El Flaquito con cara de Presidente
Eduardo Casanova
Lunes, 11 de junio de 2012
Ciertamente, parecería que la Democracia, con "D" mayúscula, ha
encontrado en Henrique Capriles Radonski y en los hombres y mujeres –muy
especialmente los jóvenes– de la Mesa de la Unidad Democrática, el
material humano necesario para recuperarse, volver por sus fueros y
garantizar que nunca más volverán los militaristas y fascistoides.
Mi amigo de infancia, de los tiempos de aprender, de buscar, de
descubrir el rostro del mundo, Chuo Ortoll, me manda por correo
electrónico un mensaje titulado "Flaquito con cara de Presidente", cuyo
texto es el siguiente: "El mensaje que hay que transmitir con
efectividad para asegurar el próximo triunfo electoral tiene que estar
dirigido a nuestro pueblo llano. Así lo está haciendo magistralmente
Henrique en su campaña casa por casa, corazón a corazón. Lo de 'flaquito
tienes cara de Presidente' le llegó al corazón del pueblo, de ese pueblo
que puso sus justas esperanzas en Chávez, ese pueblo que durante los
Gobiernos que vinieron después de Betancourt y Leoni y quizá, un poco,
el primer gobierno de Caldera, fue excluido y olvidado. (…) Chávez no
llegó a Miraflores por casualidad, y lo que me entusiasma de Capriles es
que con él y su joven equipo se está rescatando no la ideología sino el
idealismo en nuestra política, que a partir del 7 de octubre se
escribirá con P mayúscula."
Ciertamente, parecería que la Democracia, con "D" mayúscula, ha
encontrado en Henrique Capriles Radonski y en los hombres y mujeres –muy
especialmente los jóvenes– de la Mesa de la Unidad Democrática, el
material humano necesario para recuperarse, volver por sus fueros y
garantizar que nunca más volverán los militaristas y fascistoides que,
gracias a la poca solidez de los que manejaron los partidos democráticos
en las últimas dos décadas del siglo XX, lograron, casi gratis, lo que
los extremistas de derecha e izquierda no consiguieron durante los
gobiernos de Betancourt y Leoni. La inmensa manifestación, la multitud
incontable, el entusiasmo, la fe que acompañó al candidato en su
inscripción como tal, y la falta de vida de su contrincante, sumada a
los efectos de la incompetencia y la deshonestidad de los chavistas,
anuncian la recuperación absoluta del sistema democrático. Simplemente,
un pueblo firme, un pueblo sano, pudo resistir los embates del
oscurantismo y defender la soberanía popular que estaba amenazada por el
militarismo. Lo cierto, lo indiscutible, es que Henrique Capriles
Radonski, el Flaquito, ya tiene cara de Presidente.
uno@eduardocasanova.com
http://www.analitica.com/va/politica/opinion/5228179.asp
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