Monday, November 14, 2011

¿Con quién se habla en el socialismo?

¿Con quién se habla en el socialismo?
MIGUEL BAHACHILLE M. | EL UNIVERSAL
lunes 14 de noviembre de 2011 12:00 AM

El ciudadano de hoy se siente indefenso ante un Estado carente de obras,
privado de ideas y abundante en charlatanerías. La cháchara es un
inagotable recurso de evasión utilizado por los autócratas para ocultar
sus insuficiencias. El vecino neutral, por su parte, tiende a exonerarse
de toda responsabilidad mientras espera que alguien le revele la senda
adecuada. Nos quejamos de la ineptitud oficial mientras nos vitoreamos
de no ser responsables de nada.

En el gobierno del pueblo escasea la asistencia social mientras la voz
del amo truena como arbitrio inapelable. Contrario a lo que predica
Marcuse, que en la sociedad de la abundancia reina la abundancia de la
discusión, en la Venezuela pródiga las críticas y las protestas no
equivalen a discusión. Observamos cómo se dan a diario de manera
simultánea abundancia de alborotos y ausencia de justicia. Son pocos los
burócratas capaces de llevar a cabo una discusión con el lenguaje y la
aptitud necesaria para debatir cuerdamente con una comunidad.

Discutir (discutere) quiere decir cortar, hender, quebrar, y a través
del debate distinguir lo justo de lo injusto, lo bueno de lo malo.
¿Dónde se debate? Chávez, acorde con su talante soldadesco, no aprendió
a lidiar con los conflictos sino a mandar tal como lo hacía en el
cuartel y lo hace ahora desde el Palacio de Miraflores. Al pueblo, ante
la ausencia de debates eficaces, no le queda más providencia que actuar
acorde con sus prejuicios acrecentándose así los conflictos más
estridentes. Basta recorrer el país para notar un sustancial número de
protestas callejeras coreadas con sensatos petitorios.

La masas oprimidas, ante la falta de discusión objetiva, convencidas que
les asiste el derecho natural a la resistencia, recurren a artilugios
violentos en la misma medida que los dispositivos legales se hacen
ineficientes. La invasión de inmuebles, la toma de hoteles privados,
entre muchos, son actos arbitrarios que encajan en el arquetipo de
gobierno instituido desde hace 13 años. El orden legal no puede ser
acatado si es sobrepasado por el caos.

Al Presidente se le ha hecho muy tarde para anunciar códigos de
protección para los pobres sobre todo cuando han sido cruelmente
falseados a lo largo de 13 años. Parte de los maltratados han caído en
la eterna resignación negándose a si mismos cualquier plan de
integración social. La paz y el orden que ensaya, por decreto, desde
cómodas poltronas y transmitidos por los cuantiosos medios que controla,
son infructuosos si no se conducen mediante un sistema educativo que
propicie el ascenso social.

La justicia absoluta es mera ficción si no viene acompañada de equidad
social. Quien examine las revueltas que a diario estallan en el país
verá que los que protestan, destrozan algún bien público, o trancan
alguna vía y ocasionalmente atacan a otras personas, nada tienen contra
el sistema aunque así lo señalen sus consignas. Las revueltas van contra
la ineficacia gubernativa y las relaciones de poder que obstruyen la
participación efectiva.

Los adulones que públicamente se desgarran la ropa para exhibirse como
revolucionarios, realmente no creen en la revolución; no son más que los
habituales pescadores de patrocinios que rondan el poder procurando sus
mieses. Revolución significa sustitución de las estructuras sociales
dominantes por otras. Ciertamente en Venezuela algo cambió. Ascendió una
casta inútil y ambiciosa que pervirtió el orden histórico tradicional a
costa de la pauperización del pueblo.

El mismo Marx y muchos de sus adeptos aseveran que las estructuras
sociales siempre se reproducen a sí mismas. En otras palabras, que debe
existir una ruptura total con todo lo anterior. Sin embargo 13 años en
el poder, con la asesoría de Fidel, reflejan el fracaso de una
pseudo-revolución rechazada por el 90% de los venezolanos. Incluso si
tal supuesto lograra imponerse se volvería, como ocurrió en la Unión
Soviética y sucede hoy en Cuba, a las estructuras sociales conocidas
reproducidas a sí mismas dejando en la obsolescencia el cambio ideado
por un iluso.

Así pues, los candidatos de la MUD deben vigorizar sus convicciones
superiores, relegar las nimiedades, y asumir el proyecto restaurador de
las instituciones menguadas por una utopía demoledora.

miguelbm@movistar.net.ve

http://www.eluniversal.com/opinion/111114/con-quien-se-habla-en-el-socialismo

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