Tuesday, December 6, 2011

Los fanáticos de Huguito

Los fanáticos de Huguito
Juan Carlos Apitz
Martes, 6 de diciembre de 2011

Esos grupos paragubernamentales de nuestras universidades non son más
que unos terroristas, unos fanáticos. Pocos son, sin embargo, los actos
terroristas coronados por el éxito, en el sentido de su anhelado cambio
social. Los regicidas y los tiranicidas no han conseguido nada, fuera de
inscribir sus nombres en las crónicas policiales.

¿Qué impulsa a los grupos paragubernamentales que permanecen en la UCV a
cometer actos vandálicos contra el recinto académico e innumerables
actos violentos contra sus estudiantes, profesores, empleados y
obreros?Aquel famoso "Mensaje a la Tricontinental" de Ernesto "Che"
Guevara: "El odio como factor de lucha, el odio intransigente al
enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser
humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría
máquina de matar.

Nuestros soldados tienen que ser así", muestra la patología en la que
incurren los partidarios de la violencia revolucionaria; es un exhorto
al revolucionario a que se despoje por completo de todo rastro de
humanidad para convertirse, voluntariamente, en una impensante maquinita
impulsada por una doctrina gaseosa. Esa doctrina gaseosa es el
socialismo marxista, enemistado a muerte con la democracia liberal, a la
que tacha como máscara de la explotación capitalista.

Ese socialismo quiere acabar con la propiedad privada de los medios de
producción, colectivizar la tierra, nacionalizar las
empresas,centralizar y planificar la economía e instalar la dictadura
del proletariado como paso inicial hacia la futura sociedad sin clases.
Sólo que ese socialismo marxista desapareció con la desintegración de la
Unión Soviética y la conversión de China Popular al capitalismo
autoritario del partido único. Su epitafio fue la caída del Muro de
Berlín, hace diez años. Sus sobrevivientes, como Corea del Norte y Cuba,
son anacronismos en vías de extinción.

Esos grupos paragubernamentales de nuestras universidades non son más
que unos terroristas, unos fanáticos. Pocos son, sin embargo, los actos
terroristas coronados por el éxito, en el sentido de su anhelado cambio
social. Los regicidas y los tiranicidas no han conseguido nada, fuera de
inscribir sus nombres en las crónicas policiales o, más bien, en los
simples apéndices históricos. Los terroristas, por lo común, no
conquistan el poder, y cuando llegan a conquistarlo no hacen más que
implantar un puro gobierno terrorista.

Luego, del mero hecho de que la violencia, para ellos, suela estar
justificada no se desprende que usar y abusar de ella resulte eficaz
para provocar un cambio deseable. Por lo general, la violencia es
ineficaz. En efecto, los terroristas rusos del siglo XIX, aun si se
considera que tuvieron suficientes justificaciones para su lucha, con
sus atentados espectaculares no lograron provocar cambios favorables en
el zarismo, ni la soñada revolución. La revolución, cuando por fin
estalló, se debió a causas totalmente distintas, y no tardaría en dar
lugar a un gobierno que ejercería el terror estatal en una escala tal
vez nunca antes conocida en la historia. Los terroristas del siglo XIX
hablaban de una revolución, pero en verdad resulta un tanto difícil
conferir un contenido claro a sus sueños y profecías.

¡Señores, dejen de ser unos fanáticos! Nuestra democracia y autonomía
universitaria reclama tolerancia. Ser tolerante no es ser débil, sino
ser lo suficientemente fuerte y estar lo suficientemente seguro de las
propias elecciones como para convivir sin escándalo ni sobresalto con lo
diverso, siempre que se atenga a las leyes. Lo que realmente se opone a
la tolerancia es el fanatismo, propio muchas veces no de los más
convencidos sino de quienes pretenden acallar sus propias dudas cerrando
la boca y maniatando a los demás.

Como bien dijo Nietzsche, "el fanatismo es la única fuerza de voluntad
de la que son capaces los débiles".

justiciapitz@hotmail.com

http://www.analitica.com/va/politica/opinion/2843276.asp

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