Humberto Seijas Pittaluga
Martes, 20 de diciembre de 2011
Los tubazos a Diego Arria en la Cátedra "Pío Tamayo", los disparos a
María Corina en el 23 de enero, los golpes a Julio Borges solo difieren
de la avilantez criminal cometida contra el niño de Guanare en el tamaño
de la vileza.
La muertamentazón que ocurre en Venezuela es un fenómeno reciente;
nosotros no éramos así. Siempre hubo el lance sangriento por asuntos de
faldas, la venganza por una cuita, la estupidez cometida por un
borracho. Pero en ellas no aparecía la sevicia. Ese ingrediente es nuevo
por estos lados. Dos, creo yo, son los causantes. Y ninguno de ellos es
la pobreza, como sugieren por ahí. Estudios muy serios de criminólogos,
psiquiatras, sociólogos y antropólogos en todo el mundo se encargan de
desmontar esa opinión. En nuestro país abundaban —y todavía abundan— los
"PPH", pobres pero honrados.
Uno de los causantes es la televisión. Los de cierta edad crecimos con
John Wayne, Errol Flynn y Gary Cooper dirimiendo sus problemas con los
villanos, a mediodía en punto, en el medio de la calle principal del
pueblo. Y el asunto terminaba con un único tiro disparado certeramente
por el revólver del "muchacho". Mejor dicho, dos, porque el "bandido"
también disparaba pero la bala pegaba en tierra. Hoy, lo que uno ve es a
los protagonistas de "Duro de matar", "24" y otros thrillers parecidos
descargar el cargador entero de su pistola al malo. ¡Ojo!, reconozco que
esa forma de actuar es la debida, tácticamente hablando. Pero de que
condiciona más a los "landros" gatillo-alegre, los condiciona.
El otro es la ideología de un régimen cuyo objetivo es mantenerse en el
poder a toda costa, sin importar cuán inmoral, o simplemente criminal,
es lo que hace o preconiza. La bendición descarada de Tiburón Uno, a
inicios de su desgobierno, a quienes robasen con el alegato del hambre
ya daba a conocer por dónde vendrían las cosas. El insano discurso que
transpira odio que viene de lo más alto —agravado por el silencio
cómplice (cuando no la decisión artera) desde la Fiscalía, el Tribunal
de la Suprema Injusticia y la Defensoría del Jefe— ha enfermado
mortalmente a la nación. Descarados delitos de acción pública son
cometidos sin que siquiera un reproche sea emitido. Por el contrario,
son objeto de comentarios o decisiones laudatorias. Resulta que ahora no
es delito decirle HDP a alguien desde un programa de televisión
"animado" por un reputado drogómano que a su vez se "anima" con polvos
blancos antes de la emisión de su bazofia ¡desde una emisora pagada por
todos nosotros! Eso es "libertad de expresión". Resulta que ahora,
porque hay que seguir metiendo la cizaña divisiva, la invasión de
propiedades privadas ya no será considerada un delito, sin importar que
aparezca tipificada en el Código Penal, sin importar que junto con esta
vengan, concomitantemente, otros delitos como el robo, la perturbación
del orden, la destrucción de bienes e incendios. Resulta que, por
decisión judicial "offside", un individuo que por años y años ha venido
perturbando la paz en una universidad, al que se le ha levantado varios
expedientes por eso, no puede ser expulsado. Y, para "más piol", es
abrazado y declarado héroe nacional por el Gran Patán, quien creía que
con eso le iba a conseguir el triunfo en las elecciones estudiantiles.
El "héroe", envalentonado, al ver que no llegó ni al 10% de los votos, y
que el esfuerzo del Enfermito fue nulo, manteniéndose fiel a la
ideología violenta del PUS no tuvo otra ocurrencia que aplicar la de
Jalisco —que cuando pierde, arrebata, según el corrido— tratar de acabar
con los escrutinios, Fallidamente, a Dios gracias.
¡Qué contradicción tan grande eso de que personas que fueron formadas en
esas universidades, en las cuales tuvieron la oportunidad de estudiar
todas las doctrinas políticas, inclusive la que profesan, sean quienes
estén empeñados en que haya un solo libro, un solo pensamiento, una sola
idea; que sean ministros al servicio de la barbarie! Que un ágrafo como
Soto Rojas crea que eso de regimentar el pensamiento es lo correcto,
pase. Sería pedir peras al olmo. Pero que Rodríguez Araque, la Hanson,
Giordani, Navarro y otros cavilen así y contribuyan a ese despropósito
es preocupante. Porque piensan solo en el mantenimiento del poder, sin
importarles el daño que le hacen al futuro del país. Pareciera que no
saben (o no les interesa) que hay intereses nacionales que
obligatoriamente tienen estar por encima de las pasiones partidistas;
que los grandes objetivos nacionales deben preponderar sobre las
mezquinas apetencias de poder.
Los tubazos a Diego Arria en la Cátedra "Pío Tamayo", los disparos a
María Corina en el 23 de enero, los golpes a Julio Borges solo difieren
de la avilantez criminal cometida contra el niño de Guanare en el tamaño
de la vileza. Pero el origen es idéntico: un régimen que tiene como
objetivo final el logro de la hegemonía, que no contempla la
alternancia; uno que se disfraza de demócrata para que puertas afuera no
se enteren de la tiranía; uno que para el logro de esos fines no tiene
el menor empacho en pisotear legalidad, rectitud y virtudes.
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