Saturday, December 3, 2011

"Eres un hijo de puta"

"Eres un hijo de puta"
Andrés Simón Moreno Arreche
Sábado, 3 de diciembre de 2011

Esa expresión: "Eres un hijo de puta" bastaron para que yo me liara a
puñetazos con mi vecino de la infancia, Jimmy Dávila, allá en la
lejanísima distancia de mis once años, sobre las asperosidades de la
acera de la Jefferson Street, aquel inolvidable y primaveral viernes de
junio cuando regresábamos de clases. Apenas habíamos bajado del autobús
escolar y la imprecación cayó sobre los cuidados jardines de la bucólica
Bethesda, con la sórdida fetidez de una deposición canina en los siempre
verdes engramados de aquel suburbio de clase media en el que viví hasta
entrar al servicio militar. De inmediato, un corrillo de amiguetes nos
proveyó del necesario marco de referencia física, hasta que mi madre y
la señora Sarita, la madre de mi ofensor, nos separaron.

No existía para mí una ofensa más terrible que aquella. El honor de la
familia y la honra personal estaban en juego si no se reaccionaba ante
tal injuria con otra equivalente, que yo entonces desconocía, o con la
agresión física para lavar con sangre el manto de pecado de aquellas
palabras. Pero Jimmy era, además de bocón, más grande y fuerte que yo,
de manera que solo pude acertarle un par de manotazos, mientras que él
me asestó un par de puños que aún siento, 50 años después, como si los
recibiera hace cinco minutos. Y así, con mi propia sangre y un extenso
morado sobre mi ojo izquierdo, quedó 'lavado' mi honor personal y la
honra de mi madre ante la estridente chiquillería de aquel suburbio en
las afueras de Washington.

Desde entonces esa expresión se convirtió en la espoleta semánticas que
detona lo más irascible de mi carácter, pero en esta rocambolesca e
inefable robolución rojita, de valores bizarros y con una boyante
anticultura de la ofensa, me entero que tales expresiones no son
difamantes ni una ofensa injuriosa, sino la más libérrima opinión de
alguien. Así lo determinó Dinora Yosmar González, juez del Tribunal 15ª
de Juicio de Caracas, quien exoneró de responsabilidad penal a Mario
Silva, conductor del programa La Hojilla que transmite Venezolana de
Televisión, por los delitos de difamación e injuria agravadas por haber
llamado "Hijo de puta" a Miguel Henrique Otero, presidente editor de El
Nacional. Sostuvo la Dra. González en su sentencia que... "Llamar "hijo
de puta" a una persona no es injuria sino que corresponde a la libertad
de expresión".

Imagino que la Dra. González, en las profundas cavilaciones que
antecedieron a su sentencia, se paseó por las más evidentes
implicaciones de la frase. Sospecho que la Dra. González evocó aquella
expresión según la cual, toda buena Ama de Casa es madre, cocinera y
puta, con los hijos, en la mesa y con su marido, respectivamente, por lo
que mal podría considerarse una ofensa que alguien llamara a otro Hijo
de puta, pues antes que ofenderle estaría alabando una de las tres
condiciones esenciales para considerar a su madre una perfecta Ama de
Casa y que me perdone doña Agustina Martínez, si me lee.

Pero intuyo que la noche previa a la sentencia, la Dra. González
desarrolló un silogismo más o menos en los siguientes términos: Premisa
inicial: Todas las putas son mujeres. Premisa complementaria: Todas las
mujeres pueden tener hijos. Inferencia deductiva: Ser el hijo de una
puta no es ofensa sino una consecuencia biológica y hasta laboral, que
resulta inevitable para el hijo y también para quien le señale tal
origen. Por ende, decirle a alguien Eres un hijo de puta no resulta en
injuria sino en impresión subjetiva del señalante, y por gracia de tan
candoroso razonamiento silogístico, lo que antes fuera una horrible
ofensa se transforma, por el sortilegio leguleyo de estos tiempos, en
una escueta conjetura cuando en verdad la madre ha ejercido el oficio
más antiguo de la humanidad, o –como en este caso- una opinión del que
la expresa, amparado por el constitucionalísimo derecho a emitir
dictamen, cierto o falso, sobre las actividades corpóreas y
mercantilistas de la progenitora de uno.

Por todo lo anteriormente leído, y amparado con la jurisprudencia que
genera el fallo del Tribunal 15ª de Juicio de Caracas, yo afirmo
públicamente que las progenitoras de los socialistas que laboran en
cualquiera de las oficinas públicas son unas Perfectas Amas de Casa, y
en consecuencia ellos son, a no dudar, unos perfectos hijos de ellas ¡Y
que me perdonen las putas!

andresmorenoarreche@gmail.com

http://www.analitica.com/va/politica/opinion/5366581.asp

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