Milagros Socorro
Lunes, 5 de diciembre de 2011
Hospedados, como corresponde, en lujosos hoteles, no se enterarán de que
esta semana se cumplió un año del decreto gubernamental que ordenó la
ocupación de hoteles por parte de damnificados (por lluvias). Pero, para
que se lleven un souvenir del parque temático revolucionario en que ha
desbarrado Venezuela: los propietarios dicen que las pérdidas ascienden
a 625 millones de bolívares y que no han recibido ni esperanzas de un
pronto desalojo de los 170 hoteles invadidos.
Muy estimado presidente de visita en Venezuela, reciba una cordial
bienvenida a este país que, como usted bien sabe, ha sido siempre
hospitalario para los hermanos latinoamericanos, muy especialmente para
los perseguidos por regímenes dictatoriales, quienes en la segunda mitad
del siglo XX encontraron en esta tierra cobijo, trabajo, reconocimiento
y, en ningún caso, complicidad con las tiranías ni asociación con bandas
criminales.
Su presencia entre nosotros nos honra y regocija. Por eso me dirijo a
usted en términos de respeto para hacerle ver algunas realidades. Cuento
con que tiene usted tanto interés por Venezuela como la democracia de
este país demostró por el suyo durante varias décadas. Y no lo abrumaré
con lo que ya sabe (estoy segura de que no ignora que por estos lares no
tenemos separación de poderes, detentados todos por su dicharachero
anfitrión; que desconocemos las cuentas de la República, administradas
por el folklórico como si fueran de su propiedad; que el Gobierno lo
ejerce la clase dirigente más corrupta de América Latina, como acaba de
certificar Transparencia Internacional; que los medios de comunicación
en otros tiempos refugio de importantes periodistas desterrados son
perseguidos por un régimen que ha ido haciéndose de un entramado de
leyes para estrangular las libertades sin molestar las sensibilidades de
los "socios continentales"; que el ritual electoral es degradado
sistemáticamente por un Gobierno militarista, de linaje hundido en la
felonía, que no oculta un grosero ventajismo y que humilla a la
oposición con prácticas deleznables de las que no escapa el simpaticón
de la cara hinchada, dado a insultar, espiar y amenazar a sus críticos).
No nos detendremos en estas menudencias, que usted conoce al dedillo.
Están a la vista del mundo. Y quién sabe si, con todos estos datos,
usted se regocija de su propio retrato en contraste con el sedicente
"hijo" de Fidel Castro. Al lado del primitivo de Venezuela, cualquiera
es un estadista, ¿no, picarón? Vamos a lo que está menos de bulto. Se
habrá maravillado usted de la tranquilidad de Caracas, con fama de ser
una de las ciudades más convulsas del continente.
Bueno que sepa que pocos días antes de su arribo, el ocurrente declaró
el viernes 2 diciembre día no laborable para el sector público, lo que
no impidió que sus policías se arrojaran desde el miércoles sobre los
comerciantes de varios sectores céntricos de la capital para obligarlos
a cerrar sus establecimientos. Desde luego, todos lo hicieron: les sale
menos oneroso que la expropiación e invasión por parte de un funcionario
valido de la revolución.
Habrá notado el despliegue de seguridad que zumba a su alrededor como un
enjambre tranquilizador. Para protegerle a usted y a su comitiva, el
Gobierno ha dejado inerme a la ciudadanía de un país donde se cometieron
420 homicidios en las primeras 3 semanas de noviembre (tenemos una media
diaria de 15,4 homicidios). Esto indica que mientras dure la cumbre,
entre viernes y sábado, tendremos en Caracas, por lo menos, 10
secuestros y 32 asesinatos. El virtual estado de sitio sólo beneficiará
a los participantes en la cumbre: en la zona 7 del barrio José Félix
Ribas, donde el pasado fin de semana hubo un triple homicidio, el
operativo no se sentirá. Tampoco en la zona llamada Cementerio o en La
Cumbre de Antímano, donde también hubo sendos casos con 3 víctimas mortales.
Claro que tampoco experimentarán la sequía que desde hace más de cuatro
meses castiga a los habitantes de Playa Grande, justo al lado del lugar
por donde usted llegó al país. Ni verán el estado deplorable de las
instalaciones del aeropuerto de Maiquetía, pues fueron recibidos en la
mimada rampa presidencial.
Hospedados, como corresponde, en lujosos hoteles, no se enterarán de que
esta semana se cumplió un año del decreto gubernamental que ordenó la
ocupación de hoteles por parte de damnificados (por lluvias). Pero, para
que se lleven un souvenir del parque temático revolucionario en que ha
desbarrado Venezuela: los propietarios dicen que las pérdidas ascienden
a 625 millones de bolívares y que no han recibido ni esperanzas de un
pronto desalojo de los 170 hoteles invadidos.
Desde la cumbre, donde usted se codea con tiranos de más de medio siglo,
como los opresores de Cuba, no se ven estos y otros abismos reservados
al pueblo venezolano.
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