Max Römer Pieretti
Sábado, 12 de noviembre de 2011
Las acciones estratégicas del comandante colorado siguen sin dejar de
sorprender. Ya en 2001 el pueblo protestó, y bastante, contra la
intervención del gobierno en la educación. Bastaron 10 años para que el
texto único escolar se convirtiera en una realidad que lleva al
pensamiento único
La reciente decisión de hacer que los estudiantes de los colegios en
Venezuela lean solamente los libros editados por el gobierno del
presidente Chávez, es la vía más expedita para que el disenso deje de
existir en las aulas. Se acabaron los debates, las manos alzadas para
decirle a los compañeros de clase lo que también leí en el otro libro,
las posibilidades de ver otros ejercicios y formas de ver. Se acabaron
los esfuerzos de profesores por escribir textos escolares y, las
editoriales que vayan a la quiebra, total, al comandante lo que le
interesa es que la gente le siga a pesar del hambre y el desempleo. Vea
que los niños limpios y en uniforme se ven muy bonitos al lado del
comandante en las fotos y si los libros son iguales, mejor, que así la
foto queda más linda.
Los autócratas necesitan del pensamiento único. Es la forma de manejar
los hilos del poder hacia el pueblo. Si el dictador dice algo, que los
demás lo copien con letra clara y bonita, lo repitan como loritos
amaestrados, porque… ¡Ay de aquel que no lo haga así! ¡Mire que se
convierte en el tuerto del país de los ciegos! Y el único ojo que puede
quedar en un país así es el del que manda más. En los derechos humanos
la libertad de pensamiento está unida a la de expresión, a la de
información, a la de prensa, a la de opinión, así que en el pensamiento
retorcido y sin hilvanar del presidente rojo sale esta ecuación: libro
único + contenidos aprobados desde mi despacho + discursos por
televisión y radio = patria libre para seguir cometiendo fechorías.
Esa ecuación de poder al mejor estilo de Mao funciona, señor Chávez, un
ratico, ese que usted sabe le queda en la silla, porque en cuanto
espabile alguno que venga con su baúl con un par de libros diferentes,
estos circularán de mano en mano envueltos en papel de estraza –porque
de periódico pronto no dejará usted que se haga, so pena de convertirse
en quien lo porte en traidor a la patria- llevarán la cultura al
pueblo, dejarán la vista clara, pondrán en perspectiva al mundo, darán
luces a quienes se quieran ilustrar.
Déjese de democracias de cuaderno y aplique las promesas televisuales
que ha hecho. Déjese de señalar con el dedo y ponga a trabajar a las
empresas que ha expropiado. Déjese de cerrar medios de comunicación y
permita el flujo de información. Déjese de tapar el sol con un dedo y
combata la inseguridad. ¡Claro! Ya recordamos por qué es que no lo hace.
Porque necesita a un pueblo ignorante y sumiso, que se conforme con un
cuenco de comida al día, que no trabaje por lo suyo sino que le deba la
vida, que le deba el caminar y la respiración.
Que por una escudilla de arroz vista su camiseta rojita, vocee en las
calles su nombre, lo enaltezca en el poder y le permita lucir esa mirada
única en ese país de ciegos que está creando desde 1999 cuando en aquel
febrero fatídico juró acabar con lo que había y darle vida a un proyecto
revolucionario que no ha sido más que hambre, desempleo y permisividad a
todo aquel que le sea leal.
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