Francisco Alarcón
Sábado, 5 de noviembre de 2011
Este gobierno se ha distinguido por incumplir con los compromisos
laborales de los trabajadores, no honrando las contrataciones
colectivas. Precisamente su talante es tratar de acabar con la actividad
privada e ir creando "organizaciones" sindicales paralelas para sepultar
el movimiento obrero.
Venezuela está en plena erosión como consecuencia de ello, nos
encontramos con las industrias fundamentales como Sidor virtualmente
quebradas, las universidades trabajando con las uñas, y con un salario
mínimo que no alcanza ni para cubrir los costos de la cesta básica
alimentaria. Sin embargo, abruptamente en estas condiciones el
Presidente les sube los sueldos a los militares y les aumenta los
beneficios para la obtención de créditos, cuando este sector ha sido
privilegiado perpendicularmente desde siempre. Han disfrutado de
abundantes prebendas económicas, con amplias factorías para el solaz de
sus miembros, tiendas con descuentos, círculos militares, etc.
Entretanto, la población civil pasa necesidades o no consigue los
alimentos en los anaqueles de los abastos y a los pensionados del Seguro
Social se les estipula un salario mínimo, sin cestatickets y sin ninguna
provisión para sus medicinas porque el Seguro no puede garantizarles su
suministro. Estas son las dos caras de la Venezuela del siglo XXI,
cuando a los militares se les enriquece con dinero y ascensos como nunca
antes pasó, al resto de la población se les desprecia y condena a la
pobreza. Y todavía Chávez dice "La burguesía nos odia lo que hicimos es
justo" siendo una discordancia afirmar que a los militares quieren
afrentarlos, cuando nadie se opone al incremento de sueldos, lo que pasa
es que debería ser extendible al resto de empleados, obreros y
pensionados al servicio del Estado. Igual como correspondería cumplir
los compromisos crematísticos con las alcaldías y gobernaciones no
oficialistas para que puedan efectuar los pagos pendientes y mejoras
salariales con su personal. Injustamente advertimos como el hambre ronda
los hogares venezolanos y los obreros estatales permanentemente elevan
sus banderas de protestas para tratar de alcanzar algunas
reivindicaciones, mientras a los militares se les aumenta
caprichosamente el 50% de sus sueldos.
En un país de indigentes, en un país donde todo escasea: rubros
alimenticios, medicinas, repuestos y bienes en general. En un país de
apagones de luz y abandonado no precisamente por la falta de recursos
económicos. Todos conocemos de los inmensos ingresos de la renta
petrolera que fueron malgastados, y que no llegaron a manos del pueblo
sino en míseras ayudas con las llamadas misiones, creadas por el
capitoste de la "revolución" para sus fines políticos.
En estos momentos de grandes expectativas de cambio para Venezuela, y
notando un régimen tambaleante que parece claudicar por si mismo,
resulta peregrino un aumento de sueldos a los militares. Escribió en
días pasados Rafael Poleo "algo grave debe estar pasando para que Chávez
aumente el 50% de sueldo a los militares" igual de grave pudiera estar
ocurriendo en la sociedad civil sin que el presidente se percate o
quiera aceptarlo. Una nación donde las protestas diarias son de rutinas
y donde el salario mínimo no se corresponde con las necesidades de
quienes lo devengan. Donde los pensionados del IVSS están expuestos a la
miseria cuando no les alcanza ni siquiera para comer, y además de eso,
deben hacer largas colas desde la madrugada en los bancos para cobrar
la sufrida remesa. Bajo este escenario se les sube el sueldo a los
militares un 50%.
No comments:
Post a Comment