Fernando Luis Egaña
Sábado, 3 de diciembre de 2011
El potencial de Venezuela, aún y con el paso corrosivo del des-gobierno
bolivarista, podría hacer factible la construcción de medio millón de
viviendas por año. Pero ello será realidad cuando el país supere el
entramado de incuria y falseamiento que le aprisiona
Según la propaganda oficial más reciente, la llamada misión vivienda
habría completado la unidad número 100.000 a finales de noviembre, y de
hecho el evento fue difundido con todos los hierros de la maquinaria
publicitaria de la "revolución".
Esa cifra, por cierto, es mayor que las ya ofrecidas por otros
personeros gubernativos que, a su vez, tampoco coincidían entre sí. Pero
desde que el señor Chávez dijo 100 mil, pues todos los demás repiten lo
mismo.
De acuerdo con Julio Borges, la realidad es muy distinta y la
cantidad de viviendas terminadas por la referida misión se ubica en algo
más de 30.000. Lo que ya sería un avance con respecto a lo realizado a
lo largo de estos años revolucionarios, en los que el desarrollo
habitacional por parte del Estado se vino al suelo.
Como la credibilidad estadística no es el fuerte del régimen, uno
tiene motivos para dudar del alegato oficial, pero además hay diversas
razones que ayudan a sustentar la duda. La primera, desde luego, es la
ejecutoria de los gobiernos de Chávez en materia de vivienda.
Al fin y al cabo, está suficientemente documentado que en la
década 1999-2009 el Estado construyó menos viviendas que en cualquiera
de los quinquenios de gobierno entre 1969 y 1999. Y con una suma de
recursos presupuestarios muy superior, mídase en bolívares constantes o
en dólares.
La segunda, es que las cifras de la misión vivienda también
incluyen las ejecutadas por el sector privado en el marco misionero. Y
el sector privado venezolano en el campo de la construcción nunca había
estado tan de capa caída como en el presente. El propio BCV confirmó una
caída de 9% del ramo construcción en los primeros meses del 2011.
La tercera, es que los anunciados planes de viviendas chinas,
iraníes, portuguesas, uruguayas y hasta turcas, han terminado por ser
mucha más bulla que cabuya. Y si acaso. Tanto es así, que ya se apela
poco a estas promesas de "cooperación internacional" para adornar los
magros resultados.
Y por si todo ello fuera poco, tenemos que de las más de 100 mil
familias caraqueñas damnificadas del invierno del 2010, que desde
entonces sobreviven en diversos refugios capitalinos, apenas si 5 mil
han sido ubicadas en nuevas viviendas.
Y esto para nada es consistente con la supuesta cifra de 100 mil
viviendas completadas, porque se supone que las familias refugiadas
tendrían la prioridad absoluta en la adjudicación habitacional. El
contraste de un renglón con otro sólo permite concluir que el tamaño de
inconsistencia es de marca mayor.
Ahora bien, en el supuesto negado de que la propaganda roja fuera
cierta, las 100 mil casitas no serían, ni mucho menos, un logro
histórico sino la demostración de un fracaso histórico. Exactamente lo
contrario de lo que se alardea.
Recuérdese que en 1973, hace casi 40 años, con el barril de
petróleo en 3 dólares y con una población de 13 millones de habitantes,
en Venezuela se certificó la construcción de 100 mil viviendas.
Y entonces, el que cuatro décadas más tarde, con el barril de
petróleo encima de los 100 dólares y con una población cercana a los 30
millones de personas, sólo se complete la misma cantidad de viviendas
que en 1973, no se podría apreciar como una hazaña sino como una desgracia.
Desgracia todavía más abismal si entendemos, como debe
entenderse, que las supuestas 100 mil casitas del 2011 existen más en el
dominio de la propaganda que en el de la realidad concreta de las
familias venezolanas.
El potencial de Venezuela, aún y con el paso corrosivo del
des-gobierno bolivarista, podría hacer factible la construcción de medio
millón de viviendas por año. Pero ello será realidad cuando el país
supere el entramado de incuria y falseamiento que le aprisiona.
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