Manuel Malaver
Lunes, 14 de noviembre de 2011
De las manías que le quedan a Chávez aún después del cambiazo que ha
experimentado el mundo y América latina en los últimos 2 años, sin duda
que la más persistente es esa de "tomar por asalto" los titulares de los
medios cuando menos se espera, y soñar, aunque sea por algunos
instantes, que todavía es protagonista en los sucesos mundiales y
continentales, cuando apenas a lo que alcanza es a ser un triste y
lamentable actor secundario o de reparto.
Recordaría a este respecto, a aquel 10 de agosto del 2000 cuando violó
una resolución de la ONU yendo a visitar a Saddam Hussein en Bagdad, o
uno más reciente, del 5 de febrero del 2008, declarando que "Venezuela
no limitaba en su frontera occidental con Colombia sino con las FARC",
o, de más acá todavía, las veces que movilizó batallones para invadir
el hermano país, o dirigió desde un estudio de televisión en Caracas una
operación "multinacional" para liberar al depuesto presidente de
Honduras, Manuel Zelaya, para reinstalarlo en el poder.
Sucesos todos que se encontraba uno siempre en los medios, sea que
estuviera en Nueva York, Paris, Roma, Moscú, Beijing, Calcuta o Katmandú.
Creo, sin embargo, que lo que más le dio "pegada mediática" a Chávez en
los pasados 13 años y le procuró no alejarse ni siquiera por días de los
espacios impresos, radiales y televisivos, fue proclamarse restaurador
del comunismo stalinista y castrista que había quedado enterrado bajo
los escombros del Muro de Berlín, y aliarse con uno de sus dos
supervivientes, Fidel Castro, (el otro es Kim Jong-ill, de Corea del
Norte) para llevar a cabo tan siniestra hazaña.
¡Y miren si anduvo lejos!...creando una alianza con otros líderes de
países de Centro y Sudamérica que copiaron sus recetas, llegaron al
poder a través de elecciones donde arrasaron con el voto popular, y se
propusieron recrear la "Guerra Fría" fundando una entente para destruir
al capitalismo, al imperialismo y a los Estados Unidos, y en la cual
Chávez, y los petrodólares venezolanos, recrearían el papel que antes
jugaron los nuevos zares y los rublos soviéticos.
De este conato surgió un aparato que aun sobrevive, el ALBA, alianza que
intentó fundir el Comecón con el Pacto de Varsovia, integrado por Cuba,
Nicaragua, Venezuela, Ecuador y Bolivia, pero que ha sufrido los
vaivenes de los precios del crudo, y por tanto, cada vez es más una
entelequia.
¿Aliados? Los tenía a montones, con el populismo en auge en América
latina, más de la mitad de los países europeos gobernados por partidos
socialdemócratas en pleno auge del "Welfare State", Estados Unidos
volando a izquierdizarse con el ascenso a la presidencia de Barack Obama
y el Medio Oriente dominado por sátrapas, dictadores al margen de la ley
y vitalicios que no vacilaban en prestarle su apoyo a este hermano de
América latina que en más de una oportunidad se confesó "musulmán".
Hoy, de estas fantasías queda poco o nada, con el ensayo socialista y
comunista restaurador naufragando en naciones cuyos pueblos luchan por
el regreso a la libertad, la democracia y el estado de derecho; los
países de Europa regresando a ser gobernados por los partidos
conservadores, Estados Unidos esperando por un presidente republicano y
las satrapías del Medio Oriente en franco colapso, con la democracia
instalándose en Túnez, Libia, Egipto, a punto de instalarse en Siria y
Yemen, y definitivamente consolidada en Irak y Líbano.
En otras palabras: que ya las fronteras occidentales de Venezuela no
limitan con las FARC sino con el gobierno de Juan Manuel Santos, que,
como ministro de Defensa del gobierno de Álvaro Uribe, logró que las
FARC y el ELN se encuentren al borde de la extinción, y Colombia con una
economía abierta y competitiva y un "Tratado de Libre Comercio" con los
Estados Unidos, vuele a convertirse en uno de los país de mejor
desempeño económico de la región.
El Perú, que durante 10 años se deslastró de populismo e izquierdismo
gracias a la gestión de presidentes como Alejandro Toledo y Alán García,
y es hoy una democracia estable y de crecimiento sostenido y
sustentable, y que a pesar de haber elegido para la presidencia a un
exaliado de Chávez, Ollanta Humala, sigue hacia delante porque sus
instituciones democráticas y la voluntad popular no permiten cambios en
el modelo.
Chile, liderando con Brasil y Uruguay las estadísticas económicas,
sociales y de desarrollo humano de la subregión, y Argentina, que con un
nuevo período presidencial de la presidenta, Cristina de Krichner,
parece que introducirá cambios en su modelo para recuperar los 10 años
que perdió tras las fantasías del populismo y el socialismo.
