Wednesday, December 9, 2015

En Venezuela ha vencido la Unidad

En Venezuela ha vencido la Unidad
FERNANDO MIRES | Oldenburg | 9 Dic 2015 - 4:45 am.

"Abajo, a la izquierda, el de la manito" comenzó siendo una instrucción
electoral y se fue convirtiendo en un slogan de la oposición. Frase
surgida para contrarrestar un fraude preelectoral avalado por el Consejo
Nacional Electoral (CNE) al introducir en el tarjetón una sigla con
candidatos maduristas, casi copia de el de la Mesa de la Unidad Nacional
(MUD) y puesta a su lado con el objetivo de confundir al elector.

El de "abajo, a la izquierda, el de la manito" ganó inapelablemente unas
elecciones a las que el Gobierno, sin que nadie lo hubiera pedido,
otorgó un carácter plebiscitario. Las elecciones fueron efectivamente un
plebiscito informal. Por lo tanto sus resultados solo pueden ser
interpretados como un NO rotundo al régimen. Maduro lo quiso así.

Unos dirán con cierta razón que el 6D fue una rebelión popular
institucionalmente organizada. Otros, con la cabeza más caliente,
gritarán revolución, revolución. El Gobierno, o lo que de él quedará,
argüirá que ha perdido una batalla pero no la guerra. Lo que nadie podrá
negar es que el 6D marcará un hito decisivo en el largo proceso que
lleva a la derrota final del chavismo.

El de "abajo, a la izquierda, el de la manito" es el símbolo de la
unidad representada por la MUD. En Venezuela ha vencido la Unidad. Esa
debería ser la premisa de todo análisis. Cualquier intento por
desconocer el papel histórico que corresponde a la MUD deberá ser
rechazado de inmediato.

No faltarán quienes intentando minimizar el rol de la Unidad sostendrán
la tesis de que el vencedor en Venezuela no fue la MUD sino el "voto
castigo". Pero el tan mentado "voto castigo" no puede ser aplicado a las
elecciones que tuvieron lugar el 6D.

Todo voto comporta un castigo y un premio. Se castiga a quien no se vota
y se premia a quien se vota. El "voto castigo" es el voto en blanco o el
voto nulo, o simplemente el no-voto: la abstención. Nada de eso se dio
en Venezuela el 6D. La mayoría indiscutida y aplastante la obtuvo la
MUD. Fue un reconocimiento popular a la unidad políticamente organizada.

Tampoco faltarán quienes sostendrán que el triunfo obtenido no es de la
MUD sino de las movilizaciones populares que confluyeron electoralmente
a votar por la MUD. Es decir, la MUD habría vencido porque simplemente
"estaba ahí".

Vamos a suponer que esa tesis es correcta. Si la gente votó por la MUD
a falta de otra alternativa hay que convenir entonces en que fue obra de
la MUD el haber catalizado a toda la unidad política sin dar lugar a
otra alternativa. "Estar ahí" fue su mérito. Hay otros gobiernos
autocráticos, menos represivos que el venezolano, que han logrado
mantenerse en el tiempo porque en sus países no ha surgido nada parecido
a la MUD.

Más todavía: la Unidad no debe su triunfo a nadie más sino a sus
electores. A diferencias de Argentina, donde el triunfo de Macri fue
posible como consecuencia de una fractura al interior del peronismo, es
decir, gracias al aparecimiento del peronismo disidente de Massa, el
oficialista PSUV se presentó a las elecciones del 6D sin divisiones
internas.

La MUD, a diferencia del Cambiemos de Macri, no ganó las elecciones con
votos prestados. Esa es la razón por la cual se puede afirmar que la
Unidad, a pesar de sus errores, a pesar de sus líneas divisorias, a
pesar de deficiencias, y otras taras más, es una de las fuerzas de
oposición más grandes que existe en América Latina.

La MUD es antes que nada una coalición electoral. Por lo mismo encierra
diferencias. Más allá de un amplio predominio democrático y social,
conviven en su interior posiciones de la izquierda clásica, centristas,
liberales, hasta llegar a una delgada capa de derecha contagiada con la
lógica polarizada del chavismo. Existen, además, diferencias entre las
toldas que siguen sus respectivas clientelas. Por si fuera poco, la MUD
está atravesada por fuertes liderazgos que atraviesan partidos y
programas: El de Leopoldo López, predominantemente juvenil y urbano. El
democrático-popular que encabeza Henrique Capriles. A ellos se sumarán
probablemente los ímpetus regionalistas del zuliano Manuel Rosales.

En síntesis, la MUD corresponde con la naturaleza política de Venezuela:
pluralista, variopinta, multicultural y social. Todo lo contrario al
chavismo, organizado de acuerdo a una estructura militar donde no se
discute, donde apenas se piensa, donde se obedece y se acata. La
Venezuela uniformada fue la utopía del presidente muerto y de sus
sucesores. Esa utopía ha sido enterrada por la pluralidad de la MUD.

