La telenovela de Maduro, en sus últimos capítulos
El chavismo no ha sido desde sus inicios sino una pésima telenovela
nacional, de la que al fin se hartó el país
miércoles, marzo 5, 2014 | Rolando Morelli
FILADELFIA, Estados Unidos, marzo -La violencia que en Venezuela sigue
cobrándose vidas, ha entrado ya en una espiral que no parece tener fin.
Y, en efecto, ésta sólo terminará —según todo debe indicarnos— en una
guerra civil generalizada, o en la derrota del chavismo, pues éste, (a
imagen del castrismo, y de todos los totalitarismos que han sido) no
entiende de compromisos, a menos que se trate de sobrevivir:
estratagemas del poder, y nada más.
Una ideología que presume de su innata superioridad, y de poseer la
verdad absoluta, impele a quienes la abrazan a toda clase de crímenes.
Aquello de "los medios justifican el fin", ni siquiera les pasa por la
cabeza, porque hasta esos medios —para no hablar del fin perseguido— se
les antojan superiores y justos. Disparar sobre una multitud inerme,
infiltrarla y saltarse de este modo las reglas del juego limpio, no son
sino válidas estrategias calculadas fríamente. Antes se ha procedido a
calificar a esas personas de cualquier cosa: "fascistas", "la derecha",
términos que deben por sí mismos descalificar a quienes se les endilga;
en fin, a despersonalizarlos. Mientras el común de los seres humanos
vemos morir de un balazo en la frente a una muchacha o a un joven
cualquiera (lo que presupone cálculo y una puntería bien entrenada), los
asesinos y quienes se identifican con ellos, ven un enemigo sin rostro,
una avanzada que amenaza con su existencia misma, el derecho que se
atribuye el tocado de chavismo a existir, y a decidir en exclusiva lo
que es bueno y lo que debe hacerse, respecto a lo que a todos los
venezolanos concierne.
Habiendo despojado a sus verdaderos dueños de importantes medios de
difusión masivos, o censurando y mediatizando los que, a duras penas
retienen su condición de independientes, (siempre con la ayuda eficaz
del régimen cubano y otros malandros procedentes de Rusia, Irán y medio
mundo), Maduro y compañía se permiten un cuasi apagón informativo
respecto a lo que pasa en Venezuela. Entre tanto, disemina su propia
versión de los hechos, se ve obligado a simular que convoca a un diálogo
nacional con sus opositores, a la vez que continúa masacrándolos en las
calles, y aguarda impaciente, las órdenes que le llegan de La Habana.
Hace muy poco, alertaba Maduro contra el efecto que presumiblemente
ejercían las telenovelas sobre la sociedad, en el sentido de promover la
violencia social. Sin que le temblara la voz, estableció un correlato
entre las telenovelas y la escalada de asesinatos, robos, asaltos que
han hecho de Venezuela uno de los países más inseguros del mundo. Así
como antes anunció —con toda seriedad— el regreso de Chávez en la forma
de un pajarito que le habló al oído y se hizo entender, para decirle qué
era lo que se imponía hacer en lo adelante, ahora se declaraba conocedor
de lo que ningún estudio serio de la cuestión hubiera arriesgado sin datos.
Maduro se traicionaba, sin embargo, con semejantes manifestaciones.
Porque el chavismo no ha sido desde sus inicios sino una pésima
telenovela nacional, de la que al fin se hartó el país, pues el rol
pre-asignado no le iba de nada. Y pese a disponer, petróleo y muchos
dólares mediante, de un elenco variopinto de primerísimas figuras, (de
los hermanos Castro Ruz al ínclito Evo Morales), la telenovela de Maduro
está llegando a su fin. La exclusiva amenaza con acabársele. No se trata
de que otras más del gusto popular rivalicen con ella, se trata del
cansancio y del disgusto que ya no se aguantan los espectadores, que han
decidido protagonizar su propia historia.
http://www.cubanet.org/colaboradores/la-telenovela-de-maduro-en-sus-ultimos-capitulos/
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