O sea, que del sueño, o de la pesadilla, que nació hace 13 años, solo
queda Chávez, con Venezuela con la más alta inflación del mundo
occidental, crecimiento económico casi cero, desabastecimiento,
destrucción de su infraestructura física, sus servicios públicos casi
inexistentes, una inseguridad personal que hace estragos en todas las
clases y estratos de la población, y la corrupción, la incompetencia, la
improvisación y el voluntarismo típicos del socialismo reduciendo las
expectativas y el futuro de los venezolanos poco menos que a nada.
Ah, porque se me olvidaba decirles que Chávez sigue siendo socialista, y
abrigando la fantasía de que nació con la misión histórica o divina de
destruir la democracia, el capitalismo, el imperialismo y los Estados
Unidos, de que tal reto lo cumple a cabalidad y con más eficacia que
Lenin, Stalin, Mao y Fidel Castro y que un día, cuando menos se piense,
la humanidad amanecerá "roja rojita", realizando el reino de Dios en la
tierra y conducida por este supermán o superhéroe nacido en Sabaneta de
Barinas.
Otra cosa: el hombre sigue enamorado, fascinado, con los titulares de
las primeras páginas de los medios impresos, o con los que abren los
noticieros de la radio o la televisión, y si no hay un motivo real para
que así sea (como sucedió a raíz de habérsele diagnosticado en junio
pasado un cáncer de pélvis), entonces los inventa, o lo que es peor,
desvía sucesos, o da versiones trucadas, para que los lectores, la radio
o teleaudiencia sigan pensando que Chávez "está en algo".
Tal ocurrió, por ejemplo, hace 3 días, cuando anunció en una de sus
habituales cadenas de radio y televisión que unidades de la Armada
habían detectado en aguas territoriales venezolanas "un submarino
nuclear norteamericano", con intenciones no confesas, y que en cuanto
avistó las unidades de "nuestra armada" salió en volandas.
O sea que, sin aportar pruebas, sin hacer las comunicaciones de
protocolo que tales situaciones aconsejan entre países civilizados, sin
dirigirse a su contraparte y pedirle explicaciones, el
comandante-presidente tira el ¡BOMBAZO!, sugiere que el país, con él a
la cabeza, podrían en cuestión de días verse envueltos en un conflicto
nuclear, y todo porque sin "Socialismo del Siglo XXI", sin aliados como
los dictadores del Medio Oriente, con los países europeos en manos de
gobierno conservadores y Estados Unidos regresando a un presidente
republicano, con la democracia y el capitalismo imponiéndose en América
latina y Raúl Castro recibiendo alborozado la visita del Papa, Benedicto
XVI a Cuba, él, Hugo Chávez, el heredero de Lenin, Stalin, Mao y
Fidel…!sigue siendo un peligro!.
Pero nada que despertara la atención de los medios impresos
internacionales más allá de un titular para una col, o en los
noticieros radioléctricos para una mención de rutina en el último negro,
o sea, aquel que solo llega a las pantallas cuando las dos terceras
partes de la teleaudiencia ha apagado el televisor o cambió de canal.
O sea que, más bien su denuncia ha servido para reanimar la atención en
otro tipo de submarino que llevan cinco años apareciendo en las costas
de la región, y a los cuales, extrañamente, Chávez y sus ministros,
nunca se han referido: los submarinos del narcotráfico, vehículos
sumergibles construidos por ingenieros importados desde Rusia para los
carteles colombianos de la droga, extraordinariamente eficientes y con
los que burlan la vigilancia costera y terrestre antinarcóticas del
continente y continúan inundando de cocaína y heroína a Brasil, Ecuador,
Honduras, México y Estados Unidos.
Hay unidades de estos artefactos encalladas en Puerto San Lorenzo en
Ecuador, en Buenaventura, Colombia, Puerto Castilla en el Pacífico
hondureño y en la base de Truman Annex, Key West, Estados Unidos, y
donde Chávez, y los organismos antidrogas de Venezuela se enterarían que
estos son los submarinos que navegan por aguas continentales y no los
del gobierno de los Estados Unidos.
Pero la lucha contra el narcotráfico y sus resultados son un misterio en
la República Bolivariana de Venezuela, y si no, que lo digan los
tripulantes de la narcoavioneta que salió el 12 de agosto pasado con
1500 kilos de cocaína del aeropuerto de La Carlota en Caracas rumbo a
Cabo San Román en Falcón, los 460 que se detectaron el 11 de octubre en
un buque que salía del muelle de Ferrominera en Puerto Ordaz para
Francia, y Walid Mackled, el presunto narcotraficante extraditado de
Colombia para que contara sus relaciones con altos funcionarios del
gobierno bolivariano, y fue enterrado en una cárcel de donde no se ha
vuelto a saber si vive o muere.
El narcotráfico, Mackled, y los submarinos del narcotráfico…he aquí
titulares de primera en los que a Chávez no le gusta aparecer.
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