Tuesday, November 15, 2011

La muerte del arrendamiento de viviendas

La muerte del arrendamiento de viviendas
HERBERT HUDDE | EL UNIVERSAL
martes 15 de noviembre de 2011 12:00 AM

Las lumbreras chavistas, para variar, la volvieron a poner, porque le
han asestado la puntilla al alquiler de viviendas con la nueva Ley de
Arrendamientos Inmobiliarios. Esta vez fueron los iluminados de la AN,
comandados por el experto mundial (con varios PHDs en el tema) Diosdado
Cabello.

Aunque las lumbreras sigan insistiendo en que nada es una mercancía,
sino que todo es un derecho, el arrendamiento inmobiliario funciona, y
funcionará eternamente (como todo) como un mercado cualquiera (aunque
pueda ser con todas las imperfecciones y trácalas que los controles
gubernamentales excesivos y absurdos le generan a cualquier mercado); es
decir, funciona con una oferta, una demanda, y unos precios. Los
últimos, en este caso por supuesto distorsionados por dichos controles.

En todo mercado hay los tres elementos fundamentales mencionados:
oferta, demanda y precio. En nuestro mercado, ¿quiénes son la oferta y
la demanda, y cuál es el nivel de los precios? La oferta la constituyen
los poseedores de viviendas desocupadas que están dispuestos a
alquilarlas por un estipendio: los propietarios o arrendadores. La
demanda la conforman aquellos que necesitan una vivienda en x sitio por
un determinado tiempo (aunque este pueda ser muy largo): los
arrendatarios o inquilinos. Y el nivel de precios es el monto que
alcanzan los cánones de alquiler, que son producto de la interacción de
la oferta y la demanda, y por supuesto, en este caso, también de las
regulaciones del Gobierno. Cuando dichas regulaciones son razonables,
oferta y demanda son los principales determinantes del precio. Cuando
hay exceso de regulaciones, y estas imponen precios ridículamente bajos,
normalmente coexisten los precios regulados con otros bastante altos que
se pagan bajo cuerda.

¿Cómo surgen los inquilinos? Muy sencillo: por x circunstancia, una
persona o familia necesita una pieza o una vivienda por un tiempo en
cierta zona, y no quiere, o simplemente no puede, comprarla. Pues
requiere de alguien que se la pueda y quiera alquilar. Las causas de la
necesidad de la vivienda pueden ser múltiples; los lectores no necesitan
que se las explique.

¿Cómo surgen los arrendadores? Supongamos que a Pedro, en cierto período
le entró más dinero del que gastó, y el sobrante, que le alcanza para
construir un cuarto más en el techo de su casa, lo tiene bajo el
colchón. Estudia cómo invertir ese dinero de la forma más productiva, a
lo cual tiene todo el derecho. Va a los bancos, y supóngase que le
ofrecen el 7% anual. Averigua que si construye el cuarto, este le
reportará un alquiler que significa el 13% de su costo, que es el dinero
que le sobró. Entonces Pedro (no considerando por el momento otros
factores), construye el cuarto y se transforma en un propietario
arrendador, simplemente porque el cuarto le ofrece la posibilidad de
obtener un 13% anual, y el banco solo le da el 7%. Extremadamente
sencillo. Igual sucede a otros niveles (los que construyen o compran
apartamentos, casas o incluso, edificios, para alquilarlos).

Ahora, con la nueva ley, ¿qué va a pasar? Bueno, como las lumbreras van
a hacer un avalúo que va a estar si acaso por el orden de la tercera
parte del valor real de la vivienda (ya hay experiencias en la materia,
con los avalúos que hacía la Dirección de Inquilinato, y con esta gente
eso va a ser peor), pero digamos la mitad, y el canon no va a poder
exceder del 5% de dicho avalúo, pues el ingreso por el alquiler va a ser
inferior al 2,5% anual del valor real de la vivienda, cuando los bancos
están dando un 12,5% en cuentas de ahorro. Entonces, no hay que ser un
Einstein para darse cuenta de que solo Bobolongo va a construir un
cuarto, o va a comprar o construir una vivienda, para alquilarla, e
impepinablemente van a desaparecer los arrendadores de viviendas (la
oferta), y como no puede haber un mercado sin oferta, pues no existirá
ese mercado. Y eso sin tomar en cuenta otros factores, como el que
cuando uno quiera que le desocupen una vivienda que tiene alquilada, va
a tener que esperar de aquí a la eternidad, y pare usted de contar. Así
que el alquiler va a morir. Tan simple como eso.

Ustedes se preguntarán ¿Y qué van a hacer las miles, o millones, de
personas que necesiten un cuarto o una vivienda en alquiler para vivir
por cierto tiempo? Pues pregúntenle a las lumbreras; ellos tienen
brillantes respuestas para todo, como ya hemos podido constatar en este
floreciente país donde, como dijo Clinton, todo está chévere.

En próximo artículo, me referiré a otra lumbrerada: el avalúo para los
arrendamientos, según la nueva ley.


herbert_hudde@yahoo.es

http://www.eluniversal.com/opinion/111115/la-muerte-del-arrendamiento-de-viviendas

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