Thursday, March 6, 2014

¡Chávez vive, el caos sigue!

Publicado el miércoles, 03.05.14

¡Chávez vive, el caos sigue!
OLIVER BLANCO

¡Chávez vive, el caos sigue!

En medio del engaño más grande al que haya sida sometido cualquier
nación, hace ya un año falleció Hugo Chávez. Lamentablemente con el no
murió el odio que ha rasgado el alma nacional durante los últimos 15
años, pero tampoco la esperanza de un país que ni se rinde, ni pierde
las ganas de luchar.

En gran medida el respeto a la larga enfermedad del difunto, así como a
su muerte, derivó que por ahora el país lo juzgue como si hubiera sido
un Presidente mas de nuestra historia y no un destructor trágicamente
idealizado por un sector de venezolanos. Ese destructor gigante debe
pagar su factura con intereses ante la historia y ser puesto en su
merecido y oscuro lugar porque de lo contrario, significaría un fantasma
capaz de someter al país a correr el riesgo de que esa conexión
emocional aun viva, sea aval y justificación de nuevos personalismos y
tragedias mucho peores para nuestro maltratado país. Enrique Krauze dijo
que Chávez confundió su triste historia, con la del noble y glorioso
pueblo venezolano y así fue.

El legado del finado sigue vigente y Venezuela paga caro las nefastas
consecuencias de su perversa siembra de odio, la segregación como
política de estado y el estímulo a la llamada lucha de clases. Pero no
sólo eso, Chávez también deformó la idiosincrasia venezolana
distorsionando a sus propios seguidores y acomplejando a muchos
demócratas que para no ser impopulares, pensando que se necesita una
fórmula mágica para convencer a los seguidores del comandante, no son
capaces de enfrentar lo incorrecto y calificarlo como tal con la verdad
por delante. Muchos otros han sido también chavistas en la oposición,
permitiendo por ejemplo, la construcción de una narrativa apocalíptica
sobre los mejores 40 años de nuestra república civil, la democracia que
con todos sus defectos ha sido considerablemente superior a esto.

Ese legado emocional de Chávez fue lo que le permitió a Nicolás
establecerse, así como también justificar sus imparables errores. Esto y
otros hechos pueden hacernos interpretar que el difunto nunca quiso
sucesor, era tan narciso y sociópata que escogió al peor para que los
venezolanos lo recordáramos como a un gran estadista ante semejante tipo
que no ha hecho sino reivindicarlo en el trecho entre lo malo y lo peor.

En defensa de Nicolás, vale decir que recibió las cuentas del
irresponsable manejo económico de su padre, que convirtió nuestro país
en un estado de beneficencia nacional y prostitución política ya
insustentable, que no hizo sino destruir nuestras instituciones y
constituir un paralelismo para nada solido que ha demostrado ser incapaz
de darle respuestas a los venezolanos, para muestra un botón: PDVSA.

No nos extrañe que ante este desgobierno de Nicolás comiencen a surgir
los autoproclamados protectores del legado del comandante supremo que
camuflando su miedo a perder su fuente de poder y dinero, con el falso
temor a que se atente contra la memoria del comandante y se ponga en
riesgo al chavismo, es capáz de despedir al mal heredero para darle paso
a la bota militar. Recordemos que Nicolás no es Chávez y no era sino un
jerarca de su gobierno al mismo nivel que el de otros que también
respiran y aspiran, con la diferencia de que el ungido cuenta con la
bendición de Cuba. Se aproxima una crisis económica sin precedentes que
pondrá a prueba no sólo el liderazgo de Nicolás o la paciencia del
pueblo cuyo amor no dura con hambre, sino también la lealtad, el respeto
y las apetencias de distintos sectores de poder en el chavismo. ¿Hasta
cuándo aguantará la revolución?

¡Chávez vive, el caos sigue!

http://www.elnuevoherald.com/2014/03/05/1695440/chavez-vive-el-caos-sigue.html

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