Enrique Pereira
Viernes, 11 de noviembre de 2011
Mientras el país se nos viene abajo, Chávez nos avisó que un submarino
nuclear merodeaba en nuestras aguas el pasado martes y se les escapó
cuando nuestros ejércitos acuáticos lo persiguieron
No queda dinero ni café, no sobran votos, hay poca salud, se le escapó
el submarino.
El acto de toma de posesión de la Central Obrera Socialista Bolivariana,
que dice ser el sindicato de los sindicatos, daba pena ajena. Los
sindicalistas le ofrecen un ejército de trabajadores al patrono. Hay que
tener esféricas para darle credibilidad a esa representación vacía, que
dice defender los derechos de los trabajadores ante un gobierno que no
ha hecho otra cosa que desconocer sus derechos. Las protestas laborales
crecen todos los días y Chávez-quien se mienta obrerista- desconoce los
derechos de discusión de los contratos laborales vencidos. Los
trabajadores del otro lado de la baranda observaron con asombro ese
bodrio. Tamaña patraña
Los educadores jubilados no han cobrado su nomina este mes Dinero no
sobra en las arcas del estado, que de un momento a otro emitirá más
bonos para seguir usando el futuro de nuestra patria en su incontrolable
gasto, que no nos lleva a ningún lugar. El Gobierno asoma ahora pagos
con bonos petroleros y un fondo de pensiones para administrar los
dineros de los trabajadores. Zamuro cuidando carne.
Luis Vicente León por primera vez en años, revela hoy encuestas que no
son nada favorables al gobierno. Una oposición que sube como la espuma y
un gobierno que pierde adhesiones. Lo mismo presentó otra gran
encuestadora esta misma semana. No es uno, son cinco precandidatos
hablándole al país, con un mensaje parecido, desde diferentes ópticas.
Se le acabo la magia al enfermito. La lástima es un sentimiento efímero,
se acaba donde comienza el engaño que se esconde por detrás de esa gordura.
La inseguridad se les estrella en la cara con el secuestro del pelotero.
Lo mismo que le ocurre a cientos de venezolanos todos los meses, ahora
le sucede a un hombre público, tan público que la noticia le dio la
vuelta al mundo. Los venezolanos ya no creen en comiquitas. Muertos van
y vienen y este gobierno sigue hablando paja sin ofrecer una sola
solución que pueda contener la escalada criminal que se genera desde las
propias conductas anárquicas que el gobierno promueve. Una justicia
ineficiente, dedicada a defender a la revolución, es incapaz de
administrar castigo a los delincuentes que exacerban su odio descargando
sus armas contra cualquier ciudadano que ofrezca la menor resistencia a
ser miserablemente robado.
Mientras el país se nos viene abajo, Chávez nos avisó que un submarino
nuclear merodeaba en nuestras aguas el pasado martes y se les escapó
cuando nuestros ejércitos acuáticos lo persiguieron. Era extranjero y
era nuclear por la velocidad. Faltó decir que su comandante era el
capitán Nemo, para transportarnos al cuento de las veinte mil leguas de
viaje submarino, que escribiere Julio Verne a principios del siglo
pasado. Al día siguiente el submarino se hundió en los recuerdos, pero
el país sigue derrumbándose.
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