Vladimir Villegas
Miércoles, 24 de agosto de 2011
El retorno del oro a las bóvedas del Banco Central es un acto de
soberanía y es una torpeza política oponerse a ello. Ésa es mi opinión y
respeto las demás. Si el asunto lo vamos a dirimir bajo el cristal de la
polarización estamos cometiendo un grave error.
Este tema del manejo de las reservas internacionales es materia que
seguramente dilucidan mejor los especialistas, los economistas, los
altos funcionarios y ex funcionarios del Banco Central de Venezuela y,
sin embargo, quienes no entramos en esa categoría tenemos nuestras
propias opiniones, tal vez sin el sustento que pueda dar el conocimiento
detallado de estos asuntos, pero guiados, obviamente, por la lógica e
incluso por la memoria.
Recuerdo los días del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, cuando
Pedro Tinoco presidía el Banco Central y se ordenó el traslado de una
buena cantidad del oro guardado en las bóvedas del instituto emisor a
bancos internacionales. Eso era parte de un compromiso con el Fondo
Monetario y la banca internacional para que nuestro país recibiera
dinero fresco, condicionado a la aplicación de un doloroso programa de
ajustes que el pueblo bautizó como el paquetazo.
Pocas voces, entre ellas las de los entonces parlamentarios de La Causa
R, Pablo Medina, Aristóbulo Istúriz y Carlos Azpúrua, si la memoria no
me traiciona, se pronunciaron enérgicamente contra esa acción que
ciertamente era considerada un acto lesivo a la soberanía nacional. En
aquella oportunidad, vale recordarlo, muchas voces de la política
actual, unas opositoras y otras oficialistas, no se hicieron sentir para
protestar por ese hecho.
Traigo a colación este recuerdo porque permite ubicarnos en el problema.
El retorno del oro a las bóvedas del Banco Central es un acto de
soberanía y es una torpeza política oponerse a ello. Ésa es mi opinión y
respeto las demás. Si el asunto lo vamos a dirimir bajo el cristal de la
polarización estamos cometiendo un grave error. Eso no implica
renunciar, por ejemplo, a exigir del Gobierno que se aclare debidamente
los pasos subsiguientes y que se despoje el tema del secretismo que
tanto gusta al Ejecutivo.
Y la vigilancia en esta materia le corresponde a la Asamblea Nacional,
cuya mayoría puede aplaudir la decisión del Gobierno, pero no puede
renunciar a su ineludible deber de exigir toda la información que la
representación popular requiere para cumplir con su función contralora.
Lo mismo pasa con las reservas en dólares. Por supuesto que diversificar
la colocación de esas reservas no parece una locura en tiempos de
incertidumbre económica y de serios indicios de dificultades en Estados
Unidos y la llamada zona euro. Pero sí es asunto de interés nacional
saber al detalle los términos y condiciones establecidos con los bancos
de Brasil, China, Rusia y otras naciones que recibirán en depósito parte
de nuestras reservas en dólares, y si son condiciones iguales, mejores o
peores que las acordadas con los bancos que pronto dejarán de tener esos
depósitos.
El manejo que el Gobierno hace de los ingresos del país; sus erráticos
pasos en la lucha antiinflacionaria, el uso ineficiente de los dineros
públicos o lo que se chorrea por el ducto de la corrupción. Si estas
goteras no se corrigen, de nada vale tener a buen resguardo las reservas
porque tarde o temprano habrá que echarles mano. Ese es el asunto de
fondo, digo yo, desde mi falta de ignorancia, como decía Cantinflas.
Harina de otro costal
Un año sin Maja El domingo nos reunimos los hijos, nietos y biznietos de
nuestra querida madre, Maja Poljak de Villegas, para depositarle en su
última morada, que comparte con nuestro inolvidable viejo Cruz, flores
cargadas de amor, de dolor por no tenerla entre nosotros, pero a la vez
de alegría y orgullo por haber llegado a este mundo en sus entrañas de
mujer guerrera y tierna. Te queremos, viejita.
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