Porqué han contado una historia que no es
Creen poder controlar a Venezuela como a Cuba
Carlos Blanco
Jueves, 5 de enero de 2012
En Venezuela se vive la misma operación de confiscación de la libertad
pero, claro, siempre en su nombre. Si ayer las operaciones de represión
masivas ejecutadas por los soviéticos se hicieron como expresión de
"democracias populares", nada de extraño tiene que el control tiránico
del poder en Venezuela se haga con las banderas de esa revolución.
Dice el escritor y periodista ruso Vasili Grossman (Todo Fluye, Galaxia
Gutenberg): "Habían destruido el viejo mundo y aspiraban a uno nuevo que
aún no habían construido. Los corazones de esos hombres, que habían
inundado la tierra de tanta sangre, que habían odiado con tanto ardor,
estaban infantilmente privados de rencor: corazones de fanáticos, tal
vez de dementes. Odiaban por amor...
Habían sido la dinamita con la que el Partido había hecho volar la vieja
Rusia, para limpiar el terreno donde pondrían los cimientos de la nueva
construcción: el grandioso Estado de granito." "La hipocresía de Stalin
expresaba claramente la hipocresía de su Estado. La expresaba sobre todo
en su manera de jugar a la libertad. ¡El Estado no escupió sobre la
libertad muerta! El contenido infinitamente precioso, vivo, radioactivo
de la libertad y de la democracia fue asesinado y transformado en un
animal disecado, en cáscara de palabras... Así pasó con la libertad. La
libertad asesinada se convirtió en un ornamento para el Estado, pero un
ornamento que no era inútil. La libertad muerta se convirtió en el
primer actor de una gigantesca puesta en escena, de una representación
teatral de unas dimensiones jamás antes vistas. El Estado sin libertad
creó una maqueta del parlamento, las elecciones, los sindicatos, una
maqueta de la sociedad y la vida pública... Incluso el presidium del
Comité Central del Partido era un teatro."
"Ese teatro estaba presente en el carácter de Stalin. Y estaba
igualmente presente en el carácter de aquel Estado sin libertad. He aquí
la razón por la cual el Estado necesitaba un Stalin que, a través de su
propio carácter, realizara el carácter del Estado... La fuerza real era
Stalin. Era él quien decidía... " "El hecho de que el Estado sin
libertad actuara siempre en nombre de la libertad y de la democracia,
que tuviese miedo de dar un paso sin mencionarla, atestigua la fuerza de
la libertad. Stalin temía a poca gente pero constantemente, hasta el fin
de sus días, le tuvo miedo a la libertad. Después de haberla matado,
adulaba su cadáver."
"Por enormes que sean los rascacielos y potentes los cañones, por
ilimitado que sea el poder del Estado e imponentes los imperios, todo
eso no es más que humo y niebla que desaparecerá. Lo que permanece, se
desarrolla y vive es sólo una verdadera fuerza, que consiste en una sola
cosa: la libertad. No todo lo real es racional. Todo lo que es inhumano
es absurdo e inútil."
"... HUMO Y NIEBLA QUE DESAPARECERÁ".
En Venezuela se vive la misma operación de confiscación de la libertad
pero, claro, siempre en su nombre. Si ayer las operaciones de represión
masivas ejecutadas por los soviéticos se hicieron como expresión de
"democracias populares", nada de extraño tiene que el control tiránico
del poder en Venezuela se haga con las banderas de esa revolución,
pasada por el agua bautismal de los cubanos.
La pérdida de la libertad comienza cuando se la amenaza. La combinación
necesaria para un tirano es: brigadas de choque (Hitler con sus
Sturmabteilung (SA), Mussolini con sus Fasci di Combattimento) como los
colectivos armados que han retado y sustituido a la Fuerza Armada, la
ausencia de cualquier límite legal, intelectual o moral para hacerse del
poder del Estado e incrementar su control, y una valoración débil de la
libertad por parte de las sociedades en las que estos salvadores
desembarcan; cuando logran este récipe, la opresión se derrama como
pesado y oscuro aceite. Los intentos de los escarnecidos para arreglarse
con el poder, mediante el "apaciguamiento", sólo conducen a más
humillaciones, sin que las tiranías demoren el abuso y la ferocidad.
Pueden quedar "espacios" pero, obsérvese, jamás son espacios abandonados
por el tirano sino aquéllos que todavía no ha podido conquistar. Este
rincón de la palabra, por ejemplo, se sostiene no por las concesiones
del déspota sino debido al entramado institucional y social que
significa este periódico. Aquel ha tenido fuerza y circunstancias para
cerrar unos medios, pero no toda la fuerza o el momento para hacerlo,
con otros. Seguramente lo intentará y tendrá trofeos, pero mientras no
lo haga, son esos medios todavía libres y amenazados parte del escudo
que protege la libertad.
Autocracias como esta requieren enjuagarse diariamente la boca con las
palabras libertad y democracia, como Stalin lo hacía, porque son
conceptos demasiado poderosos como para contradecirlos, demasiado
universales para sembrarles otros de similar poder (revolución y
socialismo los tuvieron por un tiempo) y demasiado fascinantes para
abandonarlos en las solas conciencias y manos de los hombres libres.
Pero se les usan tramposamente y no tardan en vérsele las costuras
cuando ambas palabras son pateadas por la maldad y el cinismo. Les
encanta hincar los dientes en la carne de presos políticos y si los
sueltan (que no sea por un clamor de multitudes en la calle) es porque
con esas liberaciones pretenden demostrar cuan amantes de la libertad
son. Sin que falte algún espantajo institucional que le enmiende
(falsamente) la plana al caudillo al afirmar que una vez el liberado se
cure, deberá reportarse a la taquilla del penal.
LA LIBERTAD TOCA A LA PUERTA.
Creen que pueden controlar a Venezuela como a Cuba porque han contado
una historia que no es. La parte que es, consiste en la voluntad de
Fidel Castro y la cúpula cubana de hacer una revolución que en los
primeros años se dibujó como una posibilidad transformadora y criminal;
la parte que no se ha contado es que la permanencia de la familia Castro
viene de las sucesivas transacciones que ha hecho o que han hecho en su
nombre con sus enemigos. No hay que olvidar que Kennedy y Kruschev
negociaron la salida de los cohetes soviéticos de Cuba y los de EEUU en
Turquía, y la oferta de seguridades de que el vecino norteamericano no
invadiría la isla. Eso fue en los 60s. En los 80s y tempranos 90s, la
danza de Fidel fue con Carlos Andrés Pérez, Carlos Salinas de Gortari y
César Gaviria, para una reentrada en la comunidad latinoamericana. Hasta
que llegó aquel criollo que no podía esperar el bautismo de
revolucionario más que de Fidel, a cambio de las riquezas y dignidad de
Venezuela.
El régimen de acá no es pieza del ajedrez mundial. Es usado para
venderle cachivaches, armas y contratos, a cambio de lo cual simulan
tomar en serio al tiranillo, ahora fanatizado con la idea de una
Federación de Jefes de Estado Enfermos.
La libertad está refugiada en el alma del país. No sólo en las entrañas
de los opositores sino de muchos de los chavistas de a pie; esos
vestidos de rojo, empleados del Estado o atormentados por una oferta de
vivienda o beca que no llegarán, que se sienten obligados a un silencio
todavía más opresivo.
Allí, en esas almas ateridas respira, irrevocable, la libertad. Y ella
respira mientras su hermana, la esperanza, esté a su lado. Está escrito.
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