagan en marzo, cuando ya la
oposición unida presente un candidato, electo en unas primarias, le
restarán diez puntos a Chávez a favor del candidato de la MUD. Ese es el
temor oficial.
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