Co chino dinero
El programa créditos por petróleo que acordó el Gobierno con China hace
fluir el dinero en Venezuela, sin embargo se multiplica la deuda
pública. Además obliga al país a enviar a China uno de cada cinco
barriles que exporta, comprometiendo la caja de la petrolera estatal Pdvsa
El febril ritmo del programa créditos por petróleo que cimentaron China
y Venezuela en los últimos años no sabe de términos medios.
Cada vez que Pekín hace girar el engranaje de sus préstamos a Caracas,
miles de barriles de crudo son despachados a Asia, toneladas de bienes
llegan a Sudamérica y se crean decenas de empresas como parte de un
aceitado mecanismo que otorga millones de dólares al Gobierno de Hugo
Chávez y grandes beneficios al gigante oriental.
Los chinos no llegaron al país de la mano de Chávez. Su incursión
comenzó una década antes pero, bajo el paraguas de una cercana
vinculación ideológica, ha florecido una estrecha relación comercial en
los últimos años hasta convertir a la nación asiática en su segundo
socio,después de Estados Unidos.
Esa cercanía le ha permitido al Gobierno venezolano, que tiene una alta
exigencia de recursos, recibir más de 40.000 millones de dólares en
créditos de instituciones chinas desde 2007, la mayor parte de ellos a
cambio del anhelado petróleo que requiere la segunda mayor economía del
mundo.
Ese monto es apenas una fracción de los 116.000 millones de dólares que
en total Chávez habría solicitado a su socio, según documentos filtrados
por la oposición.
"Es muy poca plata para ellos. China tiene pocos lugares en el mundo
donde invertir en grande", dijo a Reuters Pedro Mario Burelli, ex
director de la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa).
El dinero chino se ha gastado en las populares "misiones" sociales del
Gobierno, uno de los puntales de la popularidad de Chávez; ha permitido
acometer obras de infraestructura, fundar empresas de capital mixto y
financiar importaciones y grandes proyectos petroleros.
BENEFICIOS INVISIBLES
Miles de venezolanos hacen largos peregrinajes para adquirir
electrodomésticos, teléfonos o automóviles chinos subvencionados por el
Gobierno, compras que alimentan el complicado sistema de transferencias
de dinero de Pekín a Caracas.
Mientras el dinero parece fluir a borbotones, la oposición denuncia la
opacidad del mecanismo, que crea atajos fiscales, multiplica la deuda
pública y obliga al país a enviar a China uno de cada cinco barriles que
exporta, comprometiendo la caja de la petrolera estatal Pdvsa.
"Los recursos (…) están siendo utilizados para dar oxígeno a un Estado
cada vez más hipertrofiado", dijo la firma Ecoanalítica en un reporte
haciendo referencia al uso del dinero chino para soportar el creciente
gasto público, sin ningún tipo de vigilancia, en detrimento de la inversión.
DINERO Y MÁS DINERO
Analistas coinciden en afirmar que la generosidad de China se debe a
que, tal como están diseñados los instrumentos de crédito con Venezuela,
el ciclo del dinero les favorece. "Las relaciones con China son
maravillosas desde todos los puntos de vista (…) Vamos a seguir
fortaleciéndolas. Hemos hecho un plan de las relaciones China-Venezuela
para los próximos 20 años", dijo Chávez este mes en defensa del pacto.
El Banco de Desarrollo de China (BDC) le presta dinero al Gobierno
venezolano a cambio de petróleo, que es recibido por China National
Petroleum Corporation (CNPC) bajo un precio fijo convenido.Cnpc abona
los barriles a precio de mercado al BDC.
Un parte de ese dinero se usa para pagar los intereses y el servicio de
deuda y la otra -el excedente entre el precio convenido y el precio
real- queda a disposición del país sudamericano.
De esa manera, China asegura que no habrá impago y parte del dinero
nunca sale de ese país.
Además, desde 2010 China ha estado entregando parte de los créditos
convenidos en su propia moneda convertible, el renminbí (RMB), lo que
obliga a Caracas a utilizar ese capital para pagar importaciones de
productos chinos y servicios prestados por firmas chinas. Ese dinero
también termina en suelo asiático.
