Monday, March 24, 2014

Venezuela: el principio del fin

Venezuela: el principio del fin
Muy mal andan las cosas en una nación cuyo presidente, ha adoptado la
represión como recurso para instaurar "la paz" y atiza el odio para
"solucionar" la crisis del país
lunes, marzo 24, 2014 | Miriam Celaya

LA HABANA, Cuba – Las impresionantes imágenes de la Guardia Nacional
Bolivariana reprimiendo las marchas en Venezuela, revelan un crudo
contraste entre la capacidad alcanzada por la humanidad para comunicarse
a nivel global a una velocidad vertiginosa, junto a la existencia de un
comportamiento de gorilas, el poder usando sus bestias contra civiles
desprotegidos.

Muy mal andan las cosas en una nación cuyo presidente, supuestamente
electo por la vía democrática en las urnas para guiar a buen puerto el
destino de todos los ciudadanos y no solo el de sus seguidores, ha
adoptado la represión como recurso para instaurar "la paz", y atiza el
fuego del odio y la polarización como medios para "solucionar" la crisis
del país. Una actitud que solo significa el fracaso de su desempeño
político, más allá del tiempo que logre mantenerse en el poder todavía.

La complejidad de la coyuntura venezolana se refleja también en el hecho
de que las protestas que se vienen realizando sostenidamente desde el
pasado 12 de febrero no están convocadas ni lideradas desde las figuras
conocidas de la oposición, sino que son manifestaciones mayoritariamente
estudiantiles y cívicas contra un gobierno que trata de consolidarse
como dictadura. La inconformidad ha estado creciendo desde la sociedad,
no solo por las crecientes carencias y secuestro de las libertades
ciudadanas, sino también desde que el presidente Nicolás Maduro
solicitara y obtuviera del Parlamento la libertad plena para ejercer el
despotismo a su arbitrio.

Y aunque a Maduro se le ha ido de las manos el control de la situación
(si es que alguna vez lo tuvo), y tendrá la triste aunque merecida
providencia de pasar a la historia de ese país como el perfecto chivo
expiatorio de un experimento castro-chavista que parece estar llegando a
su fin, lo cierto es que tampoco el finado Hugo Chávez hubiese estado en
condiciones de sostener indefinidamente el proyecto bolivariano ante una
economía que en el momento de su muerte ya había entrado en cuenta
regresiva tras 14 años de disparatadas políticas. El desenlace es solo
cuestión de tiempo.

El final de un pretendido paradigma

Resulta axiomático que todo proyecto de izquierda de inspiración
"cubano-fidelista-marxista-martiano", y desde hace unos años también
"chavista-bolivariano", que logra alcanzar el poder político en
Latinoamérica, porta en sí mismo todos los elementos esenciales que
–pensados originalmente para perpetuar a la nueva clase dominante–
conducen a su fracaso: el desprecio por la propiedad, el populismo como
plataforma para sustentar los programas político-ideológicos del
gobierno, la destrucción de la infraestructura y de las instituciones
heredadas de períodos anteriores, eliminación o limitación (radical o
gradual) de las libertades ciudadanas, reformulación de la base jurídica
a favor de los intereses del nuevo poder, identificación de un enemigo
externo que entorpece o impide los logros del programa de gobierno,
entre otros.

Este último elemento, que décadas atrás permitió a F. Castro la
polarización de la sociedad desde el poder con el establecimiento de un
parte-aguas entre el gobierno y sus seguidores (los buenos, los
patriotas), y los opositores (los malos, los apátridas), constituye
actualmente una puerilidad política que no está arrojando los dividendos
de décadas anteriores, dado que el villano de siempre, el gobierno
estadounidense, no se está mostrando muy interesado en tomar parte de
los conflictos latinoamericanos, cuestión ésta que debilita los
arrebatos patrioteros regionales de un subcontinente con un pasado
histórico plagado por las intervenciones del poderoso vecino del norte.

Por si fuera poco, la llamada "revolución bolivariana" soporta, además,
una carga adicional: si bien la de Castro asumió con relativo éxito un
liderazgo simbólico regional manejado hasta hoy –preciso es reconocerlo–
con suma habilidad por la cúpula cubana; la de Chávez se arriesgó a
asumir el liderazgo económico al subsidiar los proyectos de izquierda (y
otros afines) de la región, dilapidando con mano generosa los recursos
energéticos naturales de Venezuela con el consecuente deterioro de la
propia economía venezolana, lo que en definitiva ha conducido a la
actual crisis. Resumiendo, así como antaño Fidel Castro se fabricó una
imagen de mesías, a Hugo Chávez en su momento le correspondió la del
mecenas, en tanto Maduro algún día acabará siendo para las volubles
masas "el tipo que lo echó todo a perder".

Por demás, y para mal de los izquierdosos radicales, es el petróleo
venezolano el sustento de esa entelequia llamada ALBA, concebida como
locomotora económica de la "integración latinoamericana" que tanto
populismo patriotero ha permitido renacer en una región particularmente
adicta a la sensiblería y a los caudillos. Poca ventura podría
vaticinarse a una alianza cuyo eje central anda con la casa patas
arriba. Por las dudas, cada caciquillo medianamente astuto estará
echando cuentas y guardando sus propios ahorros personales bajo el
colchón. Cuando eventualmente el socialismo del siglo XXI acabe
despeñándose en su envoltura chavista, arrastrará consigo a cuantos
parásitos se nutren de Venezuela. Es muy probable que, al menos en esa
nación, a la izquierda fundamentalista le espere entonces un larguísimo
sueño.

http://www.cubanet.org/opiniones/venezuela-el-principio-del-fin/

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