Siete años de vacas flacas
Asdrúbal Aguiar
Domingo, 20 de noviembre de 2011
Agustín Blanco Muñoz, columnista y escribidor de oficio, expresa estar
preocupado por la eventual manipulación electoral de este crimen más
propio de las dictaduras del Cono Sur y no le falta razón. El inquilino
de Miraflores, hace pocos días, sin nombrarlo otra vez acusa de asesino
a Mezerhane, para al paso atacar a Globovisión. Y le resulta extraño a
Muñoz que José Vicente Rangel no se defienda -el mismo "testigo
estrella" lo acusa y Marisela Anderson lo califica de "asesino", según
6to Poder
A propósito del asesinato de Danilo Anderson
Han transcurrido siete años desde el día en que ocurre el asesinato del
fiscal Danilo Anderson, hecho mártir de la revolución venezolana y
olvidado por los albaceas de ésta. Son siete años que muestran,
patéticamente, el cuadro de igual impunidad que sufren los familiares de
las víctimas de homicidios que ocurren cada año, por decenas de miles,
en una suerte de guerra civil no declarada.
Pero el caso de Anderson, siendo uno más, es la punta del iceberg de un
sistema político y judicial profundamente corrompido, para el que la
vida nada vale cuando median los objetivos del Socialismo del Siglo XXI.
Algunos libros ya cuentan la trama, como los escritos por Alfredo Meza,
Pablo Medina y por el mismo Carlos Herrera y los hermanos Anderson al
alimón; pero la que importa, la que ha de resultar de la verdad judicial
no llega después de siete años. Las actuaciones desplegadas por el
Ministerio Público con el apoyo de algunos jueces pretenden que la
verdad no flote. Creen haberla anclado en el fondo de la oscuridad, para
siempre.
Lo único cierto es que el fiscal Anderson, quien tiene a su cargo la
investigación de los hechos del 11 de abril de 2002, cuando ocurren la
Masacre de Miraflores y sobreviene un golpe militar, a la par investiga
por su cuenta los laberintos del oficialismo deshonesto. Y al ser
asesinado, extrañamente lo abandona su guardaespaldas. En el sitio de
los acontecimientos, horas antes, la policía política impone un cerco de
vigilancia que sólo traspasa Anderson sin dificultades hasta que la
bomba incendiaria colocada en su vehículo explota y lo momifica. Luego
de lo cual, sin que los forenses ni los investigadores ni los bomberos
tengan tiempo de realizar sus labores, a los minutos se hacen presentes
el fiscal general, Julián Isaías Rodríguez Díaz, y el vicepresidente de
la República, José Vicente Rangel, quienes se asoman al vehículo
incendiado y constatan que el fiscal Anderson ha muerto. Luego le
organizan unos funerales de Estado.
Acusados
Presos y condenados se encuentran, acusados como autores materiales, los
hermanos Guevara. Salvador Romaní, Fernando Moreno Palmar, Nelson J.
Mezerhane y el general Eugenio Áñez Núñez, pagan cárcel como presuntos
autores intelectuales y luego son puestos en libertad. ¡Y es que la
prensa, más acuciosa que los policías, descubre la forja de un "testigo
estrella" -Giovanni Vásquez- que busca y entrena el propio Rodríguez
Díaz con apoyo de sus subalternos en el Ministerio Público. ¡Le exige
inventar los hechos y fabricar responsables a conveniencia! Tanto que
este poeta y profeta, con presciencia, escribe antes en un libro lo que
luego narra su testigo: "Abril comienza en Octubre".
La periodista María Angélica Correa pone al descubierto el tinglado que
monta Rodríguez Díaz. El propio Vásquez le confiesa haber recibido
500.000 dólares -del Ministerio del Interior a cargo de Jesse Chacón- a
cambio de servir como testigo ficticio. Cuenta de sus reuniones previas
con el fiscal Gilberto Landaeta e incluso con el diputado colombiano
Gustavo Petro, dirigente de la izquierda, recién electo Alcalde Mayor de
Bogotá. Habla de sus encuentros con dos militares, uno al servicio de la
Embajada de Venezuela en Colombia y otro de Inteligencia Militar, el
general Orlando Medina Miranda y el capitán Sahid Cabrera Terán. Le
cuenta, además, sobre la falsificación de varias actas en las que
declara falsamente y al azar implica a distintos actores, como al
Cardenal, la periodista Patricia Poleo, y un señor Pinchesky, entre
otros de los señalados. A unos se les persigue, a otros no según lo
decide el fiscal Rodríguez Díaz a su arbitrio o se lo instruyen desde el
Palacio de Miraflores, como en el caso del general Jaime Escalante, jefe
del Core 1 de la Guardia Nacional.
