Andres Volpe
Jueves, 20 de octubre de 2011
Venezuela puede que esté pasando por la disociación entre democracia
formal y democracia de facto, pero el gobierno insiste en que son
democráticos, ya que garantizan elecciones y, por lo tanto, su
legitimidad proviene de un mecanismo de participación universal y en
la voluntad de la mayoría. Pero, ¿Es esto lo que percibe la población
venezolana como democracia?
The best argument against democracy
is a five minutes conversation with
the average voter.
Sir. Winston Churchill.
La pregunta puede traer muchas opiniones consigo, pero en Venezuela la
polarización reducirá las posibles respuestas a una postura de acusación
o de defensa dependiendo de si se aprueban las acciones del gobierno o
no. A manera general, los venezolanos siempre han sido unos demócratas
orgullosos desde que descubrieron que no hacía falta un ejército privado
y la etiqueta de caudillo para gobernar un país. Pero, en los tiempos
actuales se puede sentir que la democracia ya no es tan palpable como en
años anteriores.
"La voluntad de los pueblos de las Repúblicas soviéticas, recientemente
reunidos en Congresos de sus Soviets respectivos y unánimemente
decididos a fundar la Unión de las Repúblicas soviéticas, es la clara
demostración de que a cada República se le ha garantizado el derecho de
poder abandonar libremente la Unión, de que el acceso a la Unión está
abierto a todas las Repúblicas soviéticas existentes o que se puedan
formar en el futuro, de que ese nuevo Estado federado es el digno
colofón de los principios de coexistencia pacífica y de colaboración
fraterna entre los pueblos, establecidos ya en el mes de octubre de
1917, el cual constituirá un sólido baluarte frente al capitalismo
mundial y marcará un nuevo paso decisivo en pro de la unión de los
trabajadores de todos los países en el seno de una República socialista
mundial."
Como se puede leer en el extracto de la Constitución de la Unión
Soviética, la democracia fue también consagrada dentro del texto
político de lo que pasó a ser en la historia una de las estructuras
políticas más autoritarias y despóticas. La constitución soviética de
1924 da un concepto de democracia vinculado con participación, libertad
de entrada y salida de la Unión, tolerancia y cooperación. Es así como
el hecho de que formalmente se sea democrático, no implica que de facto
un gobierno sea democrático.
Venezuela puede que esté pasando por la misma disociación entre
democracia formal y democracia de facto, pero el gobierno insiste en que
son democráticos, ya que garantizan elecciones y, por lo tanto, su
legitimidad proviene de un mecanismo de participación universal y en la
voluntad de la mayoría. Pero, ¿Es esto lo que percibe la población
venezolana como democracia?
Definir qué es democracia es problemático, ya que es uno de esos
conceptos que ha sufrido de tantas interpretaciones, usos y abusos, que
ya su identidad es difícil de aprehender. Por otro lado, la concepción
de un concepto tan diverso y dinámico sufre de debilidad al querer
reducirlo a un término absoluto. Querer hacer esto es filosóficamente
imposible. De todas maneras, para usos prácticos – O sancta simplicitas
– definiremos democracia según un concepto que se acerca a la postura
del gobierno: Democracia es, en términos generales, un proceso donde se
forma la voluntad de una sociedad. De la misma manera, es el proceso
donde todos aquellos que se ven afectados por una decisión pueden
participar e influenciar la creación de ella (Zürn 2000:186). En pocas
palabras, democracia se resume en participar en la toma de decisiones y
tener acceso al mecanismo que las crea. Esto nos deja en la posición de
una democracia procesal, es decir, si se garantiza el proceso, se tiene
democracia.
El párrafo anterior parece responder a la pregunta inicial: Venezuela no
tiene un déficit democrático, porque el gobierno ha procurado la
celebración de elecciones cada vez que corresponde con las exigencias
legales. De hecho, se puede decir que todas las acciones del gobierno
han sido legítimas, ya que la mayoría votó y transfirió el poder. La
mayoría los ha hecho legítimos.
