Henrique Capriles Radonski
Miércoles, 21 de diciembre de 2011
Las fuerzas de la cultura se despliegan sobre el escenario, orientado
por el director de orquesta más universal que haya tenido Venezuela. Son
fuerzas integradoras capaces de despertar los mejores sentimientos y de
conmover a cualquiera, sin distingo de idioma o nacionalidad. Frente a
ellas, se encuentran las fuerzas del culto, que son todo lo contrario:
personalistas, con ojos que miran sólo hacia adentro. Parecen
complacidas pero, en realidad, no soportan que el talento y la
creatividad le roben el protagonismo. Por eso, cuando la batuta de
nuestro joven genio da el movimiento final, el objeto del culto oficial
que se ha instaurado en Venezuela salta de la butaca y se sube al
escenario. "¡Aquí la estrella soy yo; que nadie lo olvide!".
Es solo una anécdota, pero expresa bien cómo el mundo de la cultura
venezolana se enfrenta a todo el proceso de instrumentación ideológica
que el Gobierno actual ha desplegado en todas las facetas de la vida
ciudadana.
Esa politización de la cultura ha dado a luz al llamado "realismo
socialista", un movimiento que durante décadas sirvió de excusa para
censurar, prohibir y perseguir la libertad artística, dejando como saldo
toneladas de un arte panfletario e intrascendente.
Quizás no hemos llegado a tales extremos, pero no han faltado signos
angustiantes que apuntan en esa dirección. Espacios culturales abiertos
a todas las tendencias y respetuosos de la libertad artística se han
visto desplazados, e incluso, han llegado a cerrar sus puertas. Si
hablamos de la música popular, nuevamente el criterio partidista se
impone, invisibilizando a grandes valores por el sólo hecho de no ser
simpatizantes, y enalteciendo a las contadas figuras que se alinean con
su pensamiento. Nuestro Festival Internacional de Teatro, por su parte,
perdió su brillo, su prestigio mundial y su carácter de gran fiesta
cultural.
La lista es larga, pero basta con agregar que todos estos desaciertos
contribuyen a que perdamos el rumbo en lo más importante: la
construcción de una cultura de la paz, que es la cultura de los valores
democráticos, del convivir con tolerancia y respeto por la diferencia.
Es por ello que en nuestra propuesta de futuro para Venezuela, es por la
verdadera cultura, la que nace desde la libertad y por tanto es capaz de
interpelarnos y hacernos reflexionar, la que construye identidad
nacional con valores universales y no con dogmas, la que nos divierte,
conmueve o nos hace ver la realidad con nuevos ojos.
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