Sunday, April 13, 2014

La oposición venezolana arrasa

La oposición venezolana arrasa
CARLOS ALBERTO MONTANER | Miami | 12 Abr 2014 - 1:39 pm.

A Nicolás Maduro le salió muy mal la primera ronda de conversaciones en
el palacio de Miraflores.

A Nicolás Maduro le salió muy mal la primera ronda de conversaciones en
el palacio de Miraflores. No solo de consignas vive el hombre. Él, su
gobierno, y media Venezuela, por primera vez debieron (o pudieron)
escuchar en silencio las quejas y recriminaciones de una oposición que
representa, cuando menos, a la mitad del país.

El revolucionario es una criatura voraz y extraña que se alimenta de
palabras huecas. Era muy fácil declamar el discurso ideológico
socialista con voz engolada y la mirada perdida en el espacio, tal vez
en busca de pajaritos parlantes o de rostros milagrosos que aparecen en
los muros, mientras se acusa a las víctimas de ser fascistas, burgueses,
o cualquier imbecilidad que le pase por la cabeza al gobernante.

El oficialismo habló de la revolución en abstracto. La oposición habló
de la vida cotidiana. Para los espectadores no dogmáticos el resultado
fue obvio: la oposición arrasó.

Es imposible defenderse de la falta de leche, de la evidencia de que ese
pésimo gobierno ha destruido el aparato productivo, de la inflación, de
la huida en masa de los venezolanos más laboriosos, de las pruebas de la
corrupción más escandalosa que ha sufrido el país, del saqueo perpetrado
diariamente por la menesterosa metrópoli cubana, del hecho terrible que
el año pasado fueron asesinados impunemente 25.000 venezolanos por una
delincuencia que aumenta todos los días.

¿Por qué Maduro creó esa guarimba antigubernamental en Miraflores? ¿Por
qué pagó el precio de dañar inmensamente la imagen del chavismo y
mostrar su propia debilidad dándole tribuna a la oposición?

Tenía dos objetivos claros y no los logró. El primero era tratar de
calmar las protestas y sacar a los jóvenes de las calles. El "Movimiento
Estudiantil" —la institución más respetada del país, de acuerdo con la
encuesta de Alfredo Keller— había logrado paralizar a Venezuela y
mostrar las imágenes de un régimen opresivo patrullado por paramilitares
y Guardias Nacionales que se comportaban con la crueldad de los
ejércitos de ocupación y ya habían provocado 40 asesinatos.

El segundo objetivo era reparar su imagen y la del régimen. Las
encuestas lo demostraban: están en caída libre. Ya Maduro va detrás de
la oposición por unos 18 puntos. Lo culpan (incluso su propia gente) de
haber hundido el proyecto chavista y de ser responsable del
desabastecimiento y de la violencia. Casi nadie se cree el cuento de que
se trata de una conspiración de los comerciantes y de Estados Unidos. La
inmensa mayoría del país (81%) respalda la existencia de empresas
privadas. Dos de cada tres venezolanos tienen la peor opinión del
Gobierno cubano.

Ese fenómeno posee un alto costo político internacional. Ciento noventa
y ocho parlamentarios sudamericanos de diversos países, encabezados por
la diputada argentina Cornelia Schmidt, se personaron ante la Corte
Penal Internacional de La Haya para acusar a Maduro de genocidio,
torturas y asesinatos. Eso es muy serio. Puede acabar enrejado, como
Milosevic.

Ser chavista sale muy caro. Lo comprobó el candidato costarricense José
María Villalta. Esa (justa) acusación lo pulverizó en las urnas. En una
encuesta realizada por Ipsos en Perú se confirmó que el 94% del país
rechaza a Maduro y al chavismo. Eso lo sabe Ollanta Humala, quien hoy
pone una distancia prudente con Caracas. Ni siquiera al popular Lula da
Silva le convienen esas amistades peligrosas. Solo Rafael Correa, quien
padece una notable confusión de valores y no entiende lo que son la
libertad y la democracia (en Miami se empeñó en defender a la dictadura
de los Castro), insiste en su inquebrantable amistad con Maduro.

La oposición, como dijo Julio Borges, va a seguir en las calles y, por
supuesto, continuará dialogando con el régimen. ¿Hasta cuando? Hasta que
suelten a los presos políticos, incluidos los alcaldes opositores,
restituyan sus derechos a María Corina Machado y Leopoldo López. Hasta
que el régimen renuncie al tutelaje vergonzoso e incosteable de La
Habana, configure un Consejo Nacional Electoral neutral y le devuelva la
independencia al Poder Judicial. Hasta que el Gobierno desista de la
deriva comunista y admita que los venezolanos no quieren "navegar hacia
el mar cubano de la felicidad".

En definitiva, hasta que celebren unas elecciones limpias, con
observadores imparciales y se confirme lo que realmente quiere el
pueblo: que se vayan Maduro y sus cómplices.

http://www.diariodecuba.com/internacional/1397302781_8109.html

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