No obstante, esto no parece correcto. Es más, produce repugnancia
aceptar dicha lógica como correcta. Toda persona que habita en Venezuela
tiene una sensación dentro de sí de que la democracia es más que votar.
Esta sensación se ha hecho más notable en los últimos tiempos, porque la
diferencia entre democracia formal y de facto se ha extendido hasta un
punto de quiebre total.
Por lo visto, participación no es la justificación moral de la
democracia, ya que sólo es una cuestión de satisfacer procesos. En
cambio, la justificación moral de la democracia se puede encontrar en el
producto político que crea y las consecuencias que se desprenden de este
producto. De hecho, basar la democracia en la voluntad de la mayoría es
peligroso, ya que la falta de homogeneidad en los intereses puede
producir un desencanto democrático.
Además, la mayoría tomada como un cuerpo que expresa una voluntad
conforma una falacia. Es cierto que el efecto de la mayoría es crear un
conjunto de personas que expresan intereses, pero sería un error asumir
que el producto colectivo es una voluntad colectiva. No existe tal cosa
como voluntad colectiva ni mente colectiva. La masa no tiene voluntad,
porque no tiene homogeneidad. Por ende, asumir que la legitimidad de un
gobierno proviene de una voluntad colectiva es un error.
Realmente, la democracia obedece más a la idea de justicia, ya que se ha
entendido que es un sistema que sirve de baluarte en contra del
autoritarismo y el despotismo, es decir, la justificación moral de la
democracia radica en la justicia que es capaz de proveer. Esto es
corresponder al viejo debate sobre, ¿Jus quia justum o jus quia jussum?
Lo que se traduce en preguntar, ¿La validez del Derecho proviene del
hecho de que es una orden o porque es justo? Por eso, la pregunta en
este caso puede ser reformulada a: ¿La legitimidad del gobierno deviene
de la orden de una mayoría a través del voto o porque es justo? Podemos
entonces afirmar que la legitimidad de un gobierno dependerá de cuan
justo es.
Pero, lo justo también es un tema que se presta a debate, sobre todo en
tiempos donde la política y su concepción del bien y el mal está tan
polarizada. Lo innegable es que la concepción de un acto de justicia
puede ser medido de acuerdo a como ayuda al individuo en el ejercicio de
su libertad. Si un gobierno se atribuye la etiqueta de democrático, lo
normal es que sea un gobierno que respeta e incluso maximiza las
libertades de los individuos. Por el contrario, un gobierno es poco
democrático e injusto cuando no respeta las libertades de los individuos
y crea obstáculos para el ejercicio de ellas. Por ello, ¿Qué tan
democrático puede ser un gobierno que limita al individuo en sus
derechos económicos, políticos y civiles? ¿Qué tan justo puede ser un
gobierno que bajo el argumento de lucha contra el imperialismo viola los
derechos humanos de algunos individuos en pro de conservar la revolución?
Por eso, cuán justo es realmente un gobierno, y por ende democrático,
depende de la libertad, pero también de cuán controlable es y de la
capacidad de la sociedad de pedir una efectiva rendición de cuentas.
Aquí si es importante la participación de la sociedad como componente
democrático. La diferencia es que la participación debe ser una
condición sine qua non cuando se evalúan los resultados de las políticas
públicas ejercidas por el gobierno elegido, pero no, como se pretende
hacer ver, como una condición ex ante.
¿Qué tan controlable es el actual gobierno por los venezolanos?, ¿Qué
tan efectiva y verdadera es la rendición de cuentas de la revolución?,
¿Sufre Venezuela de un déficit democrático? Las respuestas a estas
preguntas quedarán solo para los lectores, así, irónicamente, que tan
justo y democrático es el gobierno quedará para la opinión de cada uno,
es decir, de la mayoría heterogénea.
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