FRANCISCO RIVERO VALERA | EL UNIVERSAL
viernes 2 de diciembre de 2011 12:00 AM
Un milagro es un milagro.
O sea, en español: suceso extraordinario por intervención divina. En
inglés o en francés: admiración o asombro ante lo inefable
Los verdaderos milagros no andan por ahí, como buhonero vendiendo ropa.
Son tan escasos que, por ejemplo, de 7 mil milagros atribuidos a la
Virgen de Lourdes, solo 67 han sido aceptados como verdaderos por Le
Bureau des Constatations Médicales y Le Comité Médical International, en
Francia.
De todas maneras, suplicar milagros es la moda que nunca pasa de moda.
En la Venezuela del siglo XXI, por ejemplo, la gente anda suplicando
milagros todos los días. Algunos para encontrar leche, café, aceite y
demás. O para que la delincuencia no acabe con su existencia o la de su
familia. Otros, para lograr un golpe de suerte en el Kino y en otros
juegos de azar. Y un montón de venezolanos están rogando por el milagro
de cambiar este gobierno, que no parece ser un milagro sino un hecho
natural e inevitable. Y falta mencionar a los que andan esperando un
milagro de sanación de su enfermedad.
Al final, hay personas que logran milagros. Otras no.
Pero, en esto de los milagros, hay otro aspecto de sumo interés: algunas
personas evolucionan el concepto con el tiempo, y logran su aceptación y
hasta su manipulación con el solo propósito de obtener beneficio propio.
Y Chávez es una de ellas.
Chávez, por ejemplo, ha evolucionado con los milagros en 3 etapas. En la
primera: suplicando milagros. En la segunda: haciendo milagros. Y, en la
tercera: siendo un milagrero.
En su primera etapa ha suplicado con lo que se puede llamar milagro en
combo. O sea: de un lado, rogando protección para su gobierno comunista
de siglo XXI, por intermediación de los babalao, los chamanes y demás
congéneres. Y del otro, implorando la curación de su enfermedad, al
invocar al Santo Cristo de la Grita, José Gregorio Hernández; la unción
de los enfermos, de monseñor Moronta, y a otras divinidades
intercesoras. Resultados: en espera.
En su segunda etapa está tratando, no de suplicar sino de hacer
milagros. O sea: de hacer en los 10 meses que faltan para las elecciones
del 2012, lo que no hizo en los 156 meses de su pésimo gobierno.
Verbigracia: 2 millones de viviendas, acabar con la delincuencia, acabar
con la pobreza o comprar conciencias para las elecciones, que no es lo
mismo, con la asignación de 300 bolívares por cada niño menor de 15
años; 430 hasta los 18, y 600 con discapacidad.
También pretende hacer el milagro de acabar con el desempleo en el 2012.
Pero a costillas de exprimir mayor jugo a Pdvsa.
Y el milagro de construir las carreteras más modernas del planeta y de
acabar con las fallas eléctricas; la corrupción e inflación. Y, de ñapa,
el milagro de acabar con la oposición, el imperio, la CIA, el
capitalismo salvaje y todo lo que no huela a chavismo.
Pero el milagro supremo de Chávez, el más grande, la cúspide donde
convergen todos sus milagros, sería ganar las elecciones en el 2012.
Resultados: yo te aviso chirulí.
Y en la tercera etapa, final de su evolución, Chávez quiere ser
milagrero, que no sería ningún milagro porque ya lo es. Milagrero es el
embustero, charlatán, cuentista, embaucador, engañabobos y farsante,
según los sinónimos de la Real Academia Española.
Porque, es que Hugo se ha olvidado hasta de las palabras sabias de mi
pueblo: el que busca milagros, con el diablo se encuentra.
Hasta el 2012.
@friverovalera
http://www.eluniversal.com/opinion/111202/el-milagro-que-todos-esperamos
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