Saturday, December 3, 2011

¡Todo el poder a los soviets!

¡Todo el poder a los soviets!
Poner fin a la pesadilla requiere inducir una atmósfera de "cohesión
social, participación...
CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ | EL UNIVERSAL
sábado 3 de diciembre de 2011 12:00 AM

Gobernabilidad, estabilidad institucional y consenso político suelen
andar juntos -no revueltos- en la práctica y deberían hacerlo también en
la teoría. Según Sartori la primera es una categoría informática
asociada al análisis de las instituciones. Gobernar (de cubernetos) es
el arte y la técnica de intervenir la realidad para contrarrestar la
entropía, tendencia al caos inseparable de todo sistema en la naturaleza.

El que mucho abarca poco aprieta y si la concentración del poder pasa
los límites viables, -deadline-, el sistema se descompone y entra en
crisis de gobernabilidad, que consiste en que la acción de gobierno, al
contrario de sus fines, empeora lo que debería mejorar ("efectos
perversos"). Si se pretende impedir la inflación o la fuga de divisas
con "leyes", se generan males iguales o peores (especulación, escasez,
acaparamiento, violencia, mercados negros, corrupción). No en vano el
país latinoamericano con fuga de divisas y la mayor inflación mundial es
Venezuela, problemas ya extintos en los países civilizados.

En una ciudad ingobernada se disuelve la cohesión social, se impone la
barbarie y los ciudadanos son víctimas de 150 mil asesinatos en 13 años,
ansiedad colectiva, ocupación de propiedades, basura, toque de queda
informal, secuestros express y tráfico. Un sistema social complejo es
incontrolable pero se lo puede llevar por etapas a la destrucción como
hace el ministro Giordani.

La ruda experiencia de los ochenta hizo entender a la región que la
gobernabilidad depende de redistribuir el poder del Estado a los
ciudadanos, las provincias y los productores, de los empresarios a los
consumidores. Hoy tenemos Estados más fuertes, sociedades también más
fuertes y mayor capacidad para enfrentar miseria, corrupción e
ineficiencia. La transparencia que se conquista día a día a través de
los medios de comunicación ha sido esencial.

En la caída de la Unión Soviética, la hiperconcentración de poder saturó
los circuitos del Estado y se fundieron los transistores de los mandos.
Durante la crisis económica de los 90s el corpachón estaba desconectado,
se hizo ingobernable y desplomó el imperio. China actuó a tiempo e
introdujo la economía de mercado, factor descentralizador que frena el
proceso de disolución social maoísta, pero anuncia un conflicto a futuro
con la autocracia. El sueño revolucionario de ciento cincuenta años,
basado en centralismo, autoritarismo y estatismo, va a la letrina de la
historia.

En Venezuela se inició a partir de 1989 un verdadero proceso
constituyente, cambios profundos y avances en la calidad del sistema
político y de la gestión de gobernadores y alcaldes, que contribuyó a
derrotar los golpes de 1992. La barbarie anacrónica y autoritaria
posterior revierte todo paulatinamente y arrebata y recentraliza
competencias de estados y municipios. El Estado hoy se desploma en
escombros de corrupción, incompetencia y despilfarro y con él, el efecto
civilizatorio de los servicios públicos de 40 años de democracia,
arrastrando el tejido social y la convivencia. Las demandas sociales son
ingobernables para el Estado y hacen temer que la desesperación
populista provoque un colapso general.

Rosa Estaba, ex directora de la Escuela de Geografía-UCV preparó para el
gobernador Pablo Pérez el documento Territorio, participación,
inclusión, gobernabilidad. Desenmascara el vandalismo institucional de
la "nueva geometría del poder" y propone una nueva estrategia a partir
de 2012. El llamado "poder popular" es exactamente lo contrario:
sustituir las instancias de participación electas por "el pueblo"
(gobernaciones, alcaldías, concejos municipales, juntas parroquiales)
por apéndices del gobierno, y los municipios, una de las instituciones
de mayor tradición en el mundo hispano, por organismos del PSUV llamados
comunas.

Según Estaba el próximo gobierno de Unidad Nacional deberá "adelgazar",
el Estado central devolver a estados y municipios aceleradamente todo lo
recentralizado, y transferirles nuevas competencias: cárceles,
educación, aeropuertos y puertos. Así retrocederán despilfarro y
corrupción,.

Una política para estimular la "topofilia", según Yi-Fu Tuan la
autoestima regional y local, debilitada por casi tres lustros de
improperios, miles de horas de televisión para degradar, encanallar,
falsificar y señalar al país objetivos falsos. Poner fin a la pesadilla
requiere inducir una atmósfera de "cohesión social, participación,
objetivos comunes, innovación e inclusión" en y por las redes
territoriales rurales y urbanas.

@carlosraulher

http://www.eluniversal.com/opinion/111203/todo-el-poder-a-los-soviets

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