La MUD surgió como resultado de un largo proceso. Nacida de grandes
derrotas, de "carmonazos", de fracasados paros petroleros, en un
ambiente pesimista signado por confusiones, realizó sus primeras gestas
electorales el año 2006 alrededor de la figura de Manuel Rosales,
siguiendo la inspiración política de Teodoro Petkoff. El 2007 logró su
primer éxito electoral al oponerse a la nueva constitución propiciada
por Chávez. Ese triunfo demostró que "Sí: se puede; sí: se puede".

En cierto sentido la candidatura de Rosales, pese a su derrota, legó al
país un organismo electoral competitivo que, aunque con continuos
reveses, supo mantener una línea ascendente.

En gran medida, el triunfo que estuvo a punto de alcanzar Capriles en su
inolvidable gesta electoral del 2013 fue la continuación del "nuevo
comienzo" del 2006, pero a la vez su confirmación.

El hecho de que Capriles no hubiera llamado a la inmolación colectiva
para defender su victoria (aún no comprobada) debe ser evaluado desde
una perspectiva histórica. Si Capriles hubiera actuado siguiendo los
impulsos de los más radicales, con toda probabilidad este 6D que con
tanta alegría celebran hoy los venezolanos, nunca habría existido. Los
liderazgos se ponen a prueba solo cuando los líderes están dispuestos a
sacrificar su propia popularidad en aras del camino que consideran correcto.

Imposible no recordar a los artífices de la MUD. Ya mencionamos a
Teodoro Petkoff. Injusto sería no nombrar a Ramón Guillermo Aveledo,
verdadero ingeniero de la MUD. El hombre que supo sobreponerse a los
arteros ataques (no solo del oficialismo). El político que entendió la
máxima de Max Weber: "Hacer política significa trabajar sobre duras
maderas". Su ejemplo ha sido seguido por Borges, Ramos Allup, el joven
Guevara y tantos otros que entienden la política como una profesión
donde lo que importa es el día a día y cuyo ejercicio suele ser a veces
gris e ingrato.

No por último hay que mencionar a Jesús "Chúo" Torrealba, el líder
unitario, el que supo mediar entre posiciones antagónicas, el que nunca
renunció al dialogo y al compromiso, pero también el que imprimió a la
Unidad ese sesgo populista-democrático sin el cual no es posible ganar
ninguna elección.

No es el momento para enrostrar faltas a nadie. Quien se mete en
política debe estar preparado para equivocarse. Por ejemplo, para
muchos, las acciones que llevaron a La Salida del 2013 eran
inconducentes. Aun quienes estaban de acuerdo con el propósito de López
para imprimir una mayor dinámica a una oposición, resignada después de
la derrota en las municipales, lo criticaron por el hecho de haber
actuado de modo unilateral desconociendo la perspectiva que ofrecían las
elecciones parlamentarias. Lo mismo ocurrió con su extemporáneo llamado
a una Constituyente y, por cierto, por haberse sumado a una "transición"
que no mencionaba a las elecciones que se avecinaban. No obstante, la
calidad de un político no se mide por la cantidad de errores que comete,
sino por su capacidad para corregirlos. La huelga de hambre que llevó a
cabo López desde su prisión, destinada a apurar una fecha electoral que
el Gobierno no quería entregar, lo integró de pleno a la lucha unitaria.
Así es la política; los errores se corrigen no con golpes en el pecho
sino actúando sobre la marcha.

Del mismo modo hay que señalar que el diálogo llevado a cabo por parte
de la oposición con Maduro, siguiendo las indicaciones del Papa, si no
fue errado (una política sin diálogo no es política) debió haber estado
condicionado a la liberación de los presos políticos. El mismo Maduro,
sin embargo, resolvió el problema. Presionado tal vez por corrientes
internas encabezadas por Diosdado Cabello, no dio lugar a la
continuación del diálogo. Eso no significa que en algún momento no
deberá hacerlo. Si hasta las FARC se rindieron a través de un diálogo,
nada indica que en Venezuela hay que excluirlo para siempre. Solo las
bestias no dialogan.

Hay hechos que con el pasar del tiempo tienden a olvidarse. Tarea
historiográfica será recordarlos. Uno de esos fue el de las elecciones
que tuvieron lugar en San Diego y San Cristobal en el 2014. En esos
comicios, dos mujeres, representantes de sus maridos en prisión, Rosa
Brandomicio de Scarano y Patricia Gutiérrez de Ceballos, lograron sendos
triunfos: 87% y 69%. Ellas demostraron que la movilización popular y las
elecciones democráticas no son situaciones contrapuestas. Todo lo
contrario: una movilización popular sin perspectiva electoral está
destinada a estrellarse en contra de la represión. Elecciones sin
movilización popular van al fracaso. Hubo algunos que en ese momento
pensamos que todo un país podría llegar a convertirse en un gigantesco
San Diego y San Cristóbal; y así lo escribimos. Y así sucedió.

