Gerardo Blyde
Sábado, 5 de noviembre de 2011
A once años de vigencia de la Constitución que pretendió refundar el
Estado y dentro de ello reformar el sistema judicial, nada importante se
ha hecho. Las viejas tribus fueron sustituidas por nuevas tribus, el
colapso de causas en los tribunales se mantiene, la falta de justicia
oportuna es la regla y la impunidad crece cada día
La impunidad es, sin duda, el gran reto a vencer en un país en el cual
muchos hacemos esfuerzos diarios para combatir la delincuencia pero,
tristemente, al tiempo se liberan a los delincuentes. Mientras quien
delinque tenga la certeza de que aun cuando sea atrapado será liberado,
la inseguridad en el país no disminuirá. Sólo en el mes de octubre en
Baruta nuestra policía municipal logró desmantelar a tres bandas de
delincuencia organizada dedicadas al secuestro express, y robo de
viviendas y de vehículos.
Cuando se promulgó la nueva Constitución se nombró una comisión de
reforma del Poder Judicial. La base de los planteamientos que allí se
hicieron giraban en dos sentidos: aumentar el número de jueces para
descongestionar el número de causas por juez y realizar serios concursos
de oposición a los fines de nombrar jueces probos e independientes. Se
criticaba fuertemente lo que se denominaban las tribus judiciales, era
sabido que jueces complacientes servían a los intereses de escritorios
jurídicos poderosos.
Lo primero se hizo a medias, aún son insuficientes el número de jueces y
siguen totalmente congestionados los tribunales, repletos de causas que
no avanzan con la celeridad necesaria. Siempre se ha dicho que justicia
tardía no es justicia. Entonces en Venezuela simplemente no hay
justicia. Lo segundo, los concursos, se quedaron en veremos, se hacen
algunos como para cumplir, pero ¿quién puede decir que tenemos un
sistema judicial repleto de jueces independientes?
Lo cierto es que, a once años de vigencia de la Constitución que
pretendió refundar el Estado y dentro de ello reformar el sistema
judicial, nada importante se ha hecho. Las viejas tribus fueron
sustituidas por nuevas tribus, el colapso de causas en los tribunales se
mantiene, la falta de justicia oportuna es la regla y, como
consecuencia, la impunidad crece cada día.
El 75% de los delincuentes que son atrapados hoy en flagrancia en todo
el país, son liberados en las siguientes 72 horas por los tribunales.
Cuando son atrapados de nuevo, salta que los delincuentes en cuestión en
muchos casos gozaban de un beneficio de régimen de presentación. Un juez
los había soltado y, por supuesto, continuaron con sus prácticas delictivas.
Se pueden tener las policías más eficientes del mundo (que no las
tenemos) pero si no hay condena al delito, no habrá una política de
Estado seria en materia de seguridad. Hoy los venezolanos viven
aterrados y los índices de homicidios crecen de manera exponencial. Si
antes estábamos mal, luego de 12 años de revolución chavista estamos
mucho peor.
La seguridad abarca el tener buenos cuerpos policiales bien equipados,
profesionalizados; un excelente cuerpo de investigación científica con
dotación tecnológica para poder realizar sus labores con eficiencia;
miles de Fiscales del Ministerio Público para que cada fiscal no tenga
sobre su escritorio un promedio de dos mil casos; miles de jueces
independientes que apliquen justicia y, finalmente, centros
penitenciarios en los que se respeten los derechos humanos y no se
permita el funcionamiento de bandas que los controlen.
Mientras se destinan recursos cuantiosos para la adquisición de armas de
guerra, modelo que se repite de nuevo en el presupuesto del próximo año,
al sistema judicial venezolano no se le destinan los recursos que
debería tener para que sea la herramienta eficiente que se requiere para
el combate del delito. Es por ello que la inseguridad ha crecido. La
inseguridad no ha estado en la agenda del Gobierno Nacional hasta que
finalmente le reventó en la cara el reclamo de las miles de madres que
pierden a sus hijos en la espantosa guerra en la que vivimos todos a
diario. El Gobierno trabajó muy bien para desmantelar el viejo Poder
Judicial, que había que desmantelarlo, pero lejos de construir un nuevo
sistema eficiente e independiente, lo que terminó creando fue un Poder
Judicial sumiso a sus designios. Su ambición de controlarlo todo y de
ser la cabeza de todos, el modelo hegemónico del poder, es el mismo
modelo que ha usado para montar un Poder Judicial ineficiente y, por
tanto, que contribuye con la impunidad.
El próximo año elegiremos a un nuevo Presidente. Muchos esperamos que
quien sea electo entienda a profundidad este inmenso problema, el más
importante que enfrentamos todos los venezolanos. Una vez que lo
entienda estará convencido de que no debe someter al Poder Judicial a
sus designios y, por tanto, le otorgará a todo el sistema judicial los
recursos necesarios para que pueda hacerse funcional. Es hora de parar
una carrera armamentista para guerras imaginarias y destinarle recursos
al primer problema de todos los venezolanos.
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