ALEXANDER CAMBERO | EL UNIVERSAL
miércoles 4 de enero de 2012 12:00 AM
Los regímenes de izquierda sienten una oculta fascinación por los
Estados Unidos. De tanto defenéstralo hasta el rigor de la obscenidad,
siempre terminan por elevarlo hasta la cúspide de su destino. Sienten
que su permanente batalla por resistir, terminará estrellándose con
algún hábil movimiento del imperio en defensa de sus poderosos
intereses. Es el amor recóndito de un sistema fracasado ante el
escurridizo adversario que siempre tiene el as bajo la manga para
someter al totalitarismo en sus diferentes fases.
En 1989, después de haberse reunido en diversas oportunidades, el para
aquel entonces presidente de Estados Unidos Ronald Reagan y su colega de
la extinta Unión Soviética Mijaíl Gorbachov, conversaron informalmente
frente a la Puerta de Brandemburgo, Ronald Reagan dijo: ''Secretario
General Gorbachov, si usted realmente busca la paz, la prosperidad de la
Unión Soviética y del este de Europa, si busca la liberalización: ¡Venga
aquí! ¡Abra esta puerta! ¡Derribe este muro!'', el primer mandatario
rojo le preguntó a Reagan si había alguna posibilidad de salvar a su
país, el vaquero con mirada fría le dijo no existe ninguna. Al cabo de
poco tiempo uno de los imperios más poderosos de la historia terminaba
derrumbándose. Caían como lozas destruidas por la acción de los
martillazos a los pies de su archirrival.
La declaración del presidente Hugo Chávez, hablándonos de la
coincidencia de varios presidentes latinoamericanos de tendencia
izquierdista, con cáncer, y la presunta acción de la tecnología
norteamericana en el hecho, nos indican varios elementos a considerar.
En primer término estamos en presencia de un régimen absolutamente
desquiciado, han perdido la realidad y su mente marcha como un tren
enloquecido derribando muros y llevándose por delante cualquier cosa que
busque hacer rectificar su rumbo. Nadie con un mínimo de racionalidad
puede sostener una versión tan horrenda. En segundo lugar admiten el
poderío científico y tecnológico de Estados Unidos. Creen en los
personajes que observan en las películas de Hollywood, se devoran las
series de agentes secretos que traen las cadenas los sábados por la
noche; adoran al mundo estereotipado gringo y hasta suspiran por Nueva
York y sus grandes tiendas. Le colocan el rótulo de sistema demoniaco,
pero, al que le siguen vendiendo petróleo de manera permanente. Es decir
comercian con aquel al que acusan de sembrar con cáncer a algunos de los
presidentes socialistas del hemisferio. ¿Acaso no es una terrible
contradicción de una mente enferma, venderle hidrocarburos a la potencia
que supuestamente pueda estar desarrollando una tecnología que te puede
aniquilar? ¿Será que no existe en el gobierno alguna persona con el
coraje suficiente para decirle a Hugo Chávez que se ha transformado en
el hazmerreir del continente?
Una de las peores complicaciones de la peligrosa enfermedad del régimen,
son las secuelas de la misma. Hace pocos días escuché un programa en una
emisora comunitaria de Barquisimeto, en donde una analfabeta funcional
al frente de un micrófono indicaba que la política del imperio era
cambiarnos ´´ el petróleo por cáncer ´´ que posiblemente en algún fajo
de dólares que recibió Hugo Chávez venia la bacteria creada para
sembrarle la enfermedad a su amado mandatario. ¿Díganme si no es de
chiflados sostener eso en público?
Ante el avance victorioso de las fuerzas democráticas surgirán nuevas
formas de desequilibrio emocional. ¡Definitivamente estamos entre el
circo y la podredumbre ¡
alexandercambero@hotmail.com
twitter @alecambero
http://www.eluniversal.com/opinion/120104/cancer-por-petroleo
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