Sábado, 3 de diciembre de 2011
El nerviosismo demostrado por Chávez demuestra que se siente débil y ya
no controla el país. Ha vuelto a ser el muchacho pueblerino de Sabaneta,
Tribilín asustado ante Caracas. Una Caracas violenta, anarquizada,
sucia, con una infraestructura decadente. Una Caracas devorada por la
pobreza, una Caracas que lo cacerolea.
Chávez lleva una década tratando de proyectarse como líder de la
revolución mundial y ha asistido a cuanta cumbre o conferencia se le ha
invitado. Por lo tanto, uno se lo imagina avezado y curtido en estas
lides, con una experiencia que pocos pueden igualar, dado el largo
tiempo que lleva en el poder.
Pero resulta que acogiendo a los mandatarios regionales, el Gobierno
parece haber cedido al pánico. Suspendieron actividades laborales y
educativas, se prohíbe el uso de armas y proclaman la ley seca. El país
debe paralizarse, quedarse en su casa, porque el Supremo recibe a sus
colegas. Harun Al-Rashid no quiere tráfico, no quiere ruido, no quiere
violencia. Caracas debe parecer perfecta. Hoy en día en todas partes se
organizan eventos deportivos, cumbres y conferencias que congregan
centenares de personalidades y millares de turistas. Nueva York cada
septiembre, acoge sin problemas a los mandatarios del mundo entero para
el inicio de la Asamblea General de la ONU. Este evento coincide con la
semana de la moda y la llegada de miles de turistas que quieren
disfrutar los días más bellos del otoño. La ciudad vibra, el tráfico se
complica, pero nada se paraliza. Lo mismo sucede en Ginebra y en
cantidad de sitios que acogen estos eventos típicos de la globalización.
El nerviosismo demostrado por Chávez demuestra que se siente débil y ya
no controla el país. Ha vuelto a ser el muchacho pueblerino de Sabaneta,
Tribilín asustado ante Caracas. Una Caracas violenta, anarquizada,
sucia, con una infraestructura decadente. Una Caracas devorada por la
pobreza, una Caracas que lo cacerolea. Una Caracas y un país que no lo
quieren. ¡Que pena con sus amigos y colegas! Lo mejor es tratar de
encerrar a todos los caraqueños.
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