En un entorno de inseguridad jurídica tras cientos de nacionalizaciones,
China respaldó cada uno de sus instrumentos de crédito con cláusulas que
le permiten acudir al Centro de Arbitraje Internacional de Singapur, una
excepción en la norma de Chávez de dirimir las controversias en su
territorio.
"HERMANOS UNÍOS"
En la ensambladora de motos Keeway Empire, una sociedad de capital mixto
venezolano-chino ubicada a las afueras de Caracas, ya casi no queda
personal asiático en el área de producción, tres años después de su
inauguración en 2008.
El ruido de los atornilladores eléctricos y los motores se mezcla con el
ritmo desenfrenado de un tropel de obreros que montan, atornillan,
aprietan, ajustan y chequean sin descuidarse un segundo para terminar
una moto por minuto.
Apenas en lugares estratégicos, algunos chinos supervisan la calidad del
producto y llevan las riendas del equipo técnico, al que van a parar las
motos que no quieren encender.
José Ricardo Páez, director general de la filial en Venezuela del
consorcio estatal Quianjang Keeway, dijo que la primera etapa de
transferencia tecnológica concluyó exitosamente con el adiestramiento de
más de 800 trabajadores locales por parte de los chinos que ayudaron a
fundar la sociedad.
Ahora comienza la segunda fase, según la cual Keeway Empire planea
asegurar que los principales componentes de las motocicletas también
sean producidos en suelo local.
La garantía de estabilidad jurídica y la fluidez de dólares para
importar al tipo de cambio oficial de 4,3 bolívares por dólar -la mitad
de lo que vale un dólar en el mercado negro- le dan ventajas a empresas
como Keeway Empire frente a competidores que deben lidiar con huelgas,
amenazas de expropiación o paradas de planta por falta de insumos.
Pero cada una de las decenas de empresas de capital mixto
chino-venezolano que se han fundado en la última década en el país ha
tenido que enfrentar un duro período de adaptación, pues la diferencia
cultural ha traído tropiezos, que se suman a retrasos en las inversiones
que aporta el Gobierno de Chávez.
"Al principio nos costó adaptarnos a algunos sistemas de trabajo (…) La
cultura china se basa en trabajar sobretiempo, pero en Venezuela está
restringido. Sin embargo, se han alcanzado niveles de productividad
interesantes", añadió Páez.
Al final de cada línea de producción en Empire Keeway, una pantalla
electrónica les recuerda a los obreros cuántas motos han ensamblado en
un día y cuánto falta para alcanzar la meta.
En la filial local de la fabricante de teléfonos Huawei -que ha
conformado otras empresas mixtas-, las barreras idiomáticas y el
vertiginoso crecimiento de la firma para satisfacer la demanda del
Gobierno y la empresa privada hacen difícil la adaptación.
"La dinámica de trabajo es muy agresiva. Reclutamos 300-400 personas al
año", dijo una ejecutiva de la compañía que prefirió el anonimato por no
estar autorizada para declarar.
Pese a los obstáculos y a la manifiesta vinculación política entre ambos
gobiernos, muchos aseguran que la inversión china en Venezuela está
enfocada en el largo plazo.
"El gobierno que sustituya a Chávez no va a poder cortar
intempestivamente la relación con China porque para ello tendría que
pagar los elevados endeudamientos pendientes", dijo Burelli, quien
puntualizó que el dinero chino no ha terminado en negocios
controversiales, como compra de armas.
El candidato opositor que puntea en las encuestas para retar a Chávez en
los comicios presidenciales de octubre del 2012, Henrique Capriles, no
oculta su admiración por la nación asiática.
"No estamos viendo para Bielorrusia ni para Irán. China también queda
lejos, pero la necesitamos (…) Me quito el sombrero con los chinos",
dijo. (Reporte de Marianna Parraga. Editado en español por Silene
Ramírez y Damián Wroclavsky)
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