¿Cuál revolución, cuál socialismo?
JUAN GUERRERO | EL UNIVERSAL
jueves 2 de mayo de 2013 12:00 AM
Desde la segunda mitad del siglo XIX Venezuela vivió poco más de 40
revoluciones, entre guerras, montoneras y alzamientos. La Independencia,
la Guerra Federal, la revolución Azul, La Restauradora y hasta hubo una
que dieron en llamar de La Sampablera.
Esto de llamar a cualquier movimiento político-militar "revolución"
no es cosa nueva. Lo nuevo es que la actual se ha adornado con una
nomenclatura atractiva para darle apariencia de amplitud, lo que le da
carácter de inclusión a los más desposeídos. Usados éstos como piezas de
un gigantesco rompecabezas que puede montarse y desmontarse para hacerlo
sentir partícipe y protagonista de una película de nunca acabar.
Así las cosas, tanto quienes se dicen revolucionarios como quienes
se les oponen creen que están viviendo una experiencia inédita en la
Venezuela del siglo XXI. Para que se sepa, hubo un presidente que se
creyó francés, más aún, parisino y le dio por hacer de Caracas una
segunda París. Se hizo erigir estatuas. Una de ellas en una esquina del
mismísimo Congreso Nacional hoy Asamblea Nacional. Otro más murió y
mientras lo llevaban a enterrar los opositores se enfrentaron y el
féretro quedó a mitad de la calle por unas cuantas horas.
Decimos esto para que se conozca que las revoluciones han traído
siempre atraso y pobreza de pensamiento, mientras a sus líderes se les
ha antojado buscar protección extranjera para aferrarse en el poder.
Unos se mantuvieron tres siglos al amparo del imperio español, otros se
vincularon a Francia e Inglaterra, otros más a Estados Unidos de
Norteamérica, mientras estos últimos lo hacen con Cuba.
La palabra revolución, por principio, otorga un halo de cierto
misticismo, cierto aire juvenil, de perpetuidad en el poder, de
constante cambio y derrumbe de lo viejo, de aquello anquilosado y
ruinoso para establecer algo que no se sabe qué será pero su cercanía se
convierte precisamente en eso, en objeto de discusión y búsqueda
"teórica" nunca alcanzada pero siempre añorada.
Entonces ocurre que viene como anillo al dedo colocarle a la palabra
revolución un complemento, "socialismo" para obtener la ecuación
perfecta que permite instalarse en el trabajo buscado: construcción de
una sociedad socialista. Y en esto sí que hay ventaja en quienes
detentan el poder en la Venezuela actual. Medraron al amparo del Estado
por más de 40 años, leyendo y discutiendo doctrinas y haciendo círculos
de estudios, mayormente en los cafés de Sabana Grande, donde hasta
inventaron una República (del Este) y demás.
Eso se les permitió y hasta a más de uno de estos actuales
ministros, gobernadores y presidentes de institutos autónomos, les
otorgaron becas y pensiones. La llamada izquierda venezolana vivió sus
años de persecución pero también sus años dorados. Por eso al
escucharlos hablar son una preciosura discursiva producto de su práctica
teórica, pero jamás han sido capaces de dirigir una empresa, un
ministerio ni aun, una junta de condominio.
No es cierto que la actual situación se pueda llamar revolución ni
mucho menos de construcción alguna de sociedad socialista. Es una
usurpación terminológica para ocultar la verdadera razón que es la de un
gobierno del Estado profundamente corrompido y corruptor que en la
práctica es de naturaleza marginal. Y esto sí es lo innovador. El hacer
del Estado venezolano de los últimos 25 años ha ido degenerando hasta
alcanzar niveles de marginalidad absolutos que traen como consecuencia,
los resultados que diariamente se observan: aumento de la criminalidad,
asaltos, corrupción en todos los niveles de la sociedad, ausencia de
protección al ciudadano en su hacer cotidiano.
En una realidad como la actual donde el Estado, a través de su
gobierno, es el primer transgresor de la legalidad, los ciudadanos no
tienen otra opción sino la de organizarse a través de sus más cercanas
formas de existencia: juntas de vecinos, cooperativas, asociaciones,
gremios, ONGs, partidos políticos, redes sociales alternativas para
enfrentar al Estado y su gobierno. El nuevo orden socio-político será el
resultado de una interacción organizada de los ciudadanos que nos
negamos a irnos de nuestro país y de manera inteligente y constante,
ofrecemos luces y actos coherentes de respuesta ante el atropello de un
Estado y su gobierno que usa todo su poder, incluso la injerencia de
personas extranjeras: cubanas, nicaragüenses, bolivianas para imponer un
modelo de vida ajeno a la idiosincrasia y tradición de la cultura
venezolana.
camilodeasis@hotmail.com
@camilodeasis
http://www.eluniversal.com/opinion/130502/cual-revolucion-cual-socialismo
No comments:
Post a Comment