Román José Sandia
Miércoles, 9 de noviembre de 2011
El régimen chavista ha tenido como una de sus principales tareas la de
recaudar información
A lo largo de estos trece años lo que ha sobrado son listas para todo.
El desgobierno ha querido tener anotado a todo el mundo, según –dice-
sus necesidades y según su inclinación política. Así, hace honor al
totalitarismo cubano que lo inspira para controlar a la población.
Nadie olvida la lista Tascón, todavía usada para perjudicar a quienes
firmaron la solicitud del referendo revocatorio por allá en el año 2004.
El diputado Tascón, quien prestó su nombre a la discriminatoria lista,
murió víctima de un cáncer, pero la lista sigue viva. Por medio de ella
se rechaza, de vez en cuando, a quien habiendo firmado solicita trabajo,
algún servicio o aspira a algún contrato con los organismos rojo-rojitos.
La última lista que el poder ha convocado es la fulana Misión Vivienda
que no es otra cosa que la demostración más palpable del fracaso
descomunal del chavismo en esa materia. Después de reestatizar Sidor, no
hay cabillas. Después de estatizar las cementeras, no hay cemento. Para
conseguir tales insumos hay que pagar precios que quintuplican los
controlados y los expendedores tienen que entenderse con las mafias
impunes. Este es el gobierno que menos viviendas ha construido en los
últimos ochenta años. Nunca se construyó tan poco.
Pero también nunca se jugó tanto con la esperanza de la gente. Las
plazas se llenaron de ingenuos que dicen "no se pierde nada con probar"
para anotarse. Por televisión muestran las pocas casas inauguradas y
equipadas para crear el "efecto demostración" e ilusionar a la gente.
Por otro lado, se aprueba una Ley de Arrendamiento que destruirá el
mercado inmobiliario de alquiler porque nadie querrá dejar su vivienda
bajo condiciones tan desventajosas. En especial, se verán afectados los
que reciben módicas entradas por alquilar habitaciones y pequeñas
viviendas en las zonas populares. Y mucho menos habrá quien quiera
promover y construir viviendas para arrendar.
El mismo Hugo Chávez, quien vivió en Barinas con sus padres en una
vivienda de una urbanización construida por el gobierno democrático, ¿se
hubiese anotado en la Misión Vivienda, sabiendo que la probabilidad que
tendría de obtener una es casi nula? Estoy seguro que el maestro Chávez
no tuvo que hacer una larga cola para recibir su casa en la Rodríguez
Domínguez.
En otras listas se podría anotar Chávez. Por ejemplo, esperar en un
hospital por una intervención quirúrgica más de un año, como una señora
que conozco y padece cáncer. Ella, que no ha podido viajar al exclusivo
hospital de Fidel Castro en La Habana, y ha tenido que acudir a la
caridad de sus vecinos para pagar su quimioterapia. También puede
apuntarse Chávez en una farmacia para que le avisen cuando llegue el
medicamento que requiere, en vista de que Cadivi retrasa los dólares
para importar medicinas.
¿Por qué no se anota Chávez en Cadivi para solicitar los dólares que
despilfarra en cada viaje al exterior, como lo hace cualquier ciudadano?
Eso sí sería un ejercicio de pedagogía: mostrar públicamente cómo
administra los dólares que le niega a los empresarios y a los viajeros.
¿O por qué Chávez no hace la cola en un aeropuerto nacional, donde el
INAC permite los más desesperantes retrasos en los vuelos de las líneas
privadas y públicas? O que haga una cola en alguna parada del Metro de
Caracas, sistema que destruyó nombrando gerentes incapaces y negándole
recursos.
También puede anotarse en las listas que los bodegueros y los
administradores de Mercal hacen de sus clientes favoritos para venderles
aceite vegetal, azúcar o leche en polvo, cuando aparezcan. ¿Por qué
Chávez no se anota en las ventas programadas (a punto de ser liquidadas)
o en las listas de los concesionarios para adquirir un carro "regulado"?
Otra cola que podría hacer Chávez es la de aguardar unos cuantos minutos
para que atiendan su llamada telefónica al nauseabundo programa "La
Hojilla" o para quitarle la palabra a cualquier otro obsecuente de VTV.
Podría quizás experimentar un poco del chantaje general, que se refleja
cuando habla algún manifestante y dice: "yo estoy con el comandante pero…".
No sería demagogia que Chávez así actuara porque eso es lo que nos ha
vendido: él es "un simple soldado". No importa que vista de Armani o
Boss, posea una colección de relojes de lujo y viaje en un carísimo y
ahora subutilizado Airbus.
Además, nada de esto se podrá llevar cuando le toque el turno de la
lista en la que todos estamos.
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