Juan Páez Ávila
Miércoles, 21 de diciembre de 2011
Estos hechos vandálicos contra la Universidad Autónoma y contra los
resultados de unas elecciones libres y transparentes, deben servir de
alerta a todo el país acerca de los peligros que se ciernen sobre la
democracia en general.
Por las características de los grupos violentos que han venido
agrediendo a la Universidad Central de Venezuela, y que el lunes pasado
lanzaron bombas lacrimógenas y niples contra el recinto donde se
escrutaban las elecciones estudiantiles, que la oposición ganó con más
del 80% de los sufragios, provocando un incendio de dimensiones
alarmantes, indican que se trata de un pequeño sector de una especie de
tropa paramilitar, promovida y sobre todo apoyada por el gobierno del
Comandante Chávez.
Encapuchados que penetran violentamente a la Ciudad
Universitaria con claros objetivos de intimidar a la comunidad, en este
caso no sólo violaron la Ley de Universidades y la Autonomía de nuestra
máxima Casa de Estudios, sino que además de arremeter contra un centro
de la inteligencia venezolana, lo hicieron también contra un proceso
electoral cuyos resultados les fueron adversos a los representantes del
oficialismo. Es decir, ya no es sólo contra la Universidad Autónoma y
Democrática, que merece el respaldo de todos los venezolanos que creemos
en sus valores universales como promotora del conocimiento científico,
tecnológico y humanístico, que estos grupos paramilitares actúan con
impunidad, al estilo de los fascistas y comunistas que sirvieron o
apuntalaron el ascenso al poder de Mussolini, Hitler y Stalin,
destruyendo las instituciones de la cultura, de la democracia y de la
disidencia política.
Estos hechos vandálicos contra la Universidad Autónoma y
contra los resultados de unas elecciones libres y transparentes, deben
servir de alerta a todo el país acerca de los peligros que se ciernen
sobre la democracia en general. Esos mismos grupos violentos, que
obedecen a una política represiva estimulada o dirigida desde el poder,
tienen una dimensión criminal que se extiende por todo el país, y que
seguramente podrán actuar contra los resultados electorales, si les son
adversos, para escoger al próximo Presidente de la República, que es la
elección más inmediata programada por el CNE.
Ante éste y otros graves peligros contra el Estado de Derecho
en nuestro país, se impone la unidad más amplia posible de los
venezolanos para rescatar y defender la democracia, con el mismo coraje
cívico con que las Autoridades Universitarias, los estudiantes y
profesores de la UCV lo han hecho en uno de los períodos más difíciles
que haya podido confrontar la comunidad universitaria, desde la época de
la dictadura del General Pérez Jiménez. Y aunque también es cierto que
durante los gobiernos democráticos hubo agresiones violentas contra la
Universidad, sobre todo cuando algunos grupos armados establecieron como
refugios las residencias estudiantiles y desde sus azoteas se disparaba
contra las fuerzas policiales y militares que trataban de ingresar al
recinto universitario por la puerta que comunica con la Plaza Venezuela.
Lo que sucede en estos tiempos de revolución del socialismo del siglo
XXI, es la violencia de grupos paramilitar encapuchados, contra una
Universidad pacífica y democrática, contra estudiantes y profesores que
desde hace años realizan manifestaciones y protestas democráticas, por
reivindicaciones legítimas y constitucionales.
La última agresión contra la UCV tiene el agravante que iba
acompañada de un doble objetivo: amedrentar a los miembros de la
comunidad universitaria y anular por la fuerza un proceso electoral
democrático y transparente, cuando los grupos paramilitares se enteraron
de los resultados de más del 90% de las mesas escrutadas o recibieron
órdenes superiores de proceder a crear un caos para evitar que
continuaran los escrutinios.
La defensa de la Universidad Democrática y Autónoma, que todos
los miembros de la comunidad e incluso los egresados tenemos el deber de
asumir sin concesiones a la política terrorista que se pretende aplicar
desde el Estado, la ciudadanía democrática en general debe también
levantar la voz de alerta y rechazo a la política fraudulenta que el
mismo gobierno socialista del siglo XXI quiere ejecutar por medio de la
violencia. En esto último se juega la democracia como sistema de
gobierno y de vida, que si la perdemos, sólo nos quedará una larga
resistencia que el espíritu universitario y la conciencia libertaria de
los venezolanos, nos permitirá enfrentar por no sabemos cuanto tiempo,
que pueda durar la tiranía que se pretende imponernos.
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