Sunday, December 13, 2015

La primavera latinoamericana

CARLOS ALBERTO MONTANER: La primavera latinoamericana

Parecía que en el mundo árabe cuajaba el deseo de establecer regímenes
de corte occidental
¿Qué síntomas nos permiten hablar del surgimiento de una primavera
latinoamericana?
En octubre, los guatemaltecos optaron en las urnas por un actor de
centroderecha
CARLOS ALBERTO MONTANER

¿Brota, finalmente, la primavera latinoamericana? Tal vez. Hay síntomas.
La duda la consignó Antonio Machado en sus Canciones: "la primavera ha
venido, nadie sabe cómo ha sido".

Todas las primaveras son diferentes.

La del Este de Europa, en la segunda mitad de los ochenta, fue posible
porque los astros se alinearon sorpresivamente bajo un firmamento de
hastío absoluto con el socialismo real, hundido en el fracaso económico
y en el descrédito político. Fue el instante glorioso de Havel, Walesa,
Reagan, Juan Pablo II, Sajarov y, sobre todo, de Gorbachev, iluso y
melancólico enterrador de aquel mundillo siniestro forjado por el KGB y
el ejército rojo.

La árabe fue más reciente y se frustró. En 2010, en Túnez, un joven
vendedor callejero, Mohamed Bouazizi, desesperado por las extorsiones de
la policía, que le negaba los permisos y lo acosaba, se dio candela "a
lo bonzo" para protestar contra las arbitrariedades de la vieja
dictadura de Zine el Abine Ben Ali, un militar de la corriente castrense
del islamismo secular que había inventado Kemal Ataturk en Turquía hacía
muchas décadas.

La llamarada muy pronto se extendió a Egipto, Libia, Siria y Yemen.
Parecía que en el mundo árabe cuajaba el deseo de establecer regímenes
de corte occidental, pero no era cierto. Lo que existía, realmente, era
la voluntad de ponerles fin a unas tiranías militares corruptas e
incompetentes que mantenían en la pobreza a una parte sustancial de la
población. Al "pueblo" no le importaba sustituirlas por curacas
procedentes del islamismo radical que impusieran la sharia y embutieran
a las mujeres en burkas que impidieran la lujuriosa exhibición del rostro.

¿Cuáles son esos síntomas que nos permiten hablar del surgimiento de una
primavera latinoamericana? Hay, por lo menos tres.

Primero, tímidamente, en octubre, los guatemaltecos optaron en las urnas
por un actor de centroderecha, sin experiencia política, Jimmy Morales,
antes que por Sandra Torres, una señora procedente de la izquierda. El
lema de Morales era sencillo y contundente: "ni corrupto ni ladrón". Con
esa promesa, duplicó la votación de Torres. Morales no prometía hacer
una revolución, sino volver a las raíces republicanas, buena gerencia,
honradez, mercado, y combatir la pobreza liberando la energía productiva
del país.

En noviembre le tocó el turno a Mauricio Macri en Argentina, otro
político de centroderecha. Hizo algo que unos meses antes parecía
imposible: derrotó al peronismo en su variante kirchnerista, aunque su
contrincante, Daniel Scioli, tal vez era la cara más presentable de esa
corriente, porque, en el fondo, resultaba ajeno a ella. Macri también
prometió buen gobierno, sosiego, menos populismo, menos clientelismo, y,
muy especialmente, luchar contra la corrupción y el narcotráfico.

El tercer síntoma de la primavera latinoamericana fueron las elecciones
parciales del 6 de diciembre en Venezuela. La oposición democrática
logró controlar los dos tercios de la Asamblea Nacional, con lo cual
podrá frenar la deriva totalitaria del chavismo y comenzar a recuperar
al país tras diecisiete años de estupideces y atropellos.

Los electores castigaron a Maduro por el desabastecimiento atroz, por la
más alta inflación del planeta, por la violencia asesina que ha
convertido al país en un matadero, por la corrupción sin límites, por la
patética ignorancia de un presidente que trina y es capaz de hablar con
los pájaros, pero no con las personas, porque tiene su cabecita llena de
millonas de penes y peces incontrolables, como si estrenara una variante
cómica del Síndrome de Tourette.

¿Qué son, en definitiva, las primaveras? Son fenómenos políticos que
trascienden las fronteras. Es el nombre poético de "la teoría del
dominó" que postulaba que los países se comunicaban las sacudidas unos a
otros, como fichas que iban cayendo por la acción y el peso de la anterior.

La primavera latinoamericana se sustenta en el rechazo a la corrupción,
como se ha visto en los tres países mencionados, y como se observa en
Brasil y Chile. Se deja ver en la convicción de que el populismo, con
las constantes violaciones de la ley, con el gasto público elevado, el
clientelismo asistencialista, la demagogia constante, y ese obsceno
lenguaje radical antimercado, antiamericano y antioccidental, conduce al
desbarajuste económico, catástrofe que invariablemente desemboca en el
ajuste doloroso.

América Latina está cansada de la cháchara incendiaria del Foro de Sao
Paulo, de las locuras devastadoras del Socialismo del Siglo XXI, y de la
secta de la ALBA lanzada por Hugo Chávez y financiada por los
petrodólares de los venezolanos.

Esta primavera arrastrará a Evo y a su antirrepublicano invento
plurinacional, al experimento ecuatoriano de Correa, al neosomocismo
sandinista de Daniel Ortega, y dejará a Cuba íngrima, más sola que la
una, consumiéndose en la pobreza, mientras van desapareciendo los
líderes que hicieron posible esa crudelísima manera de mortificar a los
seres humanos.

Es la hora de la sensatez. Esta vez sí se sabe cómo ha venido la primavera.

Periodista y escritor. Su último libro es la novela Tiempo de Canallas.

www.firmaspress.com

Source: CARLOS ALBERTO MONTANER: La primavera latinoamericana | El Nuevo
Herald -
http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/opin-col-blogs/carlos-alberto-montaner/article49273925.html

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