Antonio Sánchez García
Miércoles, 19 de octubre de 2011
Todas las dudas que se nos alimentara desde el poder en torno a una
materia de nuestra más directa incumbencia, como el estado de salud del
Presidente, parecen haberse aclarado con las detalladas informaciones
entregadas por su médico de cabecera y quien formara parte del exclusivo
grupo que ha cuidado la salud del primer mandatario
Vuelve la oposición venezolana a encontrarse ante una decisión
existencial., que no acepta dilaciones, medias tintas ni ambigüedades.
En juego están la soberanía, la legitimidad, la naturaleza democrática y
de derecho del sistema político imperante. En juego está la existencia
misma de la República. No un simple proceso electoral. Desconocerlo nos
conduciría directamente al infierno.
1.- El régimen comienza a transitar los neblinosos páramos del absurdo.
Señal inequívoca de que babea. El cantante calvo vuelve a La Habana,
recayendo con majadera monotonía en su perruna y ya inexorable
dependencia de otro par de tiranos que están a medio morir saltando. Un
aquelarre de nuestro más recóndito pasado, muestra del fracaso endémico
de un continente que, salvo muy honrosas excepciones, brinca de fracaso
en fracaso. Avergonzaría si las consecuencias de esta porfiada y tenaz
estupidez no acarrearan la desgracia de millones de vidas, entregadas a
la voracidad insaciable de los mataderos. Digna materia para una de esas
estremecedoras pinturas negras de Goya.
Todas las dudas que se nos alimentara desde el Poder en
torno a una materia de nuestra más directa incumbencia, como el estado
de salud del presidente de la república, parecen haberse aclarado con
las detalladas informaciones entregadas por su médico de cabecera y
quien formara parte del exclusivo grupo que ha cuidado de su salud desde
que asumiera la presidencia, Salvador Navarrete. Un cirujano altamente
calificado y de reconocido prestigio nacional e internacional, pero
quien parece además estar familiarizado con los debates políticos que
tienen lugar en el entorno presidencial, él mismo militante temprano del
MVR.
En las respuestas que le diera al semanario mexicano
MILENIO destacan dos grandes ámbitos: el propiamente médico quirúrgico y
el político. Del primero se deriva un hecho de extraordinaria
importancia y gravedad: las expectativas de vida del presidente de la
república no superan los dos años de sobrevivencia. Padece de un sarcoma
en la base de la pelvis, colindante con la próstata, de muy mal
pronóstico, ya irreversible. Las suposiciones adelantadas por
especialistas venezolanos en base a los pocos datos filtrados han
resultado científicamente comprobadas. Al que agrega una revelación que
confirma los diagnósticos de nuestros más afamados psiquiatras,
psicólogos y psicoanalistas desde el comienzo mismo de su presidencia:
Hugo Chávez es maníaco-depresivo y su carácter inestable, fabulador y
alejado de todo sentido de la realidad lo convierten en una personalidad
altamente peligrosa en el ejercicio del mando. Una realidad que le ha
costado al país la que es muy probablemente la más grave crisis
existencial de su historia. El país que dispone de las principales
reservas petrolíferas del mundo lleva 13 años en manos de un oficial de
rango medio, psicológicamente bipolar, fantaseador y megalómano. Que
para mayor INRI sufre de una enfermedad terminal.
El cuadro clínico revelado por Salvador Navarrete es tan
explosivo y de tan incalculables consecuencias en lo inmediato, que la
entrevista en que lo hiciera público dio la vuelta al mundo en pocas
horas, empujado por la virulenta ubicuidad de la red. Es obvio que debe
descansar sobre los despachos de todas las cancillerías de la región. La
enfermedad y eventual muerte del presidente venezolano tiene tan severas
y peligrosas implicaciones para la estabilidad continental, que el tema
debe estar siendo analizado por todos los gobiernos, por lo menos de
nuestra región. Incluido, desde luego los de sus principales países: los
Estados Unidos, Canadá, Colombia, Argentina, Brasil, México. Venezuela
ha vuelto a encender las alarmas rojas. Entramos a una zona de altas
turbulencias.
2
La parte política de la entrevista, tan extensa y tan
importante como la propiamente médica, se resume en una afirmación
aparentemente inocua, pero de incalculables consecuencias. Afirma el
doctor Navarrete al pasar y como si no tuviera ninguna importancia, que
la muerte de Hugo Chávez o su práctica desaparición del escenario
político llevaría a la toma del poder por parte de las fuerzas armadas.
