Venezuela
El poder de los malandros: Parlamento a puñetazos
Golpizas contra parlamentarios opositores en Venezuela
Eugenio Yáñez, Miami | 02/05/2013 11:20 am
La Asamblea Nacional venezolana ha llegado a extremos en estos días que
ni en los peores momentos del corrupto senado del imperio romano,
golpeando y pateando incluso a mujeres indefensas.
En la década de los sesenta del siglo pasado, cuando las guerrillas en
las montañas y ciudades sembraban el terror y la violencia en Venezuela,
con el apoyo abierto de La Habana a través de "internacionalistas" como
los después generales cubanos Arnaldo Ochoa Sánchez, Ulises Rosales del
Toro y Raúl Menéndez Tomassevich, entre otros, los cuerpos legislativos
del país siguieron siendo ejemplo de conducta civilizada y respeto a la
legalidad, y en sus reuniones, donde participaban legisladores del
Partido Comunista y otras agrupaciones vinculadas a la lucha armada, se
discutía abiertamente, se proponía legislación, y se llegaba a acuerdos,
sin que a nadie se le ocurriera que debería golpear a quienes votaban en
contra de la mayoría, y mucho menos si se trataba de mujeres.
Sin embargo, en estos días todos esos principios elementales de
convivencia democrática se han venido abajo en Venezuela, y las salas de
la Asamblea Nacional cada vez se parecen más a las calles de la Cuba
castrista donde el "pueblo enardecido" arremete contra disidentes de
ambos sexos cada vez que los aparatos represivos consideran necesario
hacerlo.
En honor a la verdad, en vida de Hugo Chávez no se llegaba a esos
extremos: el caudillo imponía su voluntad y sus arbitrariedades a
gritos, amenazas e insultos, pero no se llegaba a la violencia física en
los recintos de la Asamblea. No hacía falta.
El gobierno de Nicolás Maduro, proclamado presidente con una exigua
minoría que la oposición cuestiona como fraudulenta, y que demuestra la
polarización extrema del país, se siente débil y temeroso, y añora la
fortaleza con que se comportaba el teniente-coronel de Barinas durante
los casi catorce años que ejerció el poder, hasta su muerte. Pero ni el
liderazgo ni el carisma se heredan.
La oposición se ha negado a reconocer la victoria de Maduro sin un
recuento de votos, que el Consejo Nacional Electoral no pretende
realizar, pero el oficialismo se las agenció para presentarse como justo
vencedor ante los gobernantes latinoamericanos que asistieron o enviaron
sus representantes a la toma de posesión del nuevo gobierno el pasado 19
de abril, y los gobiernos del continente que no dieron su bendición al
heredero de Chávez tampoco lo rechazaron abiertamente.
Henrique Capriles se refiere despectivamente a Nicolás Maduro como el
"Gran Enchufado", y opositores en la Asamblea se niegan a reconocerlo
como Presidente. El contragolpe oficialista es brutal.
No hay odio más abyecto que el del imbécil que cree cuestionado su
poder, escribía André Malraux en La Condición Humana, y Nicolás Maduro
es un ejemplo de esa lapidaria descripción, no porque sea un imbécil,
sino porque es un mediocre, y siente inseguridad ante los
cuestionamientos de la oposición, sabiendo que hubo fraudes en las
elecciones, si no de robo de urnas o abiertos pucherazos al estilo del
mítico San Nicolás del Peladero, al menos al haberse diseñado por el
chavismo un mecanismo electoral para que la oposición nunca pudiera
triunfar. En realidad los chavistas desean una Asamblea Nacional como la
castrista, donde la unanimidad es la norma.
El no reconocimiento público de Nicolás Maduro como presidente por parte
de diputados opositores es un reto muy significativo que puede crear
tensiones y violencias aun mayores que las ya vividas, pero la solución
que se le ha ocurrido a Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea y
compinche —por el momento— del flamante nuevo presidente venezolano, de
no dar la palabra a los diputados opositores, además de proponer
retirarles el sueldo, atropellos que se imponen fácilmente gracias a la
mayoría de legisladores oficialistas que no consideran necesario
respetar las leyes y las normas de la democracia, llega a extremos que
en nada contribuyen a solucionar el problema.
En términos de técnicas de negociación, la actitud del oficialismo
venezolano en la Asamblea Nacional es un clásico ejemplo de cómo NO se
debe proceder cuando se pretende solucionar un conflicto entre
posiciones diferentes. Refleja a la perfección los conceptos políticos
de personajes como Adolfo Hitler, Idi Amín Dada, José Stalin, Fidel
Castro, Kim Jong-un, Pol Pot o Muamar el Gadafi sobre cómo manejar a los
que se enfrentan al poder: primer paso, presiones sutiles o intentos de
soborno con algún tipo de zanahoria moral o material, siempre que
estimule el ego; segundo paso, amenazas abiertas, sin demasiada
diplomacia ni lenguaje elegante; tercer paso: violencia física directa
sin contemplaciones de ningún tipo, que puede llamarse desfile de
camisas pardas, visitas de la KGB o la Stasi, mítines de repudio en
plena calle y a la luz del día, revolución cultural, internamiento en
campos de "reeducación", o simplemente el tiro en la nuca en los sótanos
de una mazmorra, dejar morir a un prisionero en huelga de hambre, o un
paripé de juicio justo y a continuación un fusilamiento "ejemplarizante".
Por ese camino se podrá mantener el poder a sangre y fuego, pero nunca
se edificará una nación, independiente del lenguaje incendiario y
"revolucionario": así no se construye una nación donde se respeten el
Estado de derecho, las libertades individuales y la convivencia
democrática. Una nación donde valga la pena vivir y esforzarse para
salir adelante, personal y socialmente.
Por ese camino, solamente se podrá desarrollar una "revolución", y ya
sabemos lo que significa y lo que trae por resultado en nuestros días,
sea en Cuba, Venezuela, Siria, Irán o Corea del Norte: crisis económica,
sociedades divididas, militarismo, intolerancia, caudillos,
ineficiencia, miseria, separación familiar, presos políticos, exiliados,
odio, violencia.
Eso es lo que ocurre cuando llegan al poder los malandros disfrazados de
revolucionarios —valga la redundancia.
http://www.cubaencuentro.com/internacional/articulos/el-poder-de-los-malandros-parlamento-a-punetazos-284046
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