Enrique Pereira
Miércoles, 19 de octubre de 2011
Ni cabillas, ni carros iraníes, ni cemento, ni café, ni leche, ni aceite
para comer. Nada de lo que prometen se cumple. No arreglan el
Metro, ni mejoran el fluido eléctrico, ni disminuyen la inflación
Es en los frentes de batalla venezolanos donde se decide el futuro
electoral.
Este fin de semana, a casi un año de la contienda electoral, las fuerzas
de la oposición estaban desplegadas en muchos frentes. Maria Corina en
Turmero, Leopoldo en Maracaibo, Capriles en El Valle, por sólo nombrar
algunos de los precandidatos. Esa fuerza de tareas múltiple, pateando el
asfalto del país, le hace un daño tremendo al chavismo y a sus
aspiraciones de gobernar este país ad infinitum.
Mientras los venezolanos aplauden la esperanza de cambio que vocean los
precandidatos electorales, Chávez se va a Cuba para hacerse exámenes de
un cáncer que ya no tiene –según su propio diagnostico- así que promete
regresar a mitad de semana con las buenas noticias de que ya su cuerpo
está libre de la enfermedad. Chávez no es el mismo, ni lo volverá a ser.
Chávez perdió el control de su gobierno, que ahora a la deriva, tiene
cada día peores resultados. Un gobierno que promete hoy acelerar la
finalización de obras de los edificios de vivienda que tomaron hace un
año, no puede estar bien. Edificios completos que estaban a cuatro
semanas de finalizase, están de pie como los árboles quemados después de
un incendio, muertos en vida esperando que este ineficiente gobierno
concluya sus obras y los entregue a sus propietarios. No cumplieron con
las cincuenta mil viviendas que prometieron hacer en Fuerte Tiuna, ni
con las ciento cincuenta mil que entregarían este año, pero tampoco con
las cien mil petrocasas que hace tres años prometieron fabricar. Pobre
gobiernito en decadencia.
Ni cabillas, ni carros iraníes en cantidades razonables, ni cemento, ni
café, ni leche, ni aceite para comer. Nada de lo que prometen se cumple.
No arreglan el Metro, ni mejoran el fluido eléctrico, ni disminuyen la
inflación, ni cumplen con los contratos colectivos, ni mejoran la salud
pública. Este gobierno sólo ha contribuido a destruir el país.
A Chávez no le queda otra que seguir twiteando, moviéndose con 140
caracteres, mientras el país corre a su lado, dejando atrás su cacareada
revolución. No importa cuán fuerte y solido luzca en sus cortas
apariciones en televisión. Un cáncer y una intensiva quimioterapia, han
minado su capacidad para seguir destruyendo a Venezuela. Sus segundos
dedican el tiempo a extender esta farsa y a cuidarse políticamente de
las zancadillas de los nuevos aspirantes.
Una Venezuela nueva renace de debajo de la alfombra de mentiras que
tejió este gobierno. Una patria llena de necesidades por resolver, que
ahora escucha voces frescas de personas que ofrecen un nuevo camino. El
camino que transitamos por doce años no nos ha llevado a un lugar mejor,
así que no podemos revalidar el derecho a seguir empeorándolo, a un
grupo de personas que no ha encontrado el norte para lograrlo.
Chávez debería quedarse en Cuba, para que todas las mañanas contribuya a
izar el pabellón cubano. Al final esa parece ser la única patria que le
preocupa.
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