Wednesday, August 24, 2011

El dorado bolivariano

El dorado bolivariano
Enrique Viloria Vera
Miércoles, 24 de agosto de 2011

Incesantemente buscaron EL Dorado conquistadores españoles, piratas
ingleses, gobernadores alemanes, poetas y escritores, y no lo
consiguieron. A Manoa o a Guatavita fueron frecuentes los viajes
emprendidos por los más variopintos personajes de allende y aquende para
descubrir y apropiarse de ese inmenso reservorio de oro que un
desconocido cacique amerindio poseía y disfrutaba.

Muertes innecesarias, confesiones de ocasión, disimulos, traiciones,
engañes, mentiras y embauques, expediciones frustradas signaron la
incesante y frustrada búsqueda de El Dorado.

500 años después de esa afanosa pesquisa, la Revolución Bolivariana
descubre que El Dorado está a la vuelta de la esquina bancaria y decide
apropiárselo para conservarlo en bóvedas rojas y cajas fuertes
revolucionarias.

No le bastó al proceso con el oro negro ni con el hierro, la bauxita, el
acero, el aluminio, el cemento, la leche, la carne de res, las
medicinas, el pollo, las toallas sanitarias, los insumos médicos y las
camas de los hospitales, reducidos todos a su mínima expresión. La cosa
ahora es más seria y compleja, de lo que se trata es de darle el palo a
la verdadera alcancía de la Nación, al oro que respalda las reservas del
país entero.

No nos serán extrañas las noticias según las cuales, EL LÍDER decidió
regalar lingotes de oro a sus panas del ALBA. En efecto, como fruto de
la ineptitud y de la ineficiencia pedeveca los barriles de petróleo son
cada día menos, los gestos de solidaridad revolucionaria se expresarán
ya no en la escuálida onza troy sino en quintales largos de verdadero
amor revolucionario.

Preparémonos pues a contemplar al LÍDER vestido de oro, recubierto su
cuerpo de polvo oro, navegando por el Orinoco en una barcaza dorada,
pregonando la austeridad y prohibiendo el lujo a sus camarados y
camaradas, mientras firma la carta en la que obsequia lingotes de oro en
vez de barriles de petróleo o espadas de Bolívar.

Muy capaz será sin dudas nuestro Cacique Mayor de reparar el daño que
los españoles le infligieron al Inca Atahualpa y, en un bello arrumaco
de solidaridad continental, le envará pronto al Inca Ollanta la mitad
de nuestro oro recuperado de las arcas del Imperialismo.

¡No tenemos miedo a nada ni a nadie, no sufrimos de crisofobia y mucho
menos de aurantrofobia!

¡Viva el oro nacional y el rublo ruso!

¡Con el uranio nuestro no te metas que ya dueño tiene!

viloria.enrique@gmail.com

http://www.analitica.com/va/economia/opinion/9345142.asp

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