THAYS PEÑALVER | EL UNIVERSAL
jueves 5 de enero de 2012 12:00 AM
Los venezolanos nos jugamos nuestro destino este año 2012, se escribe y
se dice fácil, pero no lo es. Para muchos este es el año de la
esperanza, de la libertad para Venezuela, el año del cambio y pare de
contar, pero no la tendremos fácil de aquí a las elecciones porque el
camino que nos conducirá hasta las "presidenciales" está lleno de
obstáculos como los de la cuña de Leopoldo, pero peores. Ninguna de las
elecciones que hemos tenido han sido realmente transparentes y no me
refiero a estas únicamente, sino a toda nuestra historia, por eso es por
lo que no hace falta sacar cuentas, estadísticas, mostrar números, leyes
aprobadas a última hora o la conformación contraria a las normas
internacionales de los miembros del CNE, así como todas las trampas
revolucionarias, para reforzar en nosotros las dudas sobre la
transparencia del acto electoral.
Pero a pesar de haber ejercido el rol de "pesimista" en cada elección,
en esta ocasión me corresponde como ciudadana que aspira a que se
instaure después de 250 años o más una democracia real y duradera en
Venezuela, ser realista y utilizar el primer artículo del año para hacer
un llamado cada uno de los venezolanos sin distingos de clase, color
político, raza, o credo, a comprometerse responsablemente en estas
elecciones. Esa responsabilidad tiene que ver básicamente con entender
que la democracia es la única opción que tenemos quienes deseamos vivir
en libertad y en paz, quienes deseamos ser respetados en nuestros
derechos ciudadanos, quienes queremos acercarnos a la civilización de la
que hemos estado alejados a lo largo de todos estos años, en cada ensayo
de proyecto de país. Quienes queremos caminar libremente por las calles
sin el temor a ser asesinados, quienes queremos tomar las riendas del
futuro y sacar a Venezuela de la lista negra en la que la ha colocado
esta deplorable revolución y ubicarnos de una buena vez en el mundo como
una gran Nación, productiva y seria. Eso es lo que añoramos muchos
venezolanos hoy.
Aunque no lo creamos hay muchas más razones para ser optimistas, que
pesimistas. Este es un pueblo que se ha sobrepuesto una y otra vez a las
tiranías encabezadas por sinvergüenzas, que solo han tenido ánimo de
convertirse en reyezuelos o en emperadores. Todos los que lo han
intentado han pasado a ser parte de la leyenda negra de nuestra
historia. Por eso es por lo que, a quienes piensen que Venezuela está
muriendo porque dan como un hecho cierto que las elecciones ya están
ganadas por un adversario que controla todo, les digo que de eso se
trata precisamente mi llamado a cada venezolano: hoy está naciendo con
mucho dolor una nueva Venezuela, donde no hay un solo líder ni un solo
pensamiento, sino muchos líderes y diversas formas de pensamiento, miles
de jóvenes atraídos por la política que serán los líderes políticos del
futuro, líderes empresariales que se han empeñado en sobrevivir ante la
adversidad, líderes culturales, líderes estudiantiles, y estos amigos
lectores es la nueva Venezuela, esa dónde se respetará el pensamiento
contrario, esa donde cabremos todos porque lo maravilloso es que estos
líderes están floreciendo en ambos bandos en conflicto, pero todos con
un pensamiento común que es la Venezuela de todos.
Contra este panorama esperanzador y lleno de futuro, ya está alguien que
paradójicamente representa el pasado de Venezuela. Y es que muy
seguramente sin él quererlo, se convirtió en lo que los venezolanos no
queremos volver a repetir nunca más, un pasado que todos aborrecemos
porque lo que nos dejó fue la suma de muchos malos recuerdos. Despidamos
pues en el 2012, al último emperador de Venezuela.
@thayspenalver
tpenalver@me.com
http://www.eluniversal.com/opinion/120105/el-ultimo-emperador-de-venezuela
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