Juan Carlos Zapata
Viernes, 21 de octubre de 2011
Las revelaciones del médico Navarrete –reforzadas con los lamentos del
presidente Rafael Correa desde Ecuador- casi nadie las ve como expresión
espontánea sino formando parte de una trama que intenta enviar un
mensaje rotundo al colectivo chavista
Desde hace un tiempo vienen observándose las señales. En la medida en
que se acercan los días finales, se hacen más evidentes. Lo primero, el
estribillo de Chávez: la oposición no puede gobernar el país. Lo
segundo, aquella expresión del general Rangel Silva: no hay otro líder
que Chávez. Lo tercero, Adán Chávez y la lucha armada. Lo cuarto, Chávez
insiste: ya estoy sano, qué es un cáncer para mí, y va y viene de Cuba,
encendiendo las alarmas de sus propios partidarios. Lo quinto, los
bolifuncionarios entrándole con furia al botín. Lo sexto, Carlos Escarrá
en la Procuraduría, pues hay que arreglar la casa. Lo séptimo, un
ex-directivo de PDVSA trabaja en solitario, en una oficina ubicada en un
edificio de la avenida Francisco Solano de Sabana Grande, arreglando
expedientes, informes, clasificando documentos. Lo octavo, otro ex-alto
funcionario, el bolifuncionario por excelencia, de la máxima confianza
de Chávez, ahora metido a inversionista, ahora viajero a Nueva York, a
Long Island, a Palm Beach, a ver caballos, carreras de caballos, y
rodeado de algunos de sus aliados, a quienes les dice, no me botaron del
Gobierno, yo me fui porque no soy comunista, y claro, con varios
millones de dólares, ¿quién no lo es? Lo noveno, un ex-jerarca del
sector eléctrico que afirma: estamos ligando a que Chávez llegue al 2012
porque de lo contrario en el chavismo la guerra intestina será a muerte.
Lo décimo, la declaración del médico Navarrete.
Son señales inequívocas. Hay que seguirlas. Porque en lo interno se
descosen las costuras. ¿Y cómo reacciona Jorge Giordani ante la
publicación? Nada. No tiene nada que decir. ¿Y cómo reacciona Cilia
Flores? Sin respuesta de fondo. El sistema sí responde. Con una multa
expropiatoria contra Globovisión. Y con el anuncio de que Leopoldo López
puede postularse pero no ejercer la Presidencia de la República. Las
revelaciones del médico Navarrete –reforzadas con los lamentos del
presidente Rafael Correa desde Ecuador- casi nadie las ve como expresión
espontánea sino formando parte de una trama que intenta enviar un
mensaje rotundo al colectivo chavista. El tono de la entrevista. El
cuidado de las respuestas. El cálculo al hablar del personaje Chávez,
sus vicios, su historia clínica, su humor, con lo cual confirma lo que
más luego apunta: para gobernar hace falta más que voluntad.
Este es el cuadro. No exento de riegos, como lo advierte el ex-jerarca
eléctrico, con las maletas preparadas, con las cuentas bien
estructuradas en el exterior, por si acaso. ¿Es el único con las maletas
listas?
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