Un especial reconocimiento requiere el rol jugado por tres mujeres:
Lilian Tintori de López, otra vez Patricia Gutiérrez de Ceballo y Mitzy
Capriles de Ledezma. Recorriendo el mundo lograron que diversos
gobiernos fijaran su atención en Venezuela. En gran parte la solidaridad
que provino de Europa, principalmente de España, hay que debérselo al
activismo incansable que ellas demostraron. Con ellas en las portadas de
los principales diarios del mundo, terminó el aislamiento internacional
de los demócratas venezolanos.

El triunfo del 6D tiene un gran significado político. Solo por acceder
como mayoría al Parlamento, la Unidad ha cambiado la composición
orgánica del Estado. Desde ese momento, Maduro comparte su poder
instrumental, basado en el dinero y en las armas, con el poder del
pueblo expresado en la Asamblea Nacional (AN). Por esa misma razón la AN
deberá convertirse en el centro de gravitación política de la nación.
Desde el Parlamento puede llegar a ser construida una nueva hegemonía
nacional. ¿Logrará la Unidad ponerse a la altura de tareas tan inmensas?
No conocemos la respuesta.

De ahora en adelante la unidad no será solo electoral. Ya llegará el
tiempo en que los distintos partidos de la MUD harán uso de su legítimo
derecho a dividirse. Por el momento será muy importante actuar lo más
unitariamente posible. Eso no significa por cierto eludir las
discusiones. Pero después que estas hayan tenido lugar, será imperioso
que todos sus partidos sigan los caminos tomados por la dirigencia
colegiada. No hay otra alternativa. La democracia no se puede permitir
más el lujo de tolerar actividades por cuenta propia y liderazgos
destemplados. Probablemente Chúo tendrá que hacer un rayado en la
cancha. El tema es existencial: se está o no se está.

En todo caso, no hay mejor vía para forjar la unidad que emprender
tareas comunes. En ese sentido, más allá de cuál va a ser la alternativa
que deberá ser tomada frente a Maduro y Cabello, tres de esas tareas son
impostergables.

La primera es la liberación inmediata de todos los presos políticos. En
democracia no debe haber presos políticos, fue el dictamen del
expresidente costarricense Oscar Arias. Efectivamente, nadie puede ser
enviado a prisión por el delito de disentir y actuar en disidencia.

La segunda deberá ser la liberación de la Justicia con respecto al
Ejecutivo. El proceder de los tribunales judiciales en Venezuela ya es
un escándalo internacional. No hay crimen más grande en contra de la
ciudadanía de un país que negar a una parte de la población el elemental
derecho a ser defendida y juzgada por tribunales competentes.

La tercera es la re-profesionalización de las fuerzas armadas. Por un
lado las FAN deberán ser devueltas al lugar al que pertenecen: el de la
defensa de la soberanía nacional. Por otro, será necesario entregar a
ellas el monopolio sobre las armas como ocurre en todos los países
civilizados. Esa función no puede ser más compartida con organismos
paralelos como las "milicias revolucionarias" o los grupos de choque
paramilitares creados por la fantasía infantil de Chávez. Tarea
profesional de las FAN será desarmarlos y disolverlos. De la misma
manera, los servicios de seguridad nacional, en muchos casos ocupados
por cubanos, tendrán que ser reestructurados. Y los cubanos enviados a
sus casas. Sus familias los esperan con ansiedad.

¿Y las tareas económicas? Son las más importantes y a la vez las más
difíciles. Después del desastre creado por Maduro y su guerra económica
(en el hecho, una guerra declarada a la economía) no habrá soluciones a
corto plazo. Un nuevo "modelo" no se adquiere como en una zapatería. El
país está definitivamente desmantelado. No obstante, a diferencia de lo
que piensan marxistas y neoliberales, la política no está siempre
determinada por la economía. En determinadas situaciones sucede
exactamente al revés.

La creación de un ambiente político estable puede hacer posible que
muchos inversionistas internos y externos intenten invertir en
Venezuela. En ese sentido los inversionistas no se diferencian de otros
miembros del género humano. Para realizar nuestros trabajos con cierta
eficiencia, requerimos de un mínimo de orden institucional y reglas
transparentes. Sin esas condiciones nada funciona en esta vida.

El tiempo de la locura irá quedando atrás. Los jóvenes venezolanos de
mañana solo lo recordarán como una pesadilla que les contaron sus padres
y abuelos.

Source: En Venezuela ha vencido la Unidad | Diario de Cuba -
http://www.diariodecuba.com/internacional/1449624802_18694.html

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