La valija
Otro periodista, desde Buenos Aires, Carlos Machado, intentando hurgar
sobre la valija de los 800.000 dólares salidos de Pdvsa -industria
petrolera oficial- que viajan desde Caracas para financiar la campaña de
la presidenta Cristina Kirchner y nos muestra, desdorosamente, cómo una
República de Maletines, se topa con el asesinato de Anderson. Revela una
coincidencia que pone los pelos de punta. Al fiscal asesinado lo
encargan de investigar a uno de los actores de la famosa valija y éste,
con el apoyo de dos antiguas víctimas de los hermanos Guevara -el
célebre narcotraficante Álex del Nogal y Ramiro Helmeyer- facilita el
doble ajuste de cuentas: cae Anderson y terminan presos éstos, quienes
como policías llevan a la cárcel a los responsables del asesinato de
Mario Patty y de los sobres bomba que explotan en 1993, en Caracas.
Salen en libertad en el 2000 y al paso declaran que "desde que llegó
Chávez a la Presidencia se está haciendo justicia en Venezuela". Pero a
todas estas -lo narra Machado- el hilo conductor entre tales actores es
el abogado Juan Carlos Sánchez.
En un hotel de Barquisimeto, por supuesto enfrentamiento con la policía
política, aparece muerto Sánchez, quien habría sido torturado en
Caracas. Y también muere ajusticiado, el día 23 de noviembre, antes o
después del anterior homicidio, el abogado de los hermanos Guevara,
Antonio López Castillo, hijo de la exsenadora Haydée Castillo de López
Acosta.
Pero Rodríguez Díaz tiene la mirada puesta sobre los hermanos Guevara, y
nadie más. En febrero de 2005 retira de las investigaciones al comisario
José Cuéllar, quien le presenta un informe de 116 páginas que "no le ha
pedido" e insiste en plantearle preocupado "un elemento importante que
tiene que ver con la supuesta participación de individualidades de la
Disip en la investigación".
Misiva
Hernando Contreras, quien es uno de los fiscales encargados del caso de
Anderson, hoy exilado en Estados Unidos, al cumplirse cinco años del
asesinato, en misiva que dirige a la actual fiscal general, Luisa Ortega
Díaz, le hace saber que su antecesor monta el diabólico teatro sobre el
homicidio para que nada se sepa. Y para ello cuenta con los jueces
Maikel Moreno, Belkis Cedeño, María Alejandra Rivas, Florencio Silano,
Luis Cabrera Araujo, Gumer Quintana, y la juez supremo Deyanira Nieves,
comadre del exfiscal Gilberto Landaeta, quien contacta como testigo a
Vásquez, su viejo amigo de la infancia. Un año antes, en 2008, denuncia
ante la misma Ortega a Rodríguez Díaz, antiguo vicepresidente y hoy
embajador en Roma. Lo acusa como responsable en la forja de las actas
del "testigo estrella" y de afirmar, luego de leerlas, que su contenido
debe consultarlo con "el Alto Gobierno ya que esa investigación es un
problema de Estado".
¡Y, ciertamente, es un problema para el Estado el silencio que aún
mantiene sobre este asesinato, que muestra visos como asesinato de
Estado! La fiscal Ortega -se dice en los mentideros- conoce un video en
el que uno de los jueces, acompañado por el hermano de un ministro del
régimen, cuenta cómo le presiona Rodríguez Díaz para el montaje: "Firme
eso, que esto es un asunto de Estado".
Manipulación
Agustín Blanco Muñoz, columnista y escribidor de oficio, expresa estar
preocupado por la eventual manipulación electoral de este crimen más
propio de las dictaduras del Cono Sur y no le falta razón. El inquilino
de Miraflores, hace pocos días, sin nombrarlo otra vez acusa de asesino
a Mezerhane, para al paso atacar a Globovisión. Y le resulta extraño a
Muñoz que José Vicente Rangel no se defienda -el mismo "testigo
estrella" lo acusa y Marisela Anderson lo califica de "asesino", según
6to Poder -limitándose a tachar como basura los señalamientos hacia su
persona. Mas el diputado Julio Montoya apunta hacia los "banqueros de la
revolución". Afirma, textualmente, que Anderson "estaba investigando
cómo dirigentes del Gobierno se convertían en banqueros y nuevos ricos,
y cómo un grupo de Casas de Bolsa venezolanas se involucraban en el
lavado de dinero proveniente de Pdvsa".
Pasados siete años de vacas flacas, por lo visto, llegarán los de las
vacas gordas y acaso una Venezuela decente, que ahora despierta, le haga
justicia a Danilo y al resto de las víctimas de un Estado que, por
acción u omisión, deriva en un verdadero establecimiento criminal.
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