Thursday, November 17, 2011

El autoritarismo y el debate

El autoritarismo y el debate
Leandro Area
Jueves, 17 de noviembre de 2011

El autoritarismo es antípoda del debate; su negación. Duerme enquistado
en lo más oscuro de las sociedades y de los individuos. Se recrea,
bosteza y despierta en los escenarios más débiles, por tanto enfermizos,
proclives a la milagrosería de los peores. Nace en la pobreza, de la
injusticia, la exclusión, y se escuda y multiplica en ellas pues son su
mayor guarida y bastión. El mejor de los clientes para un dictador es
otro dictador en ciernes

No resulta sorpresivo escuchar a Chávez insultar a los precandidatos de
la oposición democrática venezolana antes, durante y después de su
reciente debate público: "ellos son la fatalidad, son como jinetes del
Apocalipsis". Con soberano demócrata no necesitamos dictadores.


El autoritarismo es antípoda del debate; su negación. Duerme enquistado
en lo más oscuro de las sociedades y de los individuos. Se recrea,
bosteza y despierta en los escenarios más débiles, por tanto enfermizos,
proclives a la milagrosería de los peores. Nace en la pobreza, de la
injusticia, la exclusión, y se escuda y multiplica en ellas pues son su
mayor guarida y bastión. El mejor de los clientes para un dictador es
otro dictador en ciernes que se conforma con ser esclavo mientras
tanto. Se necesitan y requieren como el látigo, la bestia y la jaula.

La indiferencia y la burla son otras de sus tenazas; las multiplica en
lenguaje redentor y desaforado ya que no hay diálogo posible con los
culpables, ¿de qué?, que deberían ir al campo de concentración, a la
mazmorra, paredón o cualquier otra forma de destierro por ser
responsables de que ellos hayan aparecido, imagino querrá decir la
interrogante.

En su naturaleza priva el cierre de los conductos sociales por medio de
los cuales se logran la libertad, el bien común, la justicia. Depende de
la arterioesclerosis que impone a través de su armazón lingüístico,
simbólico, emotivo, incendiario todo, que compra voluntades y
conciencias. Por ello se despilfarra en el ataque artero de
descalificación sin argumentos pues no es dialogar lo que busca. Aquello
que no controla por fuerza o pago, es mecedor de desprecio.

Está ganado por el dogmatismo paralizador que aspira a la eternidad, por
cuanto se cree poseedor de la verdad, lo que le da un empuje validador y
justificante al ejercicio de su poder impune. Despaturra a priori las
ideas de los demás pues en su diccionario no caben las palabras, ya que
no se trata de discurrir sino de dominar. Goza de contertulios y
asociados entre los que destacan locos ideológicos, infames políticos y
viles mercenarios prepagados. No es compartir el interés de esta
familia, sino más bien consolidarse en el botín para lo cual nada mejor
que repartir migajas. El autoritarismo siempre se ha revestido de
libertario y alcanza niveles de popularidad astronómicos e
incomprensibles, a no ser que tomemos en cuenta la falta de educación
que obnubila el sentido común político; la carencia de autoestima
personal y ciudadana que permiten el oprobio de indigentes sociales en
lo que quieren convertirnos; o las incógnitas que dejan aquellos casos
particulares como los que observamos en ciertas sociedades con altos
grados de desarrollo humano.

Al autoritarismo y a los autoritarios sólo los convence su propia ley
que es la de la fuerza que debe ser, en nuestro caso, el poder del voto
ciudadano. Arreciemos nosotros en el debate democrático con todos,
bronco y frondoso camino de la dignidad.

leandro.area@gmail.com

http://www.analitica.com/va/politica/opinion/9950117.asp

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