Ninguna referencia a los mecanismos constitucionales previstos para un
caso semejante, algunos de los cuales ya debieran haber sido activados,
como los que se refieren a las ausencias temporales del jefe de Estado,
claramente tipificadas en el artículo 234. La absoluta indiferencia con
que la alianza cívico militar que detenta el Poder aparenta haber
manejado el asunto no deja lugar a dudas respecto de su naturaleza
anticonstitucional y antidemocrática. La enfermedad ha sido tratada
desde un comienzo en medio del clásico secretismo de las tiranías.
Peor aún: más grave en sus consecuencias inmediatas es la
incapacidad mental destacada por Navarrete. ¿Puede y debe un maníaco
depresivo al extremo de la bipolaridad apartarse del predicamento
constitucional que impone la separación DEFINITIVA del gobierno de quien
se demuestre científicamente no estar en la plenitud de sus facultades
mentales?
La cuestión es altamente problemática. ¿No es imaginable
que el carisma, el poder de seducción y la elocuencia de un
desequilibrado logren encubrir con la popularidad de que disfrute, el
dinero que despilfarre y la lealtad de las fuerzas que controle – entre
ellas nada más y nada menos que las armadas y hasta los dientes - sus
graves falencias a la hora de tomar decisiones históricas? Cabe
preguntarse entonces si la entrega de nuestra soberanía al gobierno
cubano, la traición sistemática de la alta oficialidad de nuestras
fuerzas armadas a sus imperativos constitucionales, el regalo de
inmensas cantidades de dineros públicos a fondo perdido – salvo la
lealtad comprada con dichos fastuosos regalos –, los acuerdos y
contratos arreglados con potencias imperiales al precio de la pérdida
sistemática y de largo plazo de nuestra soberanía ¿hayan sido planeadas,
acordadas y firmadas por un presidente de la república desconectado de
sus obligaciones constitucionales y, por lo mismo, carente de toda
legitimidad jurídica?
¿Cabe, en último término, al calor de estas graves
revelaciones considerar írrito el ejercicio gubernamental de los últimos
13 años y desconocer en consecuencia la totalidad de sus actos, tanto en
política interna como externa, propiamente políticos pero también
comerciales y económicos?
3
Como se puede colegir de todo lo anterior, las
repercusiones políticas de las revelaciones del Dr. Salvador Navarrete,
según rumores que circularan a partir de este martes bajo orden de
captura o ya detenido en una dependencia de seguridad militar – asunto
que a la hora de redactar este artículo no había podido ser confirmado –
pueden ser extremadamente explosivas. Vuelven a poner sobre el tapete
la insondable gravedad de la crisis existencial que vive Venezuela y a
poner de relieve su naturaleza excepcional. Trayendo al primer plano el
problema de la legitimidad y soberanía del régimen. Y la apertura de un
ciclo de peligrosas turbulencias, con la inminente y no desmentida
posibilidad de un golpe de Estado llevado a cabo por las fuerzas armadas
al servicio del delirante proyecto político de un psicópata.
El rechazo del Tribunal Supremo de Justicia a acoger la
orden de la CIDH de habilitar al ex alcalde de Chacao, presidente de
Voluntad Popular y serio aspirante a la presidencia de la república
Leopoldo López, contraviniendo acuerdos internacionales expresos y
vinculantes, demuestra la decisión de quienes ejercen hoy por hoy el
control político y militar del país - en ausencia del presidente de la
república - de no detenerse ante nada ni nadie. La pregunta tantas
veces formulada y jamás respondida acerca de quién o quienes detentan el
mando en ausencia de Hugo Chávez, con la posibilidad de que ni siquiera
se trate de venezolanos, vuelve a intrigar a políticos, analistas y
sectores de Poder de la oposición democrática del país.
Venezuela se encuentra así ante interrogantes de extrema
gravedad e importancia. Las ambigüedades del TSJ al decidir sobre la
orden de habilitar a Leopoldo López mediante el ex abrupto jurídico de
autorizarle a participar en Primarias pero negándole el derecho a hacer
uso de su eventual victoria suponen una flagrante y delictiva decisión
de coartar los derechos políticos de la mayoría del país. Sirven
exclusivamente a los aviesos fines electoreros del régimen y pretenden
dictaminar quién y cómo sería aceptable por la dictadura como
contendiente a enfrentar por parte del presidente de la república o
quien designe su heredero ante el agravamiento de su mal. ¿Puede aceptar
la oposición democrática someterse a los dictados de un Gran Elector
auto designado?
Vuelve la oposición venezolana a encontrarse ante una
decisión existencial., que no acepta dilaciones, medias tintas ni
ambigüedades. En juego están la soberanía, la legitimidad, la naturaleza
democrática y de derecho del sistema político imperante. En juego está
la existencia misma de la República. No un simple proceso electoral.
Desconocerlo nos conduciría directamente al infierno.
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