Fernando Egaña
Domingo, 6 de noviembre de 2011
En materia de talante personal, no parece haber novedades sino
antigüedades. El mismo resentimiento que es imposible de ocultar. La
misma dedicación al insulto del adversario. El mismo engreimiento sin
justificación valedera. "Ningún candidato tiene mi ranking", afirmo días
atrás, en una muestra evidente de renovada humildad personal.
La maquinaria de propaganda roja anda muy atareada tratando de hacer
creer a los venezolanos que ahora hay un nuevo señor Chávez, suerte de
encarnación del "hombre nuevo" de la revolución, repotenciado en el soma
e iluminado en la psique. Y naturalmente que listo y presto para
continuar en el poder...hasta que el cuerpo aguante.
De esto último, por cierto, es preferible no comentar, desde luego que
el diagnóstico y el pronóstico oncológico se mantienen en un secreto
blindado que, acaso, sólo Fidel Castro conocerá a cabalidad. Pero del
proclamado renacimiento del señor Chávez, nadie mejor que él mismo para
desmentirlo sin tapujos.
En materia de talante personal, no parece haber novedades sino
antigüedades. El mismo resentimiento que es imposible de ocultar. La
misma dedicación al insulto del adversario. El mismo engreimiento sin
justificación valedera. "Ningún candidato tiene mi ranking", afirmo días
atrás, en una muestra evidente de renovada humildad personal.
La única diferencia en el culto a su personalidad es que se ha vuelto
más descarado. Tanto de su parte, por ejemplo, con los vivas a sí mismo;
como en boca de sus acólitos que no escatiman metáfora o analogía para
adular. La más reciente "línea de acción" es la seudo-religiosa, quizá
una etapa superior a la "seudo-histórica" de preferencia tradicional.
Pero el mecate es el mismo.
Y en el departamento de las "iniciativas de gobierno", la misma y
acostumbrada mezcolanza de embuste con atropello. Qué si una supuesta
"Gran Misión Saber y Trabajo" para crear millones de empleos... en los
años por venir. Qué si el anuncio de nuevas expropiaciones --perdón,
asaltos a mano armada-- a empresas productivas. Qué si el fondo chino o
el presupuesto de Giordani o la fábrica de satélites, etc., etc. Nada
nuevo, obviamente.
La misma persecución a la libertad de expresión. La misma instigación a
la autocensura. La misma amenaza y los mismos zarpazos a la propiedad
ajena. El mismo empeño en mandar a billetazo limpio. El proceder
gubernativo no ha cambiado sino se ha reforzado con el supuesto "nuevo
Chávez".
En materia de delirios propagandísticos tampoco hay noticias frescas,
porque advertir a las "potencias imperialistas que no se atrevan a
aplicarnos la fórmula Libia", no es más que la misma cantata refritada
para darse importancia y tratar de colocarse cerca de la candela
informativa en el ámbito internacional, sin demasiados resultados, por
lo demás.
Y aunque el comandante-presidente jure que no está en campaña, no hace
otra cosa que campaña proselitista con miras al continuismo del 2012. Y
en eso no hay diferencia alguna con el "viejo Chávez", siempre dedicado
a la promoción personal y política, mientras el país se derruye hasta
los cimientos. ¿Nuevo Chávez? A otro con esa coba.
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