Viernes, 23 de diciembre de 2011
Como estamos en la víspera de la Navidad nos unimos a tantos otros que
piden y aspiran a que el Presidente de muestras de concordia y decrete
un amnistía a los presos políticos para que la familia venezolana
inicie el camino del reencuentro y de la paz
La compasión no es una virtud que caracterice a los miembros del
llamado proceso revolucionario. A pesar de las reiteradas solicitudes
hechas por el antiguo compañero de ruta, Noam Chomsky , no parece
existir la menor disposición por liberar a la juez Afiuni .
Pero ¿quién se acuerda fuera de nuestro país de exigir la libertad de
tantos otros presos políticos que, o están injustamente condenados por
algún obsecuente tribunal, o esperan que algún día algún magistrado se
digne a sentenciarlos mientras pasa el tiempo y ellos siguen detenidos
sin que se aplique aquel principio general del derecho penal que presume
la inocencia del reo hasta tanto no sea judicialmente condenado.?
Cuando se realizaron los juicios de Moscú, en los años treinta muchos
fuera de la URSS creyeron que los antiguos líderes bolcheviques que
se confesaban culpables de ser contrarevolucionarios lo eran de
verdad y no como se supo luego que esas declaraciones públicas fueron
producto de torturas físicas o psicológicas. Lo mismo ocurrió, aunque en
menor escala, en La Habana basta recordar el caso Padilla o más
recientemente el del General Ochoa.
Los regímenes comunistas son especialistas en los montajes publicitarios
y por lo general han logrado, al menos por un tiempo, confundir a la
opinión pública internacional.
Como estamos en la víspera de la Navidad nos unimos a tantos otros que
piden y aspiran a que el Presidente de muestras de concordia y decrete
un amnistía a los presos políticos para que la familia venezolana
inicie el camino del reencuentro y de la paz.
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