Wednesday, December 9, 2015

Derrota parlamentaria del chavismo puede acelerar reformas en Cuba

Derrota parlamentaria del chavismo puede acelerar reformas en Cuba
Los hermanos Castro han gobernado el país -gracias al eficiente aparato
de inteligencia- sin protestas populares y sofocando a una minúscula
disidencia interna que por errores de estrategia no ha sabido o no han
podido conectar con el cubano de a pie
LA HABANA.-IVÁN GARCÍA
Especial

Pasada las doce de la noche, cuando los gerifaltes verde olivos
escucharon a la presidenta del colegio electoral venezolano Tibisay
Lucena certificar el fracaso del PSUV de Nicolás Maduro en el plebiscito
parlamentario del 6 de diciembre, se prendieron las alarmas en las
oficinas del Palacio de la Revolución en La Habana.

El epicentro del sismo político venezolano estremeció a la Cuba oficial.
La de los estadistas timoratos, funcionarios irresponsables e ideólogos
radicales que pretenden gobernar una nación sumando solo uno y cero.

El país virtual que diseñan los asesores de Raúl Castro, ocupados en
esconder la crisis estructural política, económica y social de Cuba, es
un arma de doble filo.

El férreo control de los medios en la Isla les permite presentar al
mundo una sociedad de personas amables y comprometidas con ese truco
publicitario llamado Revolución Cubana.

Que existió, pero desde 1976 se institucionalizó como una nación de
corte soviético sustentando el marxismo como guía política.

Los hermanos Castro han gobernado el país -gracias al eficiente aparato
de inteligencia- sin protestas populares y sofocando a una minúscula
disidencia interna que por errores de estrategia no ha sabido o no han
podido conectar con el cubano de a pie.

Ese disparate ideológico y económico lo exportaron a Venezuela. Cuando
el teniente coronel Hugo Rafael Chávez era un simple golpista, Fidel
Castro, en la distancia, vislumbró a un futuro estadista.

Al salir de la cárcel en 1994 Castro lo recibió en La Habana con pompas
de presidente. Cada paso político de Chávez fue monitoreado por su
mentor. La habilidad de Fidel Castro permitió instalar en Miraflores
algo mejor que un aliado ideológico o estratégico en América Latina: un
ventrílocuo.

Los hermanos Castro tienen un mérito incuestionable. Manejan por control
remoto una nación con tres veces más población, PIB y recursos naturales
que la suya. Y sin disparar un tiro.

Cuando Hugo Chávez entró por la puerta de atrás en la política
venezolana, gracias a la corrupción, descontento popular y una pobreza
descontrolada, llevaba en el portafolio las líneas maestras de su tutor
Fidel.

El gran desliz de Chávez, Maduro o los hermanos Castro, ha sido gobernar
solo para sus partidarios. Hay otros errores de bulto. Ideologizar la
enseñanza, estatizar negocios productivos y desmontar un engranaje
económico que funcionaba.

La respuesta de Caracas al manicomio económico fue culpar al enemigo de
siempre: el imperialismo yanqui, la burguesía y el empresariado local.
Lula en Brasil, a pesar de los escándalos de corrupción, y el Uruguay de
Mujica, demostraron ser una izquierda diferente.

En el plano internacional, como buenos camaradas de viajes, el brasileño
y el uruguayo apoyaron o silenciaron los desmanes y disparates de sus
socios ideológicos. Pero no fracturaron la sociedad como Chávez y los
Castro.

La megalomanía de Chávez fue un lastre. Al morir el paracaidista de
Sabaneta de Barinas, como cualquier caudillo, dejó un vacío de poder
insuperable.

Si Maduro hubiese sido precavido, hubiera creado alianzas con la
oposición para salir del bache. Cuando Nicolás llegó al poder los
tiempos eran otros. Había pasado la etapa de bonanza con la exportación
de materias primas y el precio del petróleo iba cuesta abajo. Pero no
supo aquilatar el momento.

Las tonterías, groserías e insultos a granel de Nicolás Maduro no van a
detener la inflación, depreciación del bolívar, crimen organizado,
escasez de comida o la crispación social en Venezuela.

Más que la oposición venezolana, el gran contendiente del PSUV es el
pueblo. Y éste habló el 6 de diciembre. ¿Qué podrá pasar de ahora en
adelante?

Si no cambia su estrategia política, inevitablemente le espera el
desastre. Probablemente la revocatoria antes de 2019 y seguir perdiendo
cotas importantes de poder.

Si fuera un presidente decente, Maduro renunciaría. Innumerables fallas
en la administración del país, violencia récord, corrupción oficial y
con dos parientes de su esposa acusados por narcotráfico, la mejor
salida de Maduro, incluso para preservar el chavismo, es dimitir.

Pero no lo creo. Ese tipo de personas basan su autoridad anulando al
contrario. La diplomacia no es su fuerte. Todo lo contrario de Raúl
Castro. Cuando alcanzó la presidencia en 2006 pocos apostaban un centavo
por él.

Tenía fama de borracho y conspirador a la sombra. Estaba en el poder
solo por ser hermano de Fidel. El pitcher relevo llegó en un momento
crítico. Con una crisis económica estacionaria y un preso político,
Orlando Zapata Tamayo, que murió en la cárcel durante una huelga de hambre.

En el plano internacional, Raúl estaba asediado por Estados Unidos y la
Unión Europea, debido a la pésima estratégica de su hermano, de
encarcelar a 75 disidentes en la primavera de 2003.

Pero el autócrata cubano supo negociar un trato ventajoso con la Casa
Blanca y la UE, sin dejar de reprimir a los disidentes y sin cambiar
demasiado el status quo.

Raúl Castro es un experto en vender humo. Un año después del 17 de
diciembre no ha implementado una estrategia como respuesta a la hoja de
ruta del presidente Barack Obama.

Quizás el varapalo del 6D en Venezuela y la emigración imparable de
cubanos lo animen aplicar reformas serias. Aunque con los Castro nunca
se sabe.

Source: Derrota parlamentaria del chavismo puede acelerar reformas en
Cuba :: Diario las Americas :: Cuba -
http://www.diariolasamericas.com/4847_cuba/3500659_derrota-parlamentaria-del-chavismo-puede-acelerar-reformas-en-